Opinión
El rincón del historiador

El mito del místico Grigori Rasputín

El 17 de julio se cumplió otro aniversario del asesinato, a manos de los bolcheviques, del Zar Nicolás II, uno de los gobernantes más difamados de la Historia. Y una de las calumnias más persistentes es que no gobernaba él, sino “el monje Rasputin”.

La leyenda de Rasputin, minuciosamente armada en 1911-1912 por círculos hostiles al Zar, le atribuía una enorme influencia entre bambalinas sobre los asuntos de Estado, una influencia capaz “de cambiar las orientaciones y hasta cambiar a las personas”, como decía el político Alexandr Guchkov, uno los creadores del mito.

A partir de ahí, en círculos encumbrados se convirtió en costumbre endilgarle a Rasputin todos los nombramientos, las destituciones y en general cada una de las acciones del gobierno que no eran del agrado de esos cenáculos. Esta propaganda, llevada a cabo en forma diestra y tenaz, encontraba no pocos oídos crédulos, y a causa de su porfiada repetición, la leyenda de Rasputin, poco a poco fue cobrando en las mentes de la gente la dimensión de un hecho universalmente reconocido. Esto llevaba a la confusión a las mentes, sacando de su eje sobre todo a las personas de convicciones derechistas.

Bien podría haber ocurrido que esta leyenda sobreviviera para siempre, sin ser confirmada, ni desmentida. Aquellos que se la creyeron le contagiaban su fe a otros, negándose a reconocer que en realidad los habían engañado. Pero la correspondencia entre el Zar y la Zarina, publicada en la era soviética, permitió constatar documentalmente cuan falsa era la idea de que Rasputin decidía sobre la marcha de los asuntos de Estado. Estas cartas ponen en evidencia con diáfana claridad, que si bien la Zarina, por una cuestión de gratitud, - ya que Rasputin sabía detener las hemorragias que al príncipe heredero le provocaba su enfermedad, la hemofilia, - lo escuchaba y transmitía sus sugerencias al Zar, pero este no las tenía en cuenta para nada.

 

CONSEJOS TRANSMITIDOS

Aquí va una lista de consejos transmitidos por Rasputin, -citados por el historiador Serguei Oldenburg- todos ellos desoídos por el monarca.

* El 6.4.1915 Rasputin sugiere al Zar que no viaje a Galitzia antes del fin de la guerra; el viaje se hace.

* El 1.6.1915 aconseja no convocar a la Duma; la Duma es convocada.

* El 15.11.1915 indica que “hay que comenzar la ofensiva en las cercanías de Riga”; no se produce ninguna ofensiva.

* El 15 y 19.11.1915 aconseja convocar a la Duma, aduciendo “ahora todos quiere trabajar, hay que otorgarles un poco de confianza”; la Duma es convocada recién tres meses más tarde.

* El 12.10.1916 ruega “detener el insensato derramamiento de sangre de los ataques en la direccion de Kovel. En esto Rasputin coincidía con amplios círculos de la sociedad, incluyendo a miembros de la Duma. Pero estos ruegos no tuvieron ningún efecto sobre las operaciones militares ordenadas por el Zar.

* El 19.12.1915 propone como candidato a ocupar el ministerio de Finanzas al conde Tatischev, como ministro de Guerra al General N. I. Ivanov y al ingeniero Valuiev

como ministro de Vías de Comunicacion. El Zar ignora olímpicamente sus deseos y ni siquiera le contesta a la Zarina. Es más, casi inmediatamente destituye al general Ivanov del puesto de comandante del frente suroccidental.

* El 16.6.1915 Rasputin pide no nombrar a Samarin como presidente del Sínodo (ministro de Culto) , y el 23.15.1916 no nombrar como ministro de Justicia a Makarov; de nuevo el Zar hace oidos sordos.

Cuando Rasputin, enemigo de Pavel Kurlov, propone nombrar como viceministro del Interior al principe Obolensky, el Zar eleva al cargo justamente a Kurlov.

