Suplemento Económico

“En la Argentina los dólares van a abundar”

Tenemos por delante un boom de exportaciones como nunca antes lo vio la Argentina, asegura Federico Domínguez. El próximo objetivo del Gobierno será erradicar las retenciones. Hay que cerrar el Banco Central.

Entre quienes abrevan en las ideas libertarias impera un optimismo de cara al futuro que, dada la complejidad del presente, resulta difícil de compartir. Federico Domínguez -licenciado en Administración de Empresas y Máster en Finanzas- apuntala la idea de un porvenir venturoso con un puñado de sólidos argumentos: el Gobierno ha desbrozado el camino de la economía y generado las condiciones necesarias para que, más temprano que tarde, se produzca un “boom exportador” nunca antes visto en estas tierras.

“Tengo tres libros escritos sobre la Argentina y estructuralmente soy optimista con el país desde el 2020, desde que llegó la pandemia. En el segundo libro titulado Argentina hiperacelerada (2022) expliqué lo que es la teoría de los ciclos económicos institucionales y porqué en ese momento yo estaba convencido de que Argentina giraba hacia el liberalismo. Obviamente no sabía si iba a ser Milei o el ala dura de Juntos por el Cambio, representado por Patricia Bullrich. Pero sí estaba convencido de que Argentina migraba hacia las ideas liberales, en un contexto global muy favorable para nuestra economía en términos de exportaciones”, enfatiza Domínguez, asesor financiero y socio de Pampa Capital.

-El Gobierno se destaca por su disciplina fiscal. ¿Hemos aprendido una lección con eso?

-Creo que sí. Es un superávit fiscal muy sustentable porque está basado en la reducción del gasto. Eso hace que sea mucho más sustentable que un superávit basado en el aumento de impuestos. Lo otro es la batalla cultural. Al principio el fenómeno Milei era un fenómeno de la anti política, y de a poco se convirtió en un fenómeno de las ideas liberales. Producto de la batalla cultural constante que dan Milei y su equipo de gobierno, la gente empezó a internalizar que lo que gasta el Estado sale de su bolsillo, que la inflación es un impuesto que financia al Estado y al político, y eso creo que va a tener un efecto de largo plazo, independientemente de quien gobierne.

-Parece que muchos políticos y economistas vinculados con partidos de la oposición ya dan por sentado que el superávit, esta disciplina fiscal, es algo que no debería perderse.

-Exacto. Por eso digo que hay mucho interés por parte del peronismo y de grupos más corporativistas que se beneficiaron con el modelo de los últimos 80 años, con quedarse con el botín. Gracias al RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) lo que vamos a tener en la próxima década en términos de exportaciones es algo que Argentina no vio en toda su historia. No ve algo así desde el siglo XIX. Argentina vivió los últimos 200 años del campo, pero en esta década se le están sumando los hidrocarburos y la minería. Cada uno con el potencial de exportaciones del sector agrícola. Eso, obviamente, para la política es algo muy apetecible. Hay un Gobierno que ya hizo el ajuste fiscal, pasó la reforma laboral, redujo el gasto, desreguló, aprobó el RIGI y tiene inversiones presentadas por u$s 75.000 millones. Es un botín muy interesante.

-Dada la condición cíclica del sistema democrático y la alternancia del poder, va a ocurrir. Vendrá algún día un gobierno de signo distinto, con otra política económica.

-Va a pasar, sin dudas. Lo importante es que a medida que haya alternancia en el poder se respeten estas bases y que esos recursos que va a recibir la Argentina durante las próximas décadas queden en manos del pueblo argentino y no de los políticos, como ha pasado en las últimas dos décadas.

LAS ANCLAS

-Suele remarcar que el programa de estabilización tiene cinco anclas. Una de ellas es de corte fiscal, basada en la reducción del gasto. ¿Cuánto más se puede avanzar en el ajuste sin entrar en tensiones graves?

