Opinión
POR UN MUNDO SIN DROGAS

El espejo manchado

Se encuentra en el Congreso Nacional un proyecto del diputado socialista Eduardo García por el que se intenta nuevamente lograr la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal.

POR RAIMUNDO AMADEO ORLANDO Se encuentra en el Congreso Nacional un proyecto del diputado socialista Eduardo García por el que se intenta nuevamente lograr la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, entendiéndose que con la actual ley 23.737 se introduce en la carrera criminal a ciudadanos que no han cometido ningún delito; que la penalización no ha contribuido a bajar el consumo, y que produce una intromisión indebida en la vida y costumbres de las personas. No es una casualidad que se reponga el debate sobre la despenalización así como se la plantea, porque encontró otra vez un gran espacio para reflejar el fracaso de las políticas de prevención de los adultos, manchado espejo en el que se miran los jóvenes. Pero lo que más preocupa, e indigna también, es que tal fracaso no se produjo por erróneos métodos preventivos, sino porque no se encaró firmemente la prevención y, hasta podría decirse, que no se la ha tenido en cuenta en los últimos años. Entonces se da vuelta la moneda y aparece la cara de la despenalización, porque ya no nos sirve insistir con aquella frase diseñada hace veinte años o más de que "la droga no es mala porque es ilegal, sino que es ilegal porque es mala...". ¿Qué debió hacerse? Lo que los argentinos desdeñamos en todos los órdenes: cumplir con la ley. Y dejar de ver en el segmento de la prevención y de la recuperación de adictos una buena posibilidad para que trabajen los técnicos bajo programas costosos e infructuosos y suponer que tienen éxito porque cada vez atienden a más adictos, simplemente porque cada vez circula, se ofrece y se consume más droga. Esta es la demostración del eterno divorcio, que significa la defensa de intereses distintos en torno de un mismo tema, entre científicos y antinarcotraficantes. Si la despenalización se llegara a consagrar por la vía del Parlamento y en tiempo récord, cometeríamos un error grosísimo e imperdonable, porque no vamos al problema de fondo, ni provocamos el gran debate que se necesita para tomar una decisión de tanta envergadura, y no sólo entre técnicos y hombres de leyes, sino con la participación de una población adormecida que debe ser despertada mediante una metralla de mensajes sobre qué es la droga, y que de una vez por todas la Argentina se defina si quiere ser un país libre de ellas o no, y no seguir comparándose con sociedades que gozan o padecen de una idiosincrasia distinta de la nuestra. Nuestro problema es argentino, aunque responda a un problema mundial, pero debemos tratarlo con un perfil filosófico argentino. Porque, aunque se haya hecho muy poco en esta sórdida lucha, todavía estamos a tiempo para cubrir la deuda. La legalización tiene muchas dificultades para prosperar y la primera de ellas es pretender romper el negocio del narcotráfico, el más grande del mundo, el cual será defendido a muerte por los intermediarios de las ventas y los organismos de seguridad corrompidos por el dinero obtenido con el sencillo compromiso de mirar hacia otro lado. También porque la misma legalización conspira contra sí misma si tenemos la valentía de señalar que se trata de otra forma de vender drogas, con menos riesgo legal. Otro tipo de negocio quizás más rentable para el distribuidor menor porque, al ser libre la compra para el consumo, exigirá un precio mayor: ""¿Querés droga?, ¡entonces pagala...!"". Hoy con el narcotráfico ocurre lo contrario, porque cada vez la oferta se hace a un precio menor para que resulte atractivo probar la droga y quizás adoptarla hasta llegar a la adicción. La despenalización es una trampa, pero muchos de quienes se han opuesto a ella hasta ahora han sido unos tramposos, porque dejaron caer esfuerzos bien inspirados hace años, cuando se obnubilaron con congresos internacionales e intercambio de viajes en búsqueda de nuevas experiencias que sólo dejaron excelentes diferencias de bolsillo en materia de viáticos. Veían la destructiva realidad que vivían los jóvenes y de la que muchos querían escapar