Ernesto llegó hace cinco años, tras sobrevivir a una sobredosis, con cuarenta y dos años y sintiéndose derrotado.
La cocaína fue su compañera siniestra durante 28 años junto a diversas drogas y mi asombro era como había podido tener cuatro títulos universitarios, aunque su profesión fue descuidada progresivamente.
Mi esperanza como terapeuta era que a pesar de su carrera adictiva había una reserva cognitiva que lo protegiera ante tanto daño.
La neurociencia nos enseña hoy que en ciertos sujetos hay una capacidad para tolerar daños o cambios patológicos manteniendo un funcionamiento más o menos preservado.
Uno de los factores que explicarían esta reserva cognitiva son el nivel educativo, una estimulación intelectual sostenida, habilidades artísticas, actividad física y todo esto formo parte de la vida de Ernesto.
La reserva cognitiva no evito el daño, pero cambia la manera en que el sujeto lo atraviesa. Presentaba claros trastornos psiquiátricos, sobre todo dificultades en la regulación emocional, crisis de abstinencia y ansiedad persistente.
Su sueño se interrumpía permanentemente ya que había pasado días y días sin dormir durante años.
Me narraba una historia de traumas y suicidios de varias generaciones que mostraban sus heridas emocionales no suturadas, pero al mismo tiempo éstas parecían ser una justificación para seguir consumiendo.
Me sorprendió, hace unos años, que quiso que su madre me trajera dos libros: El caballero de la armadura oxidada y el Regreso del caballero de la armadura oxidada.
CAMINO DE REHABILITACION
Ese libro narraba un camino para el autoconocimiento y la rehabilitación. Me proponía un tratamiento como un camino y en realidad todo tratamiento, en realidad, es un Camino, una travesía. A veces se interrumpe, y en otras se alcanza la cima de la Verdad como propone el libro.
Reconocí que allí se encontraba una parte fundamental del proceso de rehabilitación que me proponía, más allá de las dudas existentes y de la relación perjudicial previamente establecida con las sustancias. Había una esperanza puesta ahí en ese libro como retrato de él mismo.
El personaje de la novela se había enamorado de su propio personaje victorioso en batallas y su armadura era como un trofeo invalorable para él.
El olvido de sus afectos y de la familia fue el colofón de estas victorias en donde éstas le insuflaron arrogancia y le impedían escuchar.
Cuando quiso sacarse la armadura ya no podía y además estaba oxidada. Había quedado preso de su propio personaje y ya había dejado de ser el que era.
LA ADICCION COMO PRISION
Había creado un ser falso como combatiente, pero ya dejó de ser una persona, había dejado de ser el que era.
Se dio cuenta que la arrogancia de las victorias no le permitía escuchar y por ende crecer.
El ruido de las victorias le había hecho olvidar que solo desde el silencio podemos descubrir quienes somos.
El personaje de la novela perdió todo (sus afectos, la capacidad de amar, había abandonado a su esposa e hijo, etc.); solo le importaba triunfar en las diversas batallas que como cruzado realizaba.
El caballero de la armadura oxidada es una fábula espiritual que narra el viaje interior de un caballero que, obsesionado con ser valiente, noble y perfecto, termina atrapado en su propia armadura, la cual se oxida hasta no poder quitársela.
Ernesto llego a mí, como el caballero de la novela, oxidado por el consumo de drogas y me proponía, aun en su confusión y sus crisis de abstinencia, realizar un camino hacia su Verdad como Fisher proponía en sus escritos.
EL LLAMADO AL CAMBIO
Le costó en un primer momento aceptar la ayuda del otro y de todo un equipo terapéutico. La aceptación es siempre una primera etapa en el viaje al autoconocimiento. Progresivamente se incorporó al sistema terapéutico y como en la novela acepta la ayuda del llamado mago Merlin que para nosotros es toda una organización al servicio de la rehabilitación.
Como en la novela se empezó a dar cuenta, no sin dificultad, que había construido una armadura en su yo que ya no le servía y que necesitaba ayuda para encontrarse con su Verdad (verdadero self) y debía emprender un camino hacia el autoconocimiento.
Ese camino debía pasar por diversas etapas en donde el personaje debía atravesar distintos castillos:
1. Castillo del Silencio, en donde debía aprender a estar en contacto consigo mismo y empezar a escuchar esa voz interior que hacía tiempo no escuchaba metido y tentado por los ruidos externos y las fantasías de omnipotencia. Junto a esto su hiperactividad permanente le impedía ponerse en contacto con sus emociones.
2. Castillo del Conocimiento: Allí comenzó a notar sus propios autoengaños, creencias rígidas y la dependencia de la aprobación externa; al avanzar en la aceptación de sí mismo, esa protección empezó a desaparecer.
3. Castillo de la Voluntad y la Osadía: Ahí percibe que debe enfrentar sus miedos más profundos y que no necesita mascaras para ejercitar el amor verdadero.
4. La cumbre de la Verdad: Asciende a la montaña, acepta sus límites y vulnerabilidad, y finalmente deja caer su armadura mientras llora.
El Caballero así se libera cuando surge su autenticidad y acepta sus límites. Se eliminan las máscaras del falso self mediante un viaje terapéutico que requiere autoconocimiento y cambio personal, atravesando diferentes etapas (los castillos en la novela) que reflejan el crecimiento emocional y donde los pacientes aprenden a dejar atrás drogas, amistades perjudiciales y lugares de consumo.
Para lograr este objetivo, el silencio se presentó como una condición indispensable para propiciar el encuentro con uno mismo.
Progresivamente hay un pasaje del falso self al verdadero self donde abandonamos la omnipotencia defensiva y nos permitimos depender de otros, sentir y ser más auténticos.
En la novela podemos hacer una lectura de lo que significa el encuadre terapéutico en el tratamiento en adicciones, así como Merlin actuamos orientando, indicando caminos en donde es un equipo como estructura la clave. Limitamos, pero no quitamos la armadura del Yo ya que es el paciente el que debe atravesar el proceso.
Sostenemos un proceso terapéutico pero el paciente debe atravesar pasos hacia el autoconocimiento y aprender a soltar aquello que lo encadena.
SIMBOLOS
Los castillos presentes en la novela simbolizan las diferentes etapas del proceso de tratamiento. El Castillo del silencio representaría las angustias del cese del consumo, la ansiedad, el insomnio y la irritabilidad que acompaña a todo este proceso.
Debe asumir el dolor previo al consumo: abandonos tempranos, traumas, abusos, violencias y nuestra tarea es sostener, contener, ayudarlo a esperar.
El Castillo del conocimiento representaría la etapa del insigth en donde se reconocen perdidas, mentiras, daños, autoengaños. Secretos nunca dichos pueden aparecer y ahí ayudaremos a aplacar culpas. El riesgo de las recaídas es uno de los elementos en esta etapa crítico.
El Castillo de la Voluntad y la Osadía implica el sostenimiento de la abstinencia en donde el trabajo de una decisión sostenida es clave tratando de superar la fase crítica de las recaídas con la tentación de volver al viejo refugio. Ahí ayudaremos a un cambio de estilo de vida desde el dormir nocturno, la actividad física, cambios en la dieta, elección de amistades, etc. Nuevas redes de apoyo.
En La montaña de la Verdad: el paciente puede preguntarse quien soy sin la sustancia, duelar las drogas y ese estilo de vida consolidado durante años y trabajar sus vacíos existenciales y traumas no suturados. Etapa difícil pero necesaria de superar.
En la novela el llanto final del Caballero simboliza la posibilidad de sentir sin la anestesia de las drogas.