Espectáculos

El ‘mundo guardado’ por Atahualpa luce en un disco de Marcos Montes

Un recorrido por el delicioso álbum que el actor le dedica al prócer del folklore.

Marcos Montes posee una sólida trayectoria, ha actuado nada menos que en más de cincuenta obras teatrales en nuestro país. A su vez, ha hecho varias temporadas de teatro francés con Alfredo Arias en París, pero además estudio, canto, danza, guitarra y piano.

La clave de este artículo se encuentra en estos últimos estudios musicales del artista, en los que quizás el gran público no ha reparado. En 2008, Montes estrenó en el teatro Anfitrión un espectáculo unipersonal que presentó luego con éxito durante varias temporadas en La Biblioteca Café, los sábados a la hora del té, llamado simplemente ‘¡Yupanqui!’ Ese momento fue importante porque marcó una etapa de exploración artística que se refleja en su obra actual, mostrando cómo sus estudios y experiencias han influido directamente en la profundidad y sensibilidad de sus interpretaciones en su reciente disco: ‘Un mundo guardado’.

La obra encierra, según su autor, un doble juego de sentidos: por un lado, representa el descubrimiento musical de Marcos Montes; por otro, simboliza un viaje introspectivo que surge a partir de esa experiencia. En primer lugar, Montes se interesó por la música con letras en inglés, hasta que, de manera fortuita, asistió a una presentación de Suma Paz en el Teatro Nacional Cervantes.

Con el tiempo, gracias a ese encuentro, descubrió a Atahualpa Yupanqui. Lo que Suma Paz transmitía en aquel escenario resonó profundamente en él, recordándole una frase de Hermann Hesse: “No puedo darte nada que no esté ya dentro de ti”.

El repertorio musical y poético de Atahualpa Yupanqui ya estaba presente en el interior del artista, sólo necesitaba ser despertado. “El concepto de mundo guardado significa, por un lado, descubrir aquello que llevamos dentro -afirma Montes- y por otro, reconocer a Yupanqui como un universo de sabiduría y sensibilidad que nos habla de nuestro propio camino en la vida”.

 

REFLEXION

 “Yupanqui observa, describe y comparte la experiencia humana de una manera profunda, pero a veces, por la rapidez de los tiempos actuales, no estamos tan atentos para conectar con su mensaje -concluye-. Sin embargo, cada vez que lo deseemos, tenemos la posibilidad de acercarnos a su obra y descubrir ese mundo guardado que nos enriquece y nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos”.

Montes siempre creyó que esta música debía interpretarse sólo en vivo, especialmente porque observaba cómo el público vivía los conciertos con extrema concentración y agradecimiento generando una gran comunión entre los asistentes. Pensaba que esta experiencia debía ser exclusivamente presencial. Tanto Fernanda Morello como José Militano, quienes han trabajado y trabajan con él en espectáculos donde se complementa la teatralidad con la música, como ‘Mi querido Señor Mozart’, lo convencieron de que debía grabar la música de su unipersonal. De manera similar a como existen distintas visiones sobre la obra de Atahualpa, Montes comprendió que su música podía tener diferentes formas de expresión.

En este disco comparte una visión auténtica y profunda de Yupanqui mostrando su identidad artística. Facundo Ramírez, hijo del gran Ariel y participante del proyecto, destacó que Montes realiza un trabajo sumamente personal, manteniendo una fidelidad notable al legado de Yupanqui. El intérprete reconoce el valor de las tradiciones, considerándolas esenciales para el ser humano: el rito, el festejo y la transmisión cultural. Por ello, se nutre de ellas y las integra a su obra.

Ante la poderosa poesía de Yupanqui, Montes es fiel al texto, aunque propone una distribución diferente de recursos al interpretar, marcando pausas y resaltando palabras que le resultan significativas como artista. Un ejemplo claro es su versión de ‘La añera’, que difiere de la original de Yupanqui.

La pianista y compositora Gabriela Bernasconi, quien colaboró en el disco, aporta una visión innovadora al tratar la zamba desde una perspectiva casi cósmica. Así, ‘La añera’ se convierte en una dulce queja dirigida al cielo, formulando una pregunta de carácter espacial.

 

INOLVIDABLE

La colaboración entre Facundo Ramírez y el cantante aporta una sensibilidad única que transforma ‘La arribeña’ en una experiencia sonora inolvidable. La voz aguda del intérprete se funde con el acompañamiento expresivo del piano, logrando una versión personal que se distingue por su profundidad y matices, llevando la zamba a nuevos territorios sensibles y musicales.

El disco ‘Un mundo guardado’ se presenta como una cuidada selección de piezas del repertorio folklórico de Atahualpa, donde cada canción ha sido elegida por su capacidad de transmitir sentidos profundos y conectar con la raíz musical. Entre estas obras destaca ‘Para el que mira sin ver’, que invita a la reflexión sobre la percepción y la sensibilidad; ‘El aromo/Huella huellita’, evocando la nostalgia y la memoria de las tierras argentinas; ‘Los horneros’, con su mensaje de trabajo y perseverancia; ‘Mi regreso’, expresión del retorno y la búsqueda personal; ‘El vendedor de yuyos’, retrato costumbrista de los mercados rurales; ‘Milonga del peón de campo’, homenaje a la labor y a la vida sencilla del hombre rural; ‘Recuerdos del Portezuelo’, cargada de añoranza y paisaje; y ‘Zamba perdida’, donde la soledad y el desarraigo se vuelven canto. Cada tema fue seleccionado por su valor simbólico y su capacidad de enriquecer la visión artística del disco.

En conjunto, Un mundo guardado’ es una propuesta que revitaliza el folklore e invita al oyente a descubrir la profundidad de estas canciones y a vivir una experiencia musical que respeta la tradición y la transforma con nuevas sensibilidades. El trabajo artístico y la colaboración aportan una mirada actual al repertorio, consolidando el disco como un aporte valioso para quienes buscan emoción, autenticidad y un toque personal, en la música folclórica.