A partir del análisis de más de 50 mil pacientes y 300 mil prescripciones, el Instituto Oncológico Henry Moore (IOHM) advierte que los errores en oncología son parte del sistema de atención y refuerza la necesidad de mejorar la seguridad del paciente, en línea con la Ley Nicolás.
La institución presentó nuevos avances en su línea de investigación y trabajo sobre seguridad del paciente, un eje central en la atención oncológica que hoy cobra mayor relevancia a partir de la reciente implementación de la mencionada ley.
Con más de 25 años de seguimiento continuo y el análisis de más de 50 mil pacientes y 300 mil prescripciones, el Instituto consolida una de las bases de datos más extensas del país en materia de calidad y seguridad en oncología. En este contexto SÍNTESIS, el quinto y más reciente informe del Observatorio del Cáncer, pone el foco en una problemática estructural: el error médico como parte del sistema de atención.
El informe señala que el error en oncología atraviesa toda la atención: uno de cada veinte diagnósticos puede modificar el tratamiento, se registran hasta un 40% de discrepancias terapéuticas y un 4% de fallas en las prescripciones con impacto potencialmente grave.
La reciente sanción de la Ley Nicolás impulsa una medicina más segura, con procesos estandarizados y equipos coordinados, resaltan desde el IOHM. En este sentido, el informe dialoga con ese espíritu, lo respalda con evidencia y demuestra que mejorar la seguridad del paciente es una necesidad impostergable.
“El problema no es si hay errores, sino cuántos y en qué condiciones ocurren”, señala el doctor Ernesto Gil Deza, director de Docencia e Investigación del IOHM. Y agrega: “La clave está en entender que no se trata de fallas individuales, sino de procesos complejos donde múltiples factores intervienen”.
CADA ESLABÓN IMPORTA
El informe analiza la atención oncológica como una secuencia de decisiones -diagnóstico, tratamiento, indicación, preparación y administración- donde los errores no son aislados sino que forman parte de una “cascada” de desvíos acumulados que pueden tener impacto clínico relevante.
En la etapa diagnóstica por ejemplo, el análisis de 1.200 biopsias de cáncer de mama mostró que uno de cada veinte casos presenta errores graves o muy grave; un 1,4% correspondía a pacientes sin cáncer, un 3,6% a tumores no invasores y un 7% a discordancias intermedias. En conjunto, en uno de cada diez pacientes la revisión puede modificar la conducta terapéutica.
En la selección del tratamiento, la concordancia entre biopsia y pieza quirúrgica es de aproximadamente el 60%, con discrepancias en el 40% de los casos: cerca de dos de cada diez pacientes podrían recibir menos tratamiento del necesario y otros dos de cada diez, más del indicado.
En la prescripción, sobre más de 300 mil indicaciones, la tasa de error es del 4% y los desvíos alcanzan el 14%. Dentro de ese 4%, el 30% corresponde a errores de dosis, el 15% a duración, el 14% a la elección de la droga, el 12% al estadio, el 8% al esquema y otro 8% al diagnóstico, mientras que un 4% responde a comorbilidades no consideradas. En la mitad de los casos, el impacto potencial es moderado o grave. En las etapas de preparación y administración, los errores se vinculan principalmente a identificación del paciente o transcripción, y pueden reducirse con controles, prescripción electrónica y trabajo en equipo.
RIESGOS PREVISIBLES
“El informe plantea que el error en oncología no es individual sino sistémico, asociado a sobrecarga, fragmentación de la información y falta de controles. La polifarmacia es un reflejo de este problema: en mayores de 60 años, los pacientes llegan a consulta con un promedio de cinco medicamentos, lo que vuelve frecuentes las interacciones. A esto se suma que las guías no cubren todos los casos y muchas decisiones se toman con evidencia incompleta. En este escenario, la auditoría es clave: sin control los desvíos aumentan y con revisión sistemática se reducen. “Prevenir un error no es solo cuidar al paciente, también es cuidar al médico”, resume Gil Deza.
DE LA EVIDENCIA A LA PRÁCTICA
El IOHM desarrolló un modelo de atención con controles en cada etapa -revisión de biopsias, historia clínica única, prescripción electrónica y auditorías- para detectar errores antes de que lleguen al paciente. A esto se suma como eje clave la capacitación continua de los equipos y la estandarización de prácticas.
El informe también señala un cambio cultural cuando el error deja de ocultarse para ser analizado y mejorar los procesos. “La peor decisión es esconder el error”, afirma Gil Deza.
En este marco, el quinto informe de SÍNTESIS se apoya en 25 años de evidencia y refuerza la premisa de que la medicina no será perfecta, pero puede ser más segura si se trabaja de manera sostenida sobre el error. En oncología, esa diferencia es decisiva, concluyen.