El Zar desoye todos estos consejos en forma discreta, tratando de no herir los sentimientos de la Zarina, tan agradecida a Rasputin por salvarle una y otra vez la vida a su hijo Alexei, el heredero del trono. Sin embargo, a veces al monarca se le escapa cierta irritación: “Las opiniones de nuestro amigo sobre las personas suelen ser muy extrañas, como tu misma lo sabes” (9.11.1916). “Por favor no mezcles aquí a nuestro amigo…”

 

VERSIONES ABSURDAS

Estos ejemplos, tomados de la correspondencia de un par de años, muestran hasta que punto es absurda la versión de que “Rasputin gobernaba”. Obviamente, tampoco tenía lugar el fenómeno contrario. El monarca no rechazaba ninguna decisión, ningún nombramiento solo porque a su favor se hubiera pronunciado Rasputin. Así, por ejemplo, en junio de 1915 Rasputin se expresó en contra de la movilización de los integrantes de la reserva de segunda clase, es decir de aquellas personas que son llamadas a las filas solo cuando se agotaron las reservas principales.

La movilización fue pospuesta para setiembre, pero por las siguientes razones de peso: 1) Faltaban fusiles hasta para el ejército en operaciones; 2) El Consejo de Ministros reconoció que para realizar la movilización había que hacer aprobar prmero la ley correspondiente en la Duma o parlamento; 3) Se decidió que es más conveniente hacer la leva luego de que finalicen las tareas agrícolas.

Hay que señalar que, si bien Rasputin “simpatizaba” con el nombramiento de ministros como Shturmer o Protopopov, todas esas designaciones tenían como base consideraciones políticas del Zar, absolutamente independientes de los deseos de este personaje.

Por otra parte Rasputin, quien siempre se preocupaba mucho por mantener viva la leyenda de su influencia (lo cual le daba muchas pequeñas ventajas), y quien no tenía convicciones definidas, generalmente trataba de hablar en el mismo tono del Zar y la Zarina, acomodándose a sus opiniones y a sus deseos. Y si lograba enterarse de alguna decisión aún no publicada del emperador, se apresuraba a adjudicarla a su influencia.

Así, por ejemplo, Rasputin se pronunció a favor de la lucha contra el alcoholismo, en contra de nombrar un ministerio responsable ante la Duma y a favor de que el Zar se hiciera cargo de la comandancia en jefe del ejército. No existe ningún indicio que permita suponer que en estas importantes cuestiones de Estado la opinión de Rasputin haya tenido el más mínimo peso para el Zar. Al contrario, en el caso de la comandancia en jefe, hay una desmentida directa del propio monarca en su carta a la Zarina del 8.8.1916.

 

ANTE LA GUERRA

Muy característica para Rasputin, siempre temeroso de pifiarla, de resultar equivocado, es su posición ante la guerra. A través de Ana Vyrubova, dama de compañía de la Zarina, él envía un telegrama por demás ambiguo: “no se preocupen demasiado por la guerra, llegará el tiempo, hay que ponerle mucho, el tiempo todavía no llegó, los sufrimientos serán coronados”

. Sanata pura, para utilizar el término argentino. Y sin embargo de ese galimatías algunos medios extraían la conclusión de que Rasputin “rogaba no declarar la guerra”. En realidad, al no saber lo que en ese momento deseaba el Zar, Rasputin simplemente evitaba definirse concretamente.

Y sin embargo, la leyenda de Rasputin ejercía sobre determinada gente un efecto paralizador. Quienes caían bajo su influjo, comenzaban a poner en duda las intenciones del monarca, trataban de pescar en sus palabras la resonancia de “influencias” ajenas y se ponían a llevarle la contraria a su voluntad, sospechando que detrás de ella estaba la de Rasputin.

Es hora de decir la verdad sobre la supuesta influencia política del “monje Rasputin”… que además no era monje.