Por Aldo Alberto Lorenzzi Bolaños *
El hecho más significativo de los últimos días ha sido la captura del tirano Nicolás Maduro. Este suceso ha puesto la mirada en todos los ojos del mundo, sin embargo, para muchos juristas e internacionalistas lo que ha sucedido es una violación a los tratados internaciones y la intromisión de un país como Estados Unidos a otro país como Venezuela violando su soberanía.
Revisemos algunos de los tratados que regulan la soberanía de las naciones en caso de intromisión de otros países en cuestiones internas de cada gobierno. Empezando por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su Carta fundacional, así como la Convención de Montevideo sobre Derechos y Deberes, ambos de 1945, que definen la no intervención en la autonomía de otros países en sus asuntos internos.
Posteriormente, el Tratado de Westfalia, que puso fin a los conflictos en Europa, constituye la base del sistema actual de las relaciones internacionales, el cual, hasta el día de hoy, ha funcionado en cierta forma. Quizás estos sean los instrumentos más importantes a nivel mundial.
Cabe mencionar también la Carta Democrática Interamericana de la Organización de los Estados Americanos, suscrita en 2001, que podría servir como referente normativo para discutir la actitud de Estados Unidos frente a Venezuela. Sin embargo, hay que recordar que existen numerosos informes que señalan la crueldad del régimen caribeño y la poca o nula acción de estos organismos supranacionales y de sus dispositivos legales para mantener el equilibrio democrático y la no intromisión de un Estado en otro.
Tanto es así que, debido a la ideologización de estos organismos, se ha quebrado el sistema de las relaciones internacionales y de la paradiplomacia para mediar en conflictos como el de Venezuela, una realidad que el establishment internacional no quiso hacer visible.
¿Siempre se han dado estas intromisiones en el mundo?
Pues, en la realidad actual que vive el mundo, en la que el socialismo y el wokismo forman parte del discurso de muchos gobiernos, lo sucedido en Venezuela es algo que no podría haber pasado. Sin embargo, Estados Unidos ha realizado, a lo largo de la historia contemporánea, este tipo de operaciones. Recordemos la de Panamá, en 1989, cuando se capturó al dictador Noriega, o la de Guatemala, en 1954, al derrocar a Jacobo Árbenz Guzmán, además de las intervenciones en Irak en 2009 y en Libia en 2011. En todos los casos, la intervención tuvo como objetivo derrocar a un gobierno.
También se registran intervenciones de la OTAN en Yugoslavia en 1999; de Rusia en Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968, Afganistán en 1979 y, recientemente, en Ucrania; así como de Francia e Inglaterra en Egipto en 1956, México en 1862 y Libia en 2011. Todas estas acciones fueron justificadas con el objetivo de derrocar gobiernos dictatoriales o intervenir en conflictos que, en teoría, violaban la autonomía de los países.
A estas se suman intervenciones como la ocurrida recientemente en Ecuador contra la embajada de México, así como otros atentados contra la integridad de misiones diplomáticas: Irán en 1979 (crisis de los rehenes) en la embajada de Estados Unidos; el ingreso a la embajada del Reino Unido en 2011; Libia en 2012; y otros casos, como Guatemala en 1980, donde se desató una matanza, además de los episodios en la embajada del Perú en Cuba y en la embajada de Japón en el Perú, a raíz del secuestro de rehenes perpetrado por el grupo terrorista MRTA.
¿Realmente se debe respetar la autonomía de los países ante situación extremas como la de Venezuela?
Esta pregunta es polémica, quizás para el lector; sin embargo, si nos remontamos a la época de la creación de los organismos supranacionales, que buscaban ser garantes de la paz y del respeto a los tratados, así como de la no intromisión de potencias hegemónicas en asuntos internos, debemos recordar que estos surgieron en otro contexto histórico, tras dos guerras de características distintas.
Como se ha revisado en párrafos anteriores, ha habido numerosas operaciones cuyo objetivo fue acabar con regímenes tiránicos, luego del fracaso de los mecanismos diplomáticos. Por ello, considero que se debe replantear la necesidad de contar con un sistema diplomático más asertivo y ajeno a ideologías.
Hoy la realidad mundial es distinta a la del siglo pasado. En la actualidad, criminales pueden estar asesinando a sus propias poblaciones sin que la comunidad internacional actúe, y no podemos limitarnos a observar estos hechos. Por el contrario, deben establecerse mecanismos más efectivos, en el marco de los tratados internacionales y de los derechos humanos, defendidos, al menos en el discurso, de manera integral y no selectiva.