Ni Jorge Amado pudo haberlo tramado mejor. El domingo por la noche Flavio Bolsonaro estuvo a un tris de convertirse en el nuevo presidente del Brasil. Dos días más tarde, fugado de la Justicia, su paradero era desconocido. Mil versiones se tejían en torno a su figura esquiva, hasta que maduró la verdad: estaba asilado en los Estados Unidos de Norteamérica.
Llegó hasta Miami, en el Estado de la Florida, luego de pasar junto a su familia por la frontera con Argentina y tomar un vuelo privado que lo ayudó a escapar cuando todos se preguntaban sobre su destino. Tras hacer una breve escala en Ecuador, aterrizó en la tierra prometida.
Esta novela de enredos desopilante tiene, además, un capítulo económico, y aquí es cuando la Argentina sale a escena.
El triunfo de Luiz Inacio Lula Da Silva por escaso margen en el balotage (51,7 a 48,2) le abrió las puertas a su cuarta presidencia. Está visto que los grandes líderes no saben construir sucesores, en ninguna latitud y bajo cualquier ideología.
Lo cierto es que el mercado, esa bestia astuta y sensible, reaccionó de la peor manera. La caída de los activos bursátiles son, a esta altura, una anécdota, daños colaterales de una conflagración política larga y desgastante. Queda claro que los empresarios preferían a Bolsonaro junior.
Pero lo que concita nuestra atención es el dólar. La cotización del dólar allá, no acá. Pocas horas después de haberse conocido el resultado electoral, el real se despreció más de un 12% al saltar de 4,99 a 5,60. En las jornadas siguientes se moderó, pero el daño ya estaba hecho.
¿Y AHORA?
La devaluación del real frente al dólar enciende las alarmas en la Argentina. El movimiento impacta por debajo de la línea de flotación en materia de competitividad, en un escenario donde la economía nacional ha cedido terreno en términos de productividad durante los últimos años.
El salto en el tipo de cambio abarata los productos brasileños en el intercambio comercial, los hace más atractivos ante la mirada del mercado global. Frente a esto se para una Argentina fosilizada, que no encuentra margen para implementar reformas estructurales y donde la relación peso-dólar nos vuelve más caros que el vecino.
Los analistas estiman que una de las consecuencias más evidentes puede ser el incremento del déficit comercial de Argentina con Brasil. De hecho, en septiembre el rojo se había reducido a u$s 51 millones, pero eso podría cambiar en este nuevo escenario.
Uno de los rubros que podría sufrir con este cimbronazo cambiario es el automotriz, donde ambos países compiten en determinados segmentos.
El último informe de la Fundación Mediterránea recalca que “un real barato en términos de pesos no es la mejor noticia para las industrias manufactureras y los servicios turísticos, al tiempo que un enfriamiento adicional del nivel de actividad en el vecino país es relevante para la dinámica exportadora de provincias como Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán y Córdoba”. La misma fuente indica que entre el 17% y el 27% de las exportaciones de esas provincias tienen a Brasil como destinatario.
De acuerdo con los informes del Indec, el territorio bonaerense concentra históricamente más del 50% de las exportaciones nacionales destinadas al mercado brasileño. El principal motor de este flujo comercial es el sector industrial, destacándose el envío de material de transporte terrestre y autopartes, seguido por productos del complejo cerealero y petrolero.
Detrás se ubica la provincia de Córdoba, que le vende bienes del sector automotriz y agroindustrial; y tercera queda Santa Fe, con manufacturas de origen industrial y productos agrícolas.
Pero hay más. En el mundo de las finanzas advierten que, además del impacto devaluatorio sobre el sector productivo, también hay que estar atento a la fuga de capitales que podría darse en Brasil, y en un supuesto efecto contagio sobre la Argentina a poco de ingresar en un año electoral.
¿EXODO TURISTICO?
La situación ya es un clásico: cada vez que hay un movimiento cambiario que vuelve más barato a Brasil con respecto a la Argentina, buena parte de los habitantes de nuestro país deciden pasar sus vacaciones de verano en las playas del otro lado de la frontera.
Por el mismo dinero o un poco menos de lo que abonan en la costa atlántica bonaerense, los turistas pisan arenas blancas, se bañan en aguas cálidas, alquilan sombrillas y comen sin mayores restricciones. La devaluación del real, de mantenerse, es una espada de Damocles para el sector turístico argentino en todos sus frentes.
De hecho, el Indec informó que en septiembre de 2026 ingresaron 733,6 miles de visitantes no residentes por todas las vías de acceso al país, lo que significó un aumento interanual de 14,2%. El 26,3% del turismo receptivo provino de turistas que residen en Brasil, cifra que podría mermar en los meses venideros.
El mercado, ese universo dominado por las expectativas, descontaba el triunfo de Bolsonaro, que lo convertiría en el nuevo presidente de Brasil. Su ascenso al poder traería aparejadas reformas estructurales y una transformación que, bajo el mandato de Lula, de seguro no ocurrirá. El dilema del viejo mandatario es, por estas horas, ver cómo hará para gobernar con todo el Congreso en contra.
MOTOSIERRA
Luego de viajar por España y encender, nuevamente, la mecha de la polémica, el presidente de la Nación, Javier Milei, participó de la gala anual de la Fundación Faro, entidad que nuclea a la crema y nata libertaria. Allí, una vez más, fustigó al periodismo que se atreve a cuestionar sus modos y, sobre todo, su programa.
Pero más allá de la exposición mediática del mandatario -renovada tras la fuga de Bolsonaro vía la Argentina-, el plan económico de la motosierra no altera su rumbo. De acuerdo con un documento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) que monitorea el gasto público, “en el acumulado enero-septiembre de 2026, el gasto primario real por habitante cayó un 2,5% respecto a 2025 y un 30% respecto a 2023”. Y agrega:
* En relación con 2023, la AUH (Asignación Universal por Hijo) es el gasto que más subió, con un 61% real y, las transferencias no automáticas a provincias, el que más bajó, con un 81% real.
* El gasto en programas sociales (refuerzo de ingresos a jubilados y programas alimentarios) tuvo el segundo menor valor del período, con una baja real del 25,6% respecto al mismo período de 2025 y una baja del 60,3% respecto al de 2023.
* En transferencias a universidades se tiene que en el acumulado a septiembre de 2026 tuvieron una suba real del 9,5% respecto al mismo período de 2025 y que, con relación al gasto de 2023, presentan un descenso del 22,5% real.
Por fuera de las cuentas públicas, el sector privado cruje. El Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina informó que estima una caída interanual en torno al 3,4% para el mes de septiembre. Con estos datos, en lo que va del año la industria acumula una baja de 2,8% respecto al mismo período de 2025, y 11% por debajo de los niveles de 2022 y 2023.
“En términos sectoriales, 11 de los 16 sectores que componen el índice cayeron respecto de agosto de 2025. Por su parte, en términos mensuales crecieron 10 de los 16 sectores que componen el índice debido a un bajo nivel de comparación en julio (había caído 5% mensual)”, recalca el paper.
Y a pesar de todo algunos indicadores, como el Indice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Di Tella, quizás el instrumento más confiable en la materia, le trae buenas noticias a las trincheras libertarias.
El ICG de octubre fue de 1,95 puntos, nivel que representa un aumento de 0,9% respecto del mes anterior. El nivel de confianza en el mes 34 de la presidencia de Javier Milei es 10,9% mayor que el de la presidencia de Mauricio Macri, y 52,5% mayor que el de la de Alberto Fernández, en el mismo mes de gestión.
Llegamos a noviembre, la última curva del 2026. El año que viene las elecciones presidenciales le agregarán volatilidad a la economía. Como si nos hiciera falta.