-Si uno mira la evolución del gasto, bajó a nivel nacional más del 30% desde que asumió este gobierno; un 27% en términos reales en el 2024. El año pasado bajó un poco y en este 2026 sigue reduciéndose. El gasto social, las pensiones y la Asignación Universal por Hijo (AUH), siguieron creciendo. Se hizo el ajuste en la parte estructural del Estado. A futuro lo central es que no se va a poder seguir recortando gasto público a esta tasa pero si se logra mantener estable, o que suba poco, y al mismo tiempo tener una economía que crezca al 4,5%, ese diferencial entre ingresos crecientes y gasto prácticamente congelado, va a permitir bajar impuestos. El próximo impuesto a eliminar son las retenciones a las exportaciones. Dudo que pasen del 2027.

-El tipo de cambio es otra ancla. ¿Flotará el dólar algún día?

-Soy antiflotación. Argentina debería flotar como lo está haciendo ahora, entre bandas, para después dejar de flotar. ¿A qué me refiero? Las bandas cambiarias no fijan el nivel del tipo de cambio sino lo que hacen es regular la volatilidad, la demanda de dinero. Argentina, siendo un país bimonetario y con eventos políticos que generan mucha volatilidad, tiene esa situación en la demanda de dinero. El año pasado tuvimos una dolarización del 50% del M2 (oferta monetaria total) entre compra de dólares y demanda de cobertura. Fue fenomenal. Las bandas vienen a moderar este tipo de procesos. Creo que acá lo central es la capitalización constante del Banco Central, hasta que se lo pueda cerrar. Es decir, si se capitalizan los activos del Central y se reducen los pasivos -había casi 4 bases monetarias de pasivos remunerados y hoy son inexistentes-, en algún momento va a poder cerrar el Banco Central. Ya sea por dolarización, por una caja de conversión como tuvo Argentina entre 1899 y 1935, por Convertibilidad, bajo el modelo que sea pero poder cerrar el Banco Central. Eso recuperaría mucho la demanda de dinero e impulsaría el crédito. Probablemente para el equipo económico hablar de esto sería confuso en esta etapa del programa, pero creo que en la cabeza de Milei sigue estando.

-¿La dolarización podría plasmarse en un segundo mandato presidencial?

-Sí, o incluso más adelante. La capitalización constante del Banco Central, que es algo que viene haciendo el Gobierno desde que asumió, lleva a que si los argentinos lo deciden, se pueda cerrar el Banco Central. Cuando se cierra una entidad así lo que queda es una oficina de regulación bancaria, como tienen los países europeos. Lo principal es capitalizar el BCRA en forma sistemática.

CLAUSURA

-¿Implica algún riesgo para la economía no tener un Banco Central? Por ejemplo: durante la pandemia, un evento inesperado, casi todos los países, Argentina incluida, emitieron para financiar los gastos de la emergencia aunque eso implicara luego un coletazo inflacionario. Nos quedaríamos sin esa herramienta.

-Sí, pero creo que primero hay que tener en cuenta las características monetarias de la Argentina. El 90% de las tenencias monetarias son en dólares y el peso es una moneda transaccional. Por lo tanto, cuando se emite moneda y se flexibiliza la política monetaria, se devalúa, el traslado a precios es inmediato. Es muy directo. Esa flexibilidad que se pierde al no tener un Banco Central, se gana mucho por el lado del crecimiento del crédito y del crecimiento económico. No veo tanto lo que se pueda perder. Argentina es diferente a otros países. Después puede haber modelos más flexibles. Cuando uno mira la historia de la Caja de Convertibilidad, cuando había algún shock internacional grande como lo fueron la Primera Guerra Mundial o la Crisis del ‘30, la Caja decretaba la inconvertibilidad de la moneda para cuidar las reservas de oro. El peso se podía devaluar en forma temporal, no había emisión, y luego se recuperaba. Esto en el terreno hipotético. Lo importante es sacarle a la política la capacidad de emitir moneda.

-Cuando asumió Milei se hablaba mucho de la bomba de los pasivos remunerados del Banco Central. ¿Desactivarla fue más sencillo de lo que se pensaba?

-Creo que hubo un factor que fue brillante, que es el Bopreal. Al principio del programa pasamos al superávit fiscal de inmediato, en enero del 2024. Tuvimos tasas de interés reales negativas. De alguna forma se licuaron pesos. Pero lo que evitó una hiperinflación y un descalabro enorme fue primero no haberle hecho caso al Fondo Monetario Internacional que recomendaba tener tasas reales positivas. Eso hubiera seguido alimentando el déficit cuasi fiscal. El Bopreal es brillante. Permitió solucionar el default del comercio exterior. Argentina estaba al borde de no poder importar por una deuda de más de u$s 40.000 millones con los proveedores. Fue también un instrumento que absorbió muchos pesos. Ese mecanismo fue determinante para estabilizar la economía rápidamente y que la inflación cayera y que la economía comenzara a crecer.

-El Banco Central no sumó las reservas esperadas y de esta forma fue imposible cumplir con la meta fijada en el acuerdo con el FMI. ¿Le preocupa?

-No. Hay que mirarlo de esta forma: la compra de dólares por parte del Tesoro más el Banco Central desde que asumió el Gobierno es superior a los u$s 32.000 millones. La compra neta de intervenciones debe estar en u$s 27.000 millones. El problema de acumulación de reservas, el porqué no se acumularon más pese a haber mejorado el balance del Banco Central, es que se estuvieron haciendo pagos de deuda cash. Como Argentina no tiene acceso a los mercados, o tiene acceso parcial, o el equipo económico no quiere convalidar tasas más altas, eso hizo que los dólares que se compraban fueran utilizados para pagar deuda al contado. Eso impedía la acumulación de reservas, y por eso la deuda en dólares bajó fuertemente. Si uno mira, el Gobierno compró dólares durante todo el mandato, salvo en los períodos donde hubo caída de la demanda de dinero, como en 2024. En el 2025 compraron, pero previo a la salida del cepo hubo mucha volatilidad. Tras la salida del cepo volvieron a comprar dólares, y dejaron de comprar cuando la oposición en el Congreso intenta romper el orden fiscal. Y también con el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Superada la elección bonaerense y la de octubre, se retoma la compra. Tanto es así que en lo que va del año llevamos adquiridos u$s 3.500 millones.

EXPORTACIONES

-Las proyecciones de las exportaciones en agro, hidrocarburos y minería son más que auspiciosas. Usted afirmó recientemente que van a sobrar dólares en la economía argentina. ¿Realmente lo cree?

-Sí. Lo que tenemos por delante es un boom de exportaciones, el más grande desde fines del siglo XIX. Es un evento espectacular de por sí. Y vamos a tenerlo con superávit fiscal y con una política monetaria de sesgo restrictivo. Esto llevará a que en la Argentina los dólares van a abundar. Si el Gobierno no le pone un piso al tipo de cambio, por eso insisto tanto con el cierre del Banco Central, el peso va a tender a la apreciación. El superávit fiscal hace tender a la apreciación y la política monetaria restrictiva, también. En un mundo que está yendo hacia altos impuestos al capital y el patrimonio, Argentina va en la dirección contraria: busca atraerlos. Creo que podemos recibir muchos capitales en los próximos años.

-En su visión, el swap de u$s 20.000 millones con Estados Unidos es un reaseguro financiero. ¿El mercado no lo aprecia? ¿Por qué no baja el riesgo país?

-Bajó desde el inicio de la gestión. Hoy está en la zona de 600 puntos, llegó a estar un poco por debajo de los 500. Creo que evidentemente el mercado no está priceando el swap. Si lo estuviera haciendo, debería ser más bajo. Acá pesa la historia argentina. Tenemos un historial de default y de violación de derechos de propiedad como ningún otro país en el mundo. Hay mucho default de deuda, confiscaciones de depósitos bancarios, de ahorros jubilatorios, emisión monetaria, expropiaciones. Reconstruir esa confianza lleva tiempo. La única forma es seguir adelante y hacer las cosas bien. También hay que dar la batalla cultural para reducir el riesgo político. Si a Milei le va bien en las presidenciales de 2027, Argentina pasa a otra etapa. Al Gobierno que asuma le ocurrirá como a Néstor Kirchner en el 2003: el crecimiento económico es inevitable porque ya se hizo el trabajo sucio.

