Opinión
Mirador político

El alzamiento de Kicillof

El sábado pasado, ante un auditorio de intendentes aliados, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, dijo que estaba dispuesto a competir electoralmente contra el kirchnerismo por la candidatura presidencial. Lo hizo en un encuentro cerrado, pero la filtración de su declaración bastó para que su exmentora y jefa política se pusiera en pie de guerra e intentara contener una insubordinación que, de prosperar, provocaría su jubilación política definitiva con lo que eso significa para la compleja situación judicial en que se halla.

Cristina Kirchner, quien fuera durante más de una década dueña indiscutida del peronismo, respondió de inmediato también a través de los medios. The Washington Post le hizo una entrevista apologética que aprovechó para asegurar que no descartaba presentar su candidatura en caso de recuperar los derechos políticos.

La respuesta merecía una repregunta: ¿por qué no se había presentado, entonces, en 2019 y 2023, años en los que ninguna sentencia judicial se lo impedía? La respuesta es simple: porque dejó de ser competitