Cultura
CARLOS PIÑEIRO IÑIGUEZ PRESENTO SUS ULTIMAS INVESTIGACIONES SOBRE EL PERIODO 1930-1950

"El país tuvo dos cosmovisiones: la conservadora y la justicialista"

El historiador aborda en dos libros el proceso que dio origen al peronismo, su construcción, su apogeo y sus excesos. Aclara que no se propuso perdonar ni hermosear la figura de su fundador y líder máximo.

"El historiador no debe rendir tributo ni al odio ni a la amistad, ni omitir nada por compasión, pudor o desagrado: que sea un juez ecuánime", estableció el escritor sirio Luciano de Samosata (120-192).

Es la objetividad -el primer escalón al que debe arribar todo historiador- una de las características que exhiben estas dos investigaciones recientemente publicadas que colaboran en la comprensión del fenómeno del peronismo y sus antecedentes.

Alvearismo y justismo (Prometeo libros, 480 páginas) y El peronismo y la consagración de la Nueva Argentina (Peña Lillo y Ediciones Continente, 606 páginas) recorren, a partir de una bibliografía muy amplia, no sólo los acontecimientos y personajes de las dos décadas que van desde 1930 hasta 1950, sino que también analiza los distintos procesos que dieron origen al fenómeno de masas más importante de la historia local y a su posterior apogeo.
Su autor, Carlos Piñeiro Iñíguez (66) es diplomático de carrera, historiador, docente, escritor, poeta y músico. Tiene más de 25 libros publicados y posee una licenciatura en Economía, otra en Relaciones Internacionales y un doctorado en Historia.

En diálogo con La Prensa repasó las principales tesis de sus recientes investigaciones, opina acerca de la misión del historiador (ver aparte) y destaca la importancia de "rescatar todas las fuentes cuando uno quiere construir el conocimiento colectivo, político y social de un país".

 

UNA TRILOGIA

-¿Con estos dos últimos libros se puede decir que concluye una trilogía dedicada al peronismo?

-Así es, en mi primer libro sobre el tema Perón, la construcción de un ideario traté de reflejar cómo se conformó el mundo de las ideas del ex presidente.

Era un tema inédito y por eso la investigación me llevó diez años, del 2000 al 2010 cuando fue publicado. Cuando terminé de indagar acerca de las fuentes del pensamiento de Perón me aboqué a descubrir los hechos. Es decir, cómo hizo ese hombre para transformar ese mundo de ideas en hechos prácticos, cómo construyó su constelación de poder. Esta nueva investigación me llevó otra década. O sea, que para escribir aproximadamente más de dos mil páginas (sumando los tres libros) fueron veinte años.

-¿Por qué decidió dividir en dos su última investigación?

-En principio, el objetivo era estudiar sólo el período que va desde la Revolución del 4 de junio de 1943 hasta 1950, el año del Libertador General San Martín o de la consolidación general del proyecto de Perón. En ese año, él ya había conseguido -o creía haberlo hecho- todos sus objetivos políticos. Pero me di cuenta que para entender bien eso tenía que estudiar también la década del "30. O sea, desde el golpe de Uriburu hasta 1943. Y especialmente un estudio minucioso del gobierno de Justo, quien claramente fue el inspirador de muchas de las medidas que después Perón llevó a la práctica. Además, al igual que Alvear, son personajes clave para entender esa década y el porqué de la Revolución del 43. Finalmente, quedaron dos libros separados y autónomos.

-¿Tiene pensado publicar un cuarto volumen que incluya el período 1950-1955? 

-No, me llevaría otros diez años y creo que modestamente lo que pude aportar al estudio y al fenómeno del peronismo con más de 2.000 páginas alcanza y sobra. Ese trabajo lo dejo para un historiador más joven.

-¿Considera que ese lustro representa lo peor del peronismo?

-Yo no diría que en esos cinco años hubo una declinación del peronismo. Perón ya había entendido que tenía que cambiar, sobre todo en lo económico. Lo que pasó es que la oposición ya había tomado una posición muy clara y la exasperación política era muy difícil de superar. Además, posiblemente Perón sufriera lo que se llama el hartazgo de gobernar.

 

MILITANCIA

-¿Desde su militancia peronista le resultó difícil lograr que su investigación fuera objetiva?

-Algunos pensarán que puede haber alguna contradicción, otros me podrán tratar de traidor. Pero para mí la única verdad es la realidad. Hay que tener muy en claro que la evaluación de los hechos históricos hay que hacerlas en el contexto histórico del país, de la región y del mundo. Lo que es un error tremendo es querer aplicar pautas morales o políticas de hoy y retrotraerlas al pasado. Si el historiador cae en ese defecto tendremos una visión totalmente distorsionada del pasado.

-¿Cómo analiza ciertas actitudes autoritarias de Perón?

-La pregunta sería ¿por qué no lo iba a ser un hombre formado en la escuela prusiana del Colegio Militar y en los autoritarismos de los años "20 y "30 del siglo XX? Yo diría que era bastante demócrata para la formación que tuvo. Perón no fue más autoritario de lo que fue De Gaulle, Churchill o Roosevelt. Perón tenía una mentalidad de pre-guerra. Incluso buscó, desde los comienzos, un gobierno de amplia coalición, intentó un acuerdo con el radicalismo, por ejemplo. Como Justo intentó con Alvear.

-¿Y acerca de su vocación por el poder hegemónico?

-Un historiador profesional, como me considero, no tiene la obligación de perdonar al personaje ni hermosearlo, sino la de reflejar lo que realmente ocurrió. Y cuando suceden estos fenómenos como el peronismo, hay una gran culpa colectiva. Perón le ofrece al radicalismo prácticamente una política de gobierno, pero fracasó y tuvo que cambiar su estrategia, basarse más en todo el aparato sindical y formar una coalición heterogénea. Una vez consolidado en el poder por unas elecciones limpias, él va planteando objetivos que buscan ciertas hegemonías políticas como la reforma de la Constitución de 1949. Con esta reforma, el poder de Perón comienza a ser casi hegemónico, o sea, prácticamente: "Tengo muy poco que hablar con una oposición que no quiso sumarse a mi proyecto. Tengo la constitución, el marco legal, los votos y el apoyo popular". Dentro del marco democrático y de la "votocracia" era absolutamente invencible. Por eso, yo creo que el nivel de agresión de la oposición tiene que ver con cierta impotencia frente a esa realidad. Perón tuvo la lucidez de generar en la periferia un proto-estado de bienestar. Frente a esto hubo una oposición que no supo ver o interpretar los cambios estructurales que se producían en la sociedad argentina. De todas maneras, en las grandes tragedias los responsables terminan siendo todos. Hay una oposición que no entiende el fenómeno transformador del peronismo y hay del lado de Perón, sobre todo después del año 1953, una exacerbación del estado autoritario en temas que realmente resultan un poco absurdas, como el luto obligatorio por la muerte de Evita. A los partidarios fue aceptable, para los que lo odian, insoportable.

-¿Los excesos como la persecución a la oposición o a los diarios fueron inevitables?

-Fueron absolutamente evitables porque el poder de Perón era tan absoluto y legítimo que podía darse el lujo de permitir la libertad de prensa, que dijeran lo que quisieran. Porque los logros objetivos del peronismo los vivía la sociedad como tal. El podría haber tenido una actitud diferente pero el hecho histórico es que no fue así. También es verdad que la oposición pudo haber tenido una posición posiblemente de mayor comprensión del fenómeno histórico que se vivía.

DOS PROYECTOS

-¿Según se desprende de su investigación, en los últimos 140 años la Argentina tuvo dos proyectos de país?

-Si uno tiene que realizar una síntesis muy apretada yo diría que en la Argentina hubo dos cosmovisiones: la conservadora y la justicialista. La primera predominó, con todos sus matices, desde Avellaneda hasta 1930. la segunda, también con sus variantes y más allá de la figura de Perón, comenzó en 1943 y llega, prácticamente, hasta hoy. Es la pinza que encierra los últimos 140 años de la historia argentina organizada.

-¿Cómo caracterizaría la cosmovisión conservadora?

-Basado en un modelo de país agro exportador e integrado a Gran Bretaña, nació con la Generación del Ochenta y se mantuvo a pesar de la irrupción de las masas a través del voto por la ley Sáenz Peña en 1912, a la figura de Yrigoyen y de Alvear que intentó mantenerlo pero con un toque modernizador. Comenzó a crujir, principalmente, por la crisis de 1930, por la Conferencia de Ottawa (1932) donde Gran Bretaña decide que la Argentina ya no forma parte prioritaria de su política comercial, y cierto hastío dentro del propio partido radical al segundo gobierno de Yrigoyen. El que primero entendió estos cambios fue Justo y su ministro de Hacienda, Federico Pinedo.

-¿Fue positivo para el país? 

