Opinión
Mirador político

El estado pétreo de la oposición

La lucha por el poder sigue estancada. La principal causa de esto es la postración opositora. Este “statu quo” tiene tres características centrales. La primera, la persistente polarización entre el presidente y un peronismo, desprestigiado tras una larga cadena de fracasos.

El más beneficiado por esta situación es Javier Milei y el mejor ejemplo son las leyes reformistas sacadas en trámite exprés en el Congreso, a pesar de que el oficialismo está en minoría en ambas cámaras.

Ante el fracaso de los políticos, la oposición quedó en manos de medios de comunicación, empresarios, sindicatos y otras corporaciones que han limitado su estrategia a desgastarlo con denuncias de corrupción. Como por ese camino no han podido derrumbar el plan económico se limitan a dar una batalla supuestamente “cultural” que a nadie interesa.

Uno de los ejemplos de esta fallida estrategia es el escándalo por el viaje de la mujer del jefe de Gabinete en el avión presidencial. El afectado pidió disculpas por lo que consideró un “error” y alegó en su defensa que no le había ocasionado gastos al estado. Pero el entrevistador convocado para que pudiera dar su visión de los hechos le señaló el costo en “catering” (sí, el costo del catering) y la gravedad “simbólica” de la transgresión. Es probable que, si el funcionario hubiese bajado en Nueva York empuñando un bolso con nueve millones de dólares, la prensa le hubiera dado menos despliegue al episodio.

Llamativamente los medios que machacaron con el abuso de catering, no dedicaron casi tiempo a considerar que el escándalo dejó al señor Adorni prácticamente fuera de la competencia electoral de CABA el año próximo.

La segunda característica de la actual lucha por el poder es la estrategia “negativa” de la oposición. Como no hay un modelo económico alternativo la oposición se ha sentado a la puerta de su casa esperando ver pasar el cadáver de Milei. No se entiende cómo podrían beneficiarse con el colapso del actual modelo. Agitan con entusiasmo la bandera de la catástrofe generalizada.

Por último, la tercera característica es el estado pétreo de la oposición. El peronismo, continua literalmente preso en San José 1111 y solo sale para ir a tribunales. La reciente interna de la Cámpora contra Axel Kicillof demostró que la ex presidenta pisa fuerte en la provincia y que el gobernador debe negociar si quiere ser candidato en 2027.

Con las salvedades de rigor, resulta inevitable comparar esta situación del peronismo con la del período 1955-1973. Juan Perón no podía entonces ser candidato y apostaba sólo al derrumbe de los gobiernos militares y civiles que lo sucedieron. Pactaba con ellos hasta que se avecinaba el fracaso. Esa actitud impidió cualquier renovación del PJ, porque hubiese significado que el fundador del movimiento renunciaba al poder, algo que Cristina Kirchner como es “público y notorio” no piensa hacer.