-¿El segundo mandato sería el momento para profundizar las reformas?

-Mientras esté Milei está la garantía de que las transformaciones nunca se van a detener. Lo que dice el presidente es que quiere que Argentina sea el país más libre del mundo. Cuando se tiene ese norte, lo que está diciendo es que este proceso no termina nunca.

INFLACIÓN

-Durante una conferencia esta semana afirmó que la inflación, tarde o temprano, quebrará a la baja el piso del 1%. ¿Este contexto bélico y la suba del precio del petróleo pueden transformarse en un Cisne Negro para los planes del Gobierno?

-Un shock petrolero, que hace subir el precio de los combustibles, tiene un impacto de corto plazo. En el mediano o largo plazo la inflación depende de la política monetaria, de la cantidad de pesos. En el largo plazo están dadas las condiciones para que baje la inflación desde lo monetario y lo fiscal. Ato ambas cosas porque en la Argentina los grandes desequilibrios monetarios tienen origen fiscal a través de la emisión. Mientras esas dos anclas estén en orden, la inflación va a terminar convergiendo con la internacional y será inferior al 1% mensual. El shock internacional de los precios del petróleo es interesante de ver. En el pasado Argentina dependía mucho de la importación de gas licuado. Eso hubiera implicado miles de millones de dólares en importaciones de gas licuado. El año pasado el superávit de la balanza energética fue de u$s 8.500 millones. Este año se proyecta que puede llegar a u$s 15.000 millones. Tendremos un mayor ingreso de divisas y más superávit comercial. Al mismo tiempo Argentina se consolida como un productor de hidrocarburos y alimentos alejado de los focos de conflicto. Eso ayudará a traer más inversiones.

-Es decir que la Argentina está bien parada para soportar el cimbronazo global.

-Sí, claro. La interrupción del tránsito en el Estrecho de Ormuz le está trayendo grandes problemas a los países asiáticos con el gas natural licuado. Trump tiene problemas porque el aumento del precio de los combustibles incide en el humor del ciudadano norteamericano. A futuro, cuando las empresas tengan que definir inversiones, preferirán a la Argentina, que está en una región estable.

CRECIMIENTO

-Esta semana el Indec difundió que el desempleo creció al 7,5%. ¿Qué opina de este incremento?

-Creo que Argentina no tiene un problema de desempleo sino que no genera empleo registrado formal. Este es un problema que tiene el país desde hace décadas. La población creció y el empleo registrado está prácticamente estancado desde hace cuatro décadas. Había mucho empleo registrado que ahora figura como monotributista. La pandemia también cambió las modalidades de trabajo. La reforma laboral es muy importante. No es una cosa de un día para el otro pero se empiezan a generar mayores incentivos para la creación de empleo registrado formal.

-Cuando uno ve la dinámica de la economía, lideran el agro, los hidrocarburos y la minería. Sin embargo, los sectores mano de obra intensivos como la construcción y la industria están en rojo.

-En la Argentina hay una tradición del peronismo, que caló mucho la cabeza de la gente, que le da una mayor importancia al empleo industrial. La industria en el mundo genera cada vez menos empleo porque se ha tecnificado mucho. El empleo lo genera el sector servicios. Agro, minería e hidrocarburos tienen, además, grandes cadenas de empleo directo e indirecto.

-En su consideración del plan de estabilización también figura el ancla política. ¿Milei tiene más muñeca política de lo que se esperaba?

-Milei es un animal político como no vimos en décadas, con una conexión emocional con la gente que es muy fuerte. Además, es una máquina de generar sorpresas positivas.