“Hoy lo vas a marcar a Sindelar. Pero al primer foul que le hagas, te saco yo del campo”. Luis Monti recibió las instrucciones del técnico Vittorio Pozzo y lamentó su mala suerte. El argentino había sido incorporado a la selección italiana para aportar su personalidad y vigor en la mitad de la cancha. Los atributos de Doble Ancho se habían hecho famosos en Sudamérica en los años ´20. En la década del ´30 había cruzado el Atlántico y se había puesto al servicio de la squadra azzurra. El exjugador de San Lorenzo tenía que vérselas con el mejor centrodelantero de Europa y máximo exponente de Austria, un fantástico seleccionado al que se conocía nada más y nada menos que como Wunderteam (Equipo maravilla).
Austria revolucionó el fútbol del Viejo Continente en el tercer decenio del siglo XX. Su técnico, Hugo Meisl, era un tenaz estudioso de las evoluciones tácticas y no bien conoció a James Hogan, un entrenador inglés de origen irlandés, se abrazó fervientemente a sus ideas.
Para Jimmy Hogan el fútbol no podía ser tan solo ese juego veloz y rudo que proponían los ingleses. Debía existir una forma en la que pudieran prevalecer los hombres menos fuertes físicamente. Se le ocurrió que, en lugar de correr rápidamente en línea recta hacia el arco contrario, sus equipos podrían tomar caminos alternativos. Así nacieron las acciones de juego asociado, con pases en lugar de maniobras individuales.
Meisl, amigo de Hogan, adoptó su filosofía. Entrenador de Austria entre 1912 y 1914 y nuevamente desde 1919, le dio forma a un equipo que privilegiaba la técnica individual de los jugadores, el buen trato de la pelota y la mentalidad ofensiva. Sus planes se hicieron realidad gracias al surgimiento de una fantástica generación de futbolistas.
Matthias Sindelar era la figura de Austria. Exquisito en el manejo del balón, de movimientos elegantes y precisión para definir, fue uno de los primeros falsos 9 de la historia. Se retrasaba unos metros en el campo para tener mejor panorama y crear juego. Por supuesto, cuando ingresaba en el área sacaba a relucir su poder de fuego. Marcó 27 goles en 43 partidos con el equipo nacional. Por su artístico estilo le decían Mozart, y por la palidez de su rostro era El hombre de papel.
El extraordinario centrodelantero tenía compañeros de un nivel notable. Jugaba, entre otros, con Anton Schall (gran goleador), Josef Bican (retirado en 1955, todavía comparte con Cristiano Ronaldo y Lionel Messi el podio de máximos anotadores de la historia), Karl Zischek (veloz y de enorme capacidad técnica), Johann Horvath (otro temible artillero), Rudolf Viertl (habilidoso puntero izquierdo), Josef Smistik (un centromedio que además de marcar colaboraba en las tareas creativas), los zagueros Franz Cisar y Karl Sesta (tenía una depurada técnica para salir jugando desde el fondo) y el seguro arquero Peter Platzer.
Aun en tiempos en los que la WM se imponía como sistema táctico desde la modificación de la ley del offside en 1925, Meisl diseñó su selección con el viejo 2-3-5. Claro, ese dibujo táctico era elástico y los movimientos permanentes y la presión asfixiante -otra faceta de su revolución-, más el toque de distinción que aportaba Sindelar dejaron huella en las canchas europeas entre 1931 y 1938.
Austria permaneció invicta de abril del ´31 a diciembre del ´32 con 11 triunfos y tres empates. Ganó en 1932 la Copa Internacional de Europa Central, un certamen en el que se medía con Checoslovaquia, Hungría, Italia y Suiza y que fue, en cierto modo, un antecedente de la Eurocopa.
Sumó abultados éxitos sobre Alemania (6-0 y 5-0), Bélgica (6-1), Bulgaria (6-1), Escocia (5-0), Francia (4-0), Hungría (6-3 y 5-2) y Suiza (8-1); mantuvo una marcada rivalidad con Italia y hasta le dio un enorme susto a Inglaterra en Wembley, donde perdió ajustadamente 4-3.
En esa visita a Inglaterra, Sindelar marcó un gol espectacular, al menos según lo narrado por el árbitro belga Jan Langenus (dirigió la final de 1930 entre Uruguay y Argentina): “El gol de Sindelar fue una verdadera obra de arte, una proeza que nadie podría lograr ante un rival como los ingleses. Ni antes ni después de él. Sindelar tomó el balón en el medio del campo y avanzó con su incomparable elegancia, gambeteando todo lo que se le puso adelante y rematando al fondo del arco”. Por el relato y a falta de registros fílmicos, podría decirse que Diego Maradona imitó en México ´86 la obra maestra de Mozart…
EL PRINCIPIO DEL FIN
La lluvia se apoderó de la jornada milanesa el 3 de junio de 1934. El campo de juego del estadio San Siro se convirtió en un lodazal. Monti depositó sus ojos primero en el cielo y luego en el césped. Estaba salvado: el barro disimularía su habitual juego brusco y no ofuscaría a Pozzo con infracciones descalificadoras.
El técnico no pretendía coartar el modus operandi de Doble Ancho. En realidad, su pedido al centromedio argentino respondía a una exigencia de Benito Mussolini, el dictador que gobernaba a Italia con puño de hierro. El Duce estaba alarmado por los comentarios periodísticos que alertaban sobre la violencia azzurra en el escandaloso triunfo sobre España en los cuartos de final. Le ordenó a Pozzo que su equipo jugara con corrección.
Para fortuna de Monti, Sindelar cumplió una pobre actuación y las infracciones que le cometió no pasaron a mayores por la permisividad del árbitro sueco Ivan Eklind.
Al juez tampoco le llamó la atención siquiera que Giuseppe Meazza -una de las estrellas italianas- chocara intencionalmente al arquero Platzer ante un córner ejecutado por Raimundo Orsi. Esa jugada terminó con el único gol del partido, en el que Enrique Guaita empujó la pelota al fondo de la desguarnecida valla austríaca. Orsi y Guaita también eran argentinos.
Solo el centromedio Smistik mantenía en alto el estandarte austríaco. Predicaba en el desierto. Mejor dicho: en el lodazal que incapacitaba a sus hábiles compañeros. El Wunderteam no estaba siendo una maravilla ni mucho menos. Así y todo, el veloz Zischek tuvo una oportunidad muy propicia para empatar, pero su remate, después de haberle ganado una larga corrida a Luigi Bertolini, salió apenas desviado. Respiró aliviado el arquero Giampiero Combi y toda la squadra azzurra.
Austria sumó otro traspié en el duelo por el tercer y cuarto puesto contra Alemania. Desde la derrota a manos de Italia en semifinales, ya nada volvió a ser igual. Si bien en los años siguientes pudo encadenar abultados triunfos sobre Hungría (6-3 y 5-3) y Polonia (5-2), la muerte de Meisl por un paro cardíaco en 1937 empezó a escribir los últimos capítulos del glorioso ciclo. La conducción del seleccionado quedó en poder de Hogan.
Aunque obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín -Italia volvió a postergar sus aspiraciones-, el final estaba cerca. El régimen nazi encabezado por Adolf Hitler decidió traspasar las fronteras y adueñarse de Austria. El 13 de marzo de 1938 se proclamó la anexión del país, que dejaba de existir como tal.
El Wunderteam se reunió por última vez el 3 de abril de 1938 en una parodia de partido organizado por el nazismo. Se lo presentó como la despedida de una era de dos naciones divididas que se unían en una. La orden era que Austria se dejara vencer. En el último acto de rebeldía de ese magnífico equipo, terminó ganando 2-0 con un gol de Sindelar.
En la Copa del Mundo de 1938 varios jugadores austríacos fueron obligados a vestir la camiseta de Alemania. Mozart se negó a hacerlo. Murió a los 35 años el 23 de enero de 1939. Durante mucho tiempo se dijo que se había suicidado porque no le permitían jugar al fútbol. En realidad, falleció como consecuencia de haber inhalado monóxido de carbono por el mal funcionamiento de una estufa.
Sea como fuere, Austria quedó en el recuerdo como una selección que revolucionó el fútbol con un estilo pleno de calidad y de adelantos tácticos que sentaron las bases para notables sucesores como la Hungría de 1954 y la maravillosa Naranja Mecánica holandesa de 1974. Su camino al título del mundo se detuvo en una lluviosa tarde en Milán, donde el barro, un rival violento y un árbitro complaciente lo dejaron con las manos vacías.
Italia 1 - Austria 0
Italia: Giampiero Combi; Eraldo Monzeglio, Luigi Allemandi; Attilio Ferraris, Luis Monti, Luigi Bertolini; Giuseppe Meazza, Giovanni Ferrari; Enrique Guaita, Angelo Schiavio, Raimundo Orsi. DT: Vittorio Pozzo.
Austria: Peter Platzer; Franz Cisar, Karl Sesta; Johann Urbanek, Josef Smistik, Franz Wagner; Karl Zischek, Josef Bican, Matthias Sindelar, Anton Schall, Rudolf Viertl. DT: Hugo Meisl.
Incidencias
Primer tiempo: 19m gol de Guaita (I).
Estadio: San Siro (Milán). Árbitro: Ivan Eklind, de Suecia. Fecha: 3 de junio de 1934.