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En Primera Persona

El magnífico espíritu amateur de la Scaloneta


Los grupos de WhatsApp muy rara vez aportan cosas interesantes. Sin embargo, el pasado miércoles apareció en uno de ellos una foto tan vieja como novedosamente premonitoria: la imagen de un equipo que hizo historia en los emblemáticos torneos de fútbol que se organizaban en el Oratorio de Don Bosco, situado en el límite entre Morón y La Matanza.

Un plantel conformado por la Promoción ’83 del Instituto Parroquial Nuestra Señora del Buen Viaje, reforzado con un par de alumnos un año mayor y un dúo de “juveniles”. Antes de que empiecen a preguntarse qué tiene de especial este recuerdo, ahí va la respuesta: cada integrante de aquel conjunto, incluido el luego subcampeón mundial Pedro Troglio, nos considerábamos invencibles, no por pedantería, sino que nos avalaban los triunfos que íbamos encadenando, logrados a partir del esfuerzo, el buen juego, la convicción, el inquebrantable compañerismo, la humildad, el respeto por el adversario (a pesar de la irascibilidad de ciertos rivales de un Conurbano siempre picante).

En definitiva, un indomable espíritu amateur a prueba incluso de inclemencias climáticas (a veces la cancha anegada daba más para la simpática remada noruega).

Ese espíritu amateur es el que sigue vivo en los 26 héroes de la Scaloneta. No se cansan de ganar, mantienen intacto el hambre de obtener más títulos. Juegan con el corazón en canchas impecables, como lo hacían antes en potreros raleados de pasto. Dejan hasta la última gota de sudor, impulsados por ese prestigio que no quieren regalar. Con fiereza, pero también con la valentía de pedir siempre la pelota y enfilar decididos hacia el arco antagónico en busca de la gloria, que supieron conseguir y antaño tomaba forma en esa pequeña (gran) copita que se llevaba el campeón de esos certámenes que décadas atrás se repetían a lo largo y ancho de la Argentina y hoy, desgraciadamente, escasean.

Esta selección, con sus valores y su desempeño en la cancha, nos representa a todos, pero principalmente a quienes amamos y jugamos a este deporte inigualable.

Son todo lo que todos, cada vez que salíamos a patear al mejor juguete del mundo, la pelota, soñábamos ser.

Ustedes le dan sentido a la palabra pasión y hacen carne el famoso “retroceder nunca, rendirse jamás”. Son la mejor selección de la historia porque cada atajada de Dibu, cruce del Cuti, bombazo de Enzo, corrida de Julián , nació en un terreno donde el polvo que solía levantarse era como un manto de neblina (la comparación no es casual) del que acabó surgiendo el genio más maravilloso y admirado del planeta, Lionel Messi.

Gracias muchachos por tantas alegrías y, especialmente, por su ejemplo inspirador.