Tocan a muerto
Por Laura Vivar
Blatt & Ríos. 135 páginas
En los pueblos no se llora. La frase, como una sentencia, nace de la resignación de quien ha vivido, como tantos, una vida de privaciones y violencia en la España estragada por la guerra. Son los años oscuros del conflicto pero también, y sobre todo, las décadas grises del gobierno de Franco.
No hay derecho a queja alguna, sólo bajar la cabeza y seguir andando. La voz de la narradora, una primera persona íntima y coloquial, hilvana una serie de anécdotas y vivencias cotidianas propias de un pueblo como tantos perdidos en la superficie peninsular. “En los pueblos era todo lo mismo, hija, en la ciudad sería otra cosa, pero en los pueblos qué, pues deslomarse a trabajar y a Dios gracias si tenías un cuscurro de pan para echarte a la boca”.
Con la cadencia propia de quien no tiene apuro alguno, una abuela le cuenta a su nieta la escena social de la postguerra. “La vida no valía ni dos pesetas”. Ese recuerdo es como una caja de Pandora. De su interior salen el abuso, el machismo, las arbitrariedades del poder, la condena por ser rojo o estar, apenas, sospechado de haberlo sido.
Tocan a muerto, el primer libro de la española Laura Vivar –profesora de filología, especializada en sintaxis latina-, es un homenaje a todas aquellas mujeres a las que se les gastó la vida entre los piletones de lavar, la cocina y la crianza de los hijos y hermanos menores, sin tener siquiera la posibilidad de asistir a la escuela y educarse.

El texto juzga. La masculinidad ha sido sentada en el banquillo de los acusados. No hay grises: están los hombres que arrollan la voluntad de las mujeres en todas sus formas –desde el sexo a la esclavitud cotidiana-, y los hombres desvalidos, que sirven para poco, derrotados de antemano en una sociedad que ha repartido ya los roles de ganadores y perdedores.
Sobre esos cimientos de desigualdad, pobreza y silencio se construyó lo que luego sería la España del esplendor económico post franquista. Había llegado la democracia, brillaba la libertad, fluía el dinero. Bajo ese sol todo era fiesta. El paso del tiempo, como suele ocurrir, dio paso al olvido. Vivar se encarga, en su libro, de ventilar heridas y hacerle un lugar a la memoria.