Cultura
RECUERDOS DE LA VIDA LITERARIA

Encuentro con Italo Calvino

Entre 1984 y 1994 fui encargado de prensa de la Feria del Libro junto a Susana Rawson Paz. El primer año de trabajo no fue fácil. Hasta un año antes los organizadores habían sido complacientes con la censura del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Se iniciaba una nueva etapa con Alfonsín en el gobierno, pero algunos periodistas no perdonaban la actitud anterior y seguían recordándola. Había que convencerlos de que esa era una nueva Feria. Lo demostraba, felizmente, el hecho de que la visitaran importantes escritores que no habían querido venir durante los años del Proceso y celebraban la recuperación de la democracia.

Desde la oficina de prensa tuve el privilegio de dialogar, a través del tiempo, con algunos personajes de la literatura mundial como Juan Rulfo, Jorge Amado, José Donoso, Clarice Lispector, Ida Vitale, Mario Benedetti, Arturo Uslar Pietri, Ray Bradbury, Susan Sontag, Eugene Evtuchenko, José Saramago, Camilo José Cela, Ana Maria Matute, Fernando Savater, Italo Calvino, Giorgio Bassani y Dacia Maraini. Quiero recordar ahora al primero de los italianos mencionados.

Italo Calvino llegó con su esposa argentina, Chichita Singer. No muchos saben que Chichita viajó a París junto con Aurora Bernárdez para ingresar a la Unesco como traductoras. Ambas terminaron casándose, Aurora con Julio Cortázar y Chichita con Italo Calvino.

A poco de llegar a Buenos Aires, Calvino visitó la Feria y la oficina de prensa para comunicar que no aceptaría reportajes individuales. Pidió que se organizara una conferencia de prensa para responder en general a los periodistas presentes y nada más. El admirable autor de El barón rampante, Si una noche un viajero y Cosmicas era un hombre serio, hasta un tanto hosco, nunca lo vi sonreír.

La tarde de la rueda de prensa ocupamos el estrado él, el agregado cultural de la embajada de Italia y yo en mi carácter de "bastonero" o coordinador (guardo una fotografía). En mi introducción me referí a la obra de Calvino (había leído casi todos sus libros) y noté un gesto de aprobación de su parte. Comprendió que yo era, además de periodista, un lector que conocía bien su obra. Esto favoreció el hecho de que, después de dicho acto y durante los días en que visitó la Feria, charláramos en más de una ocasión. Me cuidé muy bien de que no pareciera un reportaje, pero en el curso de aquellas conversaciones obtuve de él algunos juicios que utilicé para redactar luego un artículo que apareció en mi libro Temas y personajes, publicado en 2012.

PERSONAJES

Me interesó su opinión sobre los autores de la novela moderna. No era importante para él -según afirmó- la creación de personajes, sino convertir situaciones en palabras. En otra ocasión me dijo que los constantes cambios de temática y enfoque en sus ficciones se debían a que se aburría si no se renovaba en cada libro. No se sentía cómodo ni le parecía honesto seguir repitiendo recetas de éxito.

Al despedirse aquel otoño de 1984, Calvino aseguró que regresaría a la Argentina, conocida desde antes por los relatos de su esposa y por su amistad con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Pero no fue posible. Un año después, a la edad de 52 años, Calvino murió mientras se hallaba en la ciudad de Siena. Fue una muerte absolutamente injusta, no sólo por lo temprana sino porque con ella se extinguía la voz de uno de los novelistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX

Otro Premio Nobel -como en el caso de Borges- que merecía ampliamente y que no pudo ser.