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El día que Atlético Tucumán se metió en la historia

Luego de superar mil escollos en la antesala del partido de vuelta por la Copa Libertadores ante El Nacional de Ecuador, el plantel Decano tiró por la borda varios mitos, sobre todo de los efectos de la altura, y se llevó una heroica victoria de tierras ecuatorianas.

Qué difícil resulta a veces poder explicar lo casi inexplicable. Es que el plantel de Atlético Tucumán tuvo que sobreponerse a mil escollos, antes de poder escribir una nueva página gloriosa en la historia de la Copa Libertadores.

En la previa, a lo que terminó siendo su heroica victoria ante El Nacional, de Ecuador, los tucumanos padecieron algo similar a las plagas que azotaron a Egipto y que se vieron últimamente en la serie Moisés.

De movida, los jugadores del Decano se toparon con los inconvenientes. El vuelo chárter que debía llevarlos de Guayaquil a Quito, jamás pudo despegar del aeropuerto ecuatoriano. Por problemas de papeles, según argumentaron las autoridades, y luego de casi tres horas de demora y conversaciones, el plantel del conjunto tucumano recibió la noticia de que dicho avión no despegaría hacia Quito. Primer problema en puerta.

Ante esto, la dirigencia de Atlético, que nada tuvo que ver en los problemas, se movió rápidamente y consiguió casi que sobre la marcha, y en vuelo de línea, los 25 pasajes para que el plantel y poquísimos integrantes más llegaran a destino.

El tiempo jugaba en contra y el partido ya estaba en duda. Es que el cotejo tenía hora de inicio para las 21.15 de nuestro país, y recién a las 21, el plantel tucumano estaba aterrizando en Quito. Las dudas eran muchas y más, cuando en un principio la dirigencia de El Nacional se agarraba del reglamento y decía que iba a esperar los 45 minutos que estipulaba el reglamento, para que llegara su rival. Era todo muy bisarro….

Casi que en tiempo record, por las distancia que tuvieron que recorrer del Aeropuerto al estadio –se dice que el micro llegó a circular a 130 km/h- finalmente los jugadores llegaron al vestuario casi una hora después del supuesto inicio. Pero algo les jugaba a su favor. La CONMEBOL, a través de su enviado Javier Quintana, ya había determinado que el partido debía jugarse sí o sí y que no había chances de poder postergarlo por todo lo que había sucedido con el equipo argentino.

Como se hubiese sido una bocanada de aire fresco -a pesar de no contar con oxígeno extra ni con una preparación extrema en cámaras hiperbáricas-, el plantel de Atlético se aferró a esa chance y trató de meterse en lo que era el partido. No fue sencillo. Tuvieron que atravesar mil problemas. No utilizaron vendas y no contaron con sus camisetas pantalones y botines, porque la utilería no pudo salir de Guayaquil, pero ropa no les faltó. Gracias a que el seleccionado argentino Sub-20 se encuentra en Quito, los tucumanos utilizaron la indumentaria completa de los chicos, y sin precalentamiento y a 2600 metros de altura salieron a jugar SU PARTIDO.

El resto ya es más conocido. Con más garra que fútbol, Atlético Tucumán ganó el partido por 1-0, con gol de Fernando Zampedri, por más que su camiseta llevara el apellido de Leandro Martínez, y se anotó en las páginas más gloriosas de esta copa tan querida, como lo es la Copa Libertadores de América. No queda más que emocionarse y sacarse el sombrero ante tanta demostración de orgullo y sacrificio de esos gladiadores que fueron los jugadores del conjunto tucumano.