Días pasados, en nuestro país, se celebró el Día del Padre. Discusión aparte sobre si se trata o no de una fecha “comercial”, lo cierto es que resulta ser una oportunidad para hablar de la familia. No hay que dejarla pasar.
El recuerdo, la celebración y la honra de los padres (hay un cuarto mandamiento) forma parte del patrimonio cultural de la humanidad. No obstante las distintas variantes concretas que pudo adoptar la familia, el núcleo estructural fue –y sigue siendo– el mismo: papá, mamá y los hijos. A los cuales, claro está, se asocian los abuelos y los nietos. En este tema, como en otros, la sangre juega un papel fundamental. Así somos los hombres: una horizonte o confín entre el mundo visible (material) e invisible (espiritual), según la feliz imagen pensada por santo Tomás de Aquino. Dicho sea de paso, un santo por el que corría sangre napolitana, lo cual se nota por momentos al leer sus obras.
Hay estampas que conmueven. O deberían conmovernos. A mí me sucede, con frecuencia, cuando veo a familias numerosas. Me alegro, en primer lugar, de su existencia. Y luego me hago algunas preguntas. Una de las primeras: ¿cómo hacen ese padre y esa madre para salir adelante con tantos hijos? No es un interrogante cuestionador sino admirador. Una familia numerosa es una bendición, por donde se lo mire.
En la historia argentina hubo –y hay– familias numerosas notables. Ahora quiero destacar a una de ella: la conformada por el matrimonio del venerable Enrique Shaw y Cecilia Bunge. Para conocer más sobre ellos pueden leerse dos libros: “Viviendo con alegría. Testimonios y breve biografía de Enrique Shaw” (Buenos Aires, Editorial Claretiana, 2017) de su hija Sara Shaw de Critto y Enrique y Cecilia. “Cartas de Amor” (Buenos Aires, Ediciones Logos, 2022), recopiladas por su nieta Sara Critto de Eiras.
VIDA PROFESIONAL
Quisiera destacar un aspecto de la vida profesional de Enrique Shaw que revela, al fin de cuentas, su coherencia entre la vida y la fe católica. Recordemos que la Doctrina Social de la Iglesia forma parte principal del Catolicismo. Por este motivo, Enrique decía que se había “convertido” estudiando el magisterio en materia social. ¿Por qué no pensar que su coherencia antes mencionada no se explicaba, en buena manera, por su frecuencia en la lectura de los documentos pontificios destinados a la política y, sobre todo, a la economía? Dos joyas se destacan en este sentido: la Rerum novarum de León XIII y la Quadragesimo anno de Pío XI.
Enrique Shaw fue, además de empresario, dirigente de empresa. Basta con mencionar que fue uno de los fundadores y principal propulsor de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde) en la Argentina. Pues bien. Él, como empresario, gestionó esa unidad económica que es una empresa. Viendo en ella algo más que una mera comunidad de trabajo, Enrique buscó, en colaboración con los obreros, que Cristalería Rigolleau fuera una comunidad de vida.
Hay un aspecto que me interesaría destacar en este momento por ser el tema de esta nota. Enrique Shaw fue padre de una familia numerosa, como señalé antes. Pero fue mucho más que eso. Sin dudas fue, sobre todo, un empresario católico (¡el estudio serio de la Doctrina Social de la Iglesia!) que se afanó porque sus obreros –se enorgullecía, por otra parte, de llevar sangre de ellos en sus venas– también pudieran tener una familia como Dios manda. Abundan los testimonios de quienes trabajaron con él en este sentido.
Para terminar –o para seguir desarrollando en otro momento, mejor dicho–. Esa promoción de las familias numerosas mediante un desarrollo empresarial exige, como fue en el caso de Enrique Shaw, poner a la persona humana en el centro de la vida económica que es tanto como subordinar el lucro –que tiene un valor real pero instrumental– a los mejores bienes.
A propósito de la Doctrina Social de la Iglesia, la vida económica y las familias numerosas. La clave del asunto se encuentra en la vigencia concreta de la justicia social (tan desconocida en su naturaleza cuanto desvirtuada).
Así, palmo a palmo, cada uno desde su lugar, podrá reestablecer un orden social justo en nuestro país. Con empresarios como Enrique Shaw que es tanto como decir la realización de una Argentina con familias numerosas. Una bendición. Un desafío. Un compromiso.