-Las escuelas revisionistas pueden decir que la Argentina nunca debió haber estado subordinada al imperio británico. Eso es fácil decirlo ahora, pero si nos situamos en el año 1880, 1890 o 1910 la Argentina logró integrarse en forma complementaria a la gran potencia mundial de esa época. Y consiguió ese gran bienestar que comenzó en 1880 y, yo diría, que los efectos llegaron casi hasta 1950, porque gran parte de los logros del peronismo es por arrastre de aquella subordinación. El orden conservador había hecho una muy buena lectura del mundo, fue un buen gestor de los temas económicos, pero practicaba una especie de despotismo ilustrado. O sea, hagamos cosas para el pueblo pero sin el pueblo. Por eso el pueblo estaba excluido de la vida política. Una de las consecuencias fue la práctica del fraude electoral.

-¿Cuál fue la transformación que instauró la cosmovisión justicialista? 

-Lo que hizo Perón fue algo muy planificado y para lo cual utilizó todas las artes políticas, una doctrina, su poder de seducción en los sectores sociales y, sobre todo, un respaldo técnico para todo su proyecto de gobierno. No fue algo improvisado. El tenía una concepción de un estado de bienestar, no con estas palabras ya después se lo bautizó con este nombre. Tenía claro el poder de las masas, la noción de seguridad laboral, de la importancia de la salud, la educación y el desarrollo industrial. Era un proyecto integral de desarrollo que se sintetizó bajo el lema "La Nueva Argentina". Una construcción con todas las deficiencias que puede tener un proyecto periférico, no éramos un país central, pero con una estructura estatal que permaneció casi intacta hasta 1976. Esa presencia estatal como base ideológica tuvo como precursor en nuestro país, sin lugar a dudas, a Justo, quien por diferentes situaciones complejas, tanto internas como externas, no lo pudo llevar plenamente a cabo. Además eran ideas que ya estaban presentes en el continente a partir del "New Deal" de Roosevelt.

- ¿Cuál es su modelo de historiador?

- Muchos historiadores escriben desde la pasión y creo que no es lo más recomendable. También muchas obras sobre el peronismo tienen un defecto que es que están escritas en tiempo presente. En la historia profesional una cosa es el estudio histórico y otra es el concepto de la memoria. La memoria es un documento importante pero siempre tiene un sesgo de la experiencia propia, de quien la escribe, y además tiene la desventaja del poco paso del tiempo para medir los hechos con cierta objetividad. La función del historiador es la de ir desentrañando todo eso. Todos los hechos históricos hay que analizarlos desde la perspectiva del momento en que ocurrieron. Y no aplicar modelos interpretativos o valores culturales o políticos para hacer un análisis retrospectivo. La Argentina adolece muchísimo de estudios serios de su propia historia y sobre todo de biografías desde el punto de vista de las ideas políticas del personaje.

-Usted también escribe poemas, ficción y hasta es músico de rock...

-Nunca me gustó encasillarme en un tema. Los historiadores sé que consideran positivos mis trabajos sobre la historia contemporánea argentina. Pero...¿quién transformó más una sociedad? ¿Bob Dylan, John Lennon o Lou Reed con sus temas o algunos políticos que andan dando vueltas por ahí? Yo creo que las letras de sus canciones son radiografías magistrales de la sociedad contemporánea que un historiador no hubiera podido hacer de manera tan perfecta.

-¿Existen, entonces, diversas formas de hacer historia? 

-Sí claro, porque la historia es ser testigo honesto de un tiempo. Y no hay más honestidad, por ejemplo, que escribir un poema. Porque estoy escribiendo lo que mi alma me está dictando en tal momento. Si usted, por ejemplo, lee el poema "Adolecer" de Paco Urondo se evitará leer 40 libros para entender lo que pasó en los '60 y '70. Otro ejemplo, para comprender a nuestra sociedad fragmentada es el "Poema conjetural" de Borges, no en vano publicado el 4 de julio de 1943 (un mes después de la revolución), es como leer un libro de historia.

-¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones de historiadores?

-Como ya dije antes, hay muchas maneras de expresar lo que ocurrió. Yo sé que algunos historiadores no concuerdan con usar fuentes tan heterodoxas. Pero para mí, un tango, una película de Leonardo Favio o un poema de Bukowski son tan importantes como un libro de historia, es un registro vivo de lo que le toca vivir a una sociedad. A las ciencias sociales no se las puede encasillar, es todo un ensamble de centenares de cosas donde todos aquellos que tienen algo importante que decir deben ser considerados y es válido. Esa es mi visión de cómo yo veo el estudio de la sociedad. Es importante rescatar todas esas fuentes cuando uno quiere construir el conocimiento colectivo, político y social de un país. Todo ayuda a interpretar el complejísimo entramado de una sociedad y colabora en la objetividad de una investigación.