Ficha técnica:
"Cecilia", ópera sacra en tres episodios. Libreto: Emidio Mucci. Música: Licinio Refice. Director de orquesta: Giorgio Paganini. Directores corales: Ezequiel Fautario, Víctor Betinotti y Martin Palmeri. Puesta en escena: Alejandro Atías. Vestuario: Mariella Daga. Cantantes: Adelaida Negri, Miguel Geraldi, Maria Laura Martorell, Walter Schwarz y otros. Coro y orquesta de la Casa de la Opera de Buenos Aires y Coro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Avenida (Avenida de Mayo 1222). Domingo 26.
Dentro del panorama lírico del "primo novecento", el italiano Licinio Refice (1883-1954) muestra una impronta personal, por su condición sacerdotal y su natural ligazón a la música religiosa, y también porque con el tiempo se sintió tentado en acometer la ópera en una suerte de mimetización con el oratorio y la música sacra, cuando recibe un libreto del abogado Emidio Mucci, evocando a Santa Cecilia bajo el título simplificado de "Cecilia", estrenándola en el Teatro dell"Opera de Roma en 1934 con su dirección.
EXPRESION SACRA
A pocos meses del estreno mundial y el mismo año llegaría al Teatro Colón, también con su presencia en el podio y la misma ilustre protagonista que había elegido y que estuvo tan afincada en nuestro medio, la "divina" Claudia Muzio, que realizó poco antes de su muerte una modélica interpretación del personaje titular.
Vale decir que hace setenta y cuatro años, en coincidencia con el trigésimosegundo Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, esta expresión operística sacra tuvo vital comienzo, mostrando el sólido manejo instrumental y coral del autor, pleno de gratas melodías y claros reflejos tardoveristas.
De ahí que el esfuerzo de la Casa de la Opera de Buenos Aires al representarla en el teatro Avenida como cierre de su temporada, pueda considerarse muy logrado y estimulante con esta exhumación integral, donde la orquesta de la entidad -de algo más de cincuenta músicos- mostró cohesión y prolija sonoridad con la segura dirección y concertación de Giorgio Paganini, extrayendo con propiedad la textura instrumental, con su riqueza sonora y sus acentos melódicos.
CUERDAS FEMENINAS
Al coro de la Casa de la Opera, preparado por Ezequiel Fautario y Victor Betinotti, que se alternaron en la preparación de los episodios, se sumó el de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires con su director Martin Palmeri, logrando un resultado lucido en conjunto, con mayor eficacia sonora en las cuerdas femeninas.
En el escenario gravitó la presencia de la soprano Adelaida Negri, que a despecho del problema laríngeo que postergó el estreno, mostró su innegable oficio subrayando el perfil humano y sensible de la protagonista, con una manifiesta vitalidad comunicativa y eficaz presencia escénica, destacándose por ejemplo en la escena de la hoguera, "O fuoco, dolce fuoco", que cierra la obra.
Promisorio debut le cupo al tenor de San Pablo, Brasil, Miguel Geraldi, que exhibió un grato timbre, pareja emisión y línea musical en el personaje de Valeriano, en tanto el barítono Sebastián Sorarrain, como Tiburzio cumplió apropiadamente con sus breves intervenciones, lo mismo que el bajo Walter Schwarz, expresivo vocalmente en su monólogo del segundo cuadro.
PUESTA EN ESCENA
También deberá recalcarse la interpretación que la mezzosoprano entrerriana Mariela Barzola realizó en el relato de la vieja ciega, en tanto Maria Laura Martorell como el angel, Roberto Falcone como el prefecto romano, Matias Lechuga y Miguel Facal, completaron un "cast" homogéneo, identificado con la acción y tipología de los respectivos personajes.
Un trabajo ponderable de Alejandro Atías en la puesta escénica, con planos de conjunto y solistas bien distribuidos y balanceados sobre una austera visión escenográfica, complementada con el correcto vestuario de Mariela Daga y efectos lumínicos de Ernesto Bechara, dieron marco visual a esta exhumación de "Cecilia", que logró revivir así, con nobleza, de su letargo en nuestro medio.
Fue a la vez un tributo a Licinio Refice, músico y sacerdote italiano de la región del Lazio, cuyo destino quedó indisolublemente ligado a esta partitura que fue su primer intento teatral, ya que compuso una segunda ópera para la Scala, de menor trascendencia y dejó una tercera inconclusa.
Pero "Cecilia" también signó el final de su vida, muriendo en un ensayo en el Municipal de Rio de Janeiro en 1954. Un destino que permanece unido al personaje en todo sentido.
Néstor Echevarría