Si analizáramos la guerra de más de cuarenta años entre Irán e Israel como una partida de ajedrez, estaríamos frente a un momento crucial, donde el ataque del Rey Negro (el Ayatolá, por ejemplo, por el color de su turbante) ha olvidado casi completamente las necesidades de su campo, enceguecido por vencer al Rey Blanco.
Durante sus 47 años de existencia (cumplidos el once de 11 de 2026) la teocracia de los ayatolás en Irán (la milenaria Persia) tuvo siempre, como primer objetivo de su existencia: "Borrar la presencia del Estado de Israel de la faz de la Tierra". Nada menos y nada más, lamentablemente.
Una política completamente agresiva hacia Israel motivada, entre otras razones, en que los chiítas representan solamente entre el cinco y el diez por ciento de todos los fieles musulmanes. El noventa por ciento restante, o más, son sunnitas. Por lo tanto, para poder tener fuerte predicamento entre "todos los seguidores de Alá"; es decir, entre los chiítas más los sunnitas, los iraníes adoptaron un lenguaje particularmente agresivo contra el Estado judío, con la finalidad de tener asegurada su preeminencia entre todos los musulmanes.
De todas maneras, no comenzaban de cero. El último sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi, gobernó ese reino con mano de hierro desde el 16 de septiembre de 1941 hasta el 11 de febrero de 1979. Para ese entonces, ya había comenzado con la utilización de energía atómica a través de uranio enriquecido, y contaba con unas fuerzas armadas consideradas como la quinta en el mundo, de acuerdo con su poderío naval, terrestre y aéreo.
Pero, al considerar como su desideratum la destrucción del Estado de Israel, esta finalidad externa impidió, seguramente, tener una visión más adecuada con respecto a las necesidades internas de la población persa.
LAS MUJERES
Durante el reinado del Sha, la situación de las mujeres iraníes experimentó una notable mejora dentro de la región, por su incorporación a la educación primaria, media y superior, por su libertad de movimientos y por el derecho al voto. También se profundizó la libertad religiosa e Irán fue uno de los primeros estados musulmanes en reconocer la Independencia de Israel después de 1948. (También la aprobó la República Argentina, entre los países católicos, bajo el gobierno de Juan Domingo Perón). Pero todo este clima de libertad femenina sufrió severas decepciones, ya desde el Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo de 1979. Lejos de proclamar nuevos avances, la teocracia iraní consagró nuevas restricciones a las libertades femeninas: prohibición de manejar vehículos, de cantar y bailar en público, de caminar solas por la calle sin la posesión de un permiso por escrito firmado por un familiar directo. Y la sharía, el código de usos y costumbres musulmanas mucho más estricto para la mujer, incluida la obligación de cubrir completamente el pelo y, en ocasiones, también el rostro de las señoras. Para peor, estos códigos de la sharía se comenzaron a aplicar a todas las mujeres, independientemente de que fueran musulmanas o no.
En una palabra, la teocracia iraní se había apropiado de la Suma del Poder Público y, desde ese pedestal, poco y nada podían hacer las ciudadanas iraníes para cambiar nada. Ni un ápice. Como si fueran decretos del propio Alá.
SED DESGARRADORA
Durante su reinado, el Sha Mohamed Reza Pahlevi ya había soñado con represas hidráulicas transformadoras, al estilo de la muy famosa levantada, a principios del Siglo XX, en el Alto Valle del Río Tennessee, en el Nordeste de Tennessee. Pero una cosa son los templados valles asentados entre los Montes Apalaches, a 35 grados de Latitud Norte y, otra muy distinta, un gran país semidesértico como la extensa Persia, de un millón seiscientos mil kilómetros cuadrados de superficie.
El Alto Valle del Río Tennessee ha sido un hito en cantidad de países subdesarrollados, como fórmula exitosa e insoslayable imposible de desoír, como en el Alto Vallo del Río Negro argentino y su formidable producción de manzanas. Pero "no es pa' tuitos la bota e' potro", como dice un sabio refrán gaucho.
Pese a sus montañas y desiertos, a sus grandes calores durante el día y sus temperaturas muy frías por la noche, la precariedad del sistema hídrico de Persia brindó amparo y refugio a los seres humanos desde hace por lo menos diez mil años, casi desde el Neolítico, de lo cual hay abundantes testimonios arqueológicos.
Hasta que hace 47 años llegaron los ayatolás a la Suma del Poder Político en la República Islámica de Irán, como la bautizaron. Siempre con los ojos, el corazón y la mente puestos en la destrucción total del Estado de Israel, poco y nada se fijaron en la naturaleza y el ecosistema de Persia. Y si se fijaron, jamás le dieron la menor importancia. De esos polvos nacieron estos escalofriantes lodos, actuales y futuros.
LA MAFIA DEL AGUA
Durante por lo menos tres mil años, el Imperio Persa tuvo agua suficiente. Nunca le sobró, pero tampoco le faltó. El equilibrio de la naturaleza allí era perfecto, armonioso, sustentable. Pero, a partir de los años 60' del siglo XX, surgió la "ilusión de las represas" al estilo del Alto Valle del Río Tennessee, pero con la salvedad de que, las de Irán, eran represas construidas en un clima semidesértico.
Dentro de la estructura político militar construida por esta teocracia de nuevo cuño, la Guardia Revolucionaria se convirtió en el principal brazo armado e institucional de los ayatolás. Además de manejar todo el tema del uranio, los misiles, los drones, las lanchas rápidas y todo el resto de las armas, esta Guardia se hizo cargo de entre un 50 ó un 70 por ciento de los negocios del régimen, incluido el del agua.
Para estos revolucionarios de nuevo cuño, el tema del agua se transformó en un recurso abundante, ilimitado y generador de grandes ingresos (enormes coimas incluidas, por supuesto). Desde el punto de los grandes ecologistas e hidrólogos que no faltaban en Irán, esta visión hídrica era miope y disparatada, peligrosa y fatal.
Pero nada podían hacer en esa lucha tremenda y desigual entre los conocimientos técnicos y el apetito inmediato de los funcionarios y de los dueños del poder político. Nada.
La Guardia Revolucionaria Iraní, con todo el apoyo de los máximos ayatolás, creó una súper poderosa Compañía de Desarrollo de Recursos Hídricos y Energéticos de Irán (Irán Water and Power Resources Development Company; I. W. P. C. - según sus siglas en inglés).
Ese fue el núcleo de la Mafia del Agua en Irán, pero debió luchar, a principios del Siglo XXI, contra ecologistas y ambientalistas muy preparados técnicamente, quienes se oponían tenazmente a dar su consentimiento técnico a estos disparates de la I.W.P.C.
Para poder obviar eficazmente estas objeciones, la Compañía hizo nombrar un consejo aulico de supuestos asesores científicos, estudiosos, expertos y técnicos cuyos dictámenes son inapelables y justificaron todas las decisiones económicas de los funcionarios de la Compañía. Cabe destacar que cada autorización concedida por esta entidad, tanto para la construcción de represas, pozos subterráneos o canales, fueron una fuente extraordinaria de ingresos económicos para los funcionarios y posiblemente, para los ayatolás.
Tan convencidos estaban estos políticos de la razón de sus sinrazones (emulando a Cervantes) que comenzaron a perseguir políticamente con mucha saña a los ecologistas e hidrólogos formados en Irán y cargados de conocimientos. Por ejemplo, ya en el año 2000, uno de los más famosos técnicos en serio, llamado Kaveh Madani, escribió que Irán se estaba "deslizando por una desastrosa "barranca hídrica" rumbo a un "colapso inevitable".
Inmediatamente fue acusado de ser un agente encubierto del Mossad, el servicio secreto israelí, cuya tarea consistía en entorpecer las fecundas y apropiadas políticas llevadas adelante por la tristemente famosa I.W.P.C., más conocida coloquialmente en Irán como la Mafia del Agua.
Por supuesto, la mayoría de los técnicos sapientes tuvieron que emigrar forzadamente de Irán, pues los esperaba el peor de los destinos posibles: secuestro, tortura y muerte.
DESPILFARRO
Esta administración teocrática ha consumido el 70 por ciento de las reservas hídricas subterráneas, las cuales habían sido acumuladas a través de siglos y milenios. mediante 660 pozos autorizados y 400 pozos clandestinos con los cuales han esquilmado esas reservas hídricas, de casi imposible reposición en la modalidad de reservas subterráneas.
Para el verano boreal (desde el 21 de junio próximo) es muy probable que se deba imponer el comienzo de un éxodo de población en la capital: Teherán, con diez millones de habitantes, y del Gran Teherán, con cinco millones de pobladores más. Quince millones en riesgo, solamente en la capital de Irán. Ni hablar del resto.
Todo el país está al borde de una emergencia humanitaria de dimensiones colosales, casi imposible de manejar por una teocracia cuya única fuente de inspiración parecer ser: "borrar a Israel de la faz de la Tierra".
SIN MONEDA
Además de quedarse sin agua, Irán se ha quedado sin moneda. Por eso cerraron casi todos los bazares de Persia a partir del 28 de diciembre, aproximadamente. No hay moneda, no hay comercio, no hay ahorros, no hay Internet.
Esta teocracia ha gastado los recursos económicos de Irán no en el bienestar de su pueblo, sino en mantener fuerzas armadas proxy en el Líbano, Franja de Gaza, Irak y Yemen. Han mantenido viva la guerra contra Israel, mientras pasa hambre y sed Irán. En realidad, los ayatolás tienen un formidable enemigo externo, pero también un implacable enemigo interno que no soporta más a este régimen teocrático tan de espaldas a sus necesidades más apremiantes.
El resultado de toda guerra tiene mucho de imprevisible pero, ésta guerra en particular, entre los Estados Unidos, Israel, por un lado, y la teocracia de los Ayatolás, por el otro, tiene aspectos catastróficos humanitarios impresionantes, porque se trata de una economía destruida, sin agua, sin moneda, sin ningún futuro plausible en las actuales circunstancias.
Un posible cambio de régimen sería la única vía idónea para que el sufrido y noble pueblo persa pueda encarar un destino diferente, capaz de superar las horrendas miserias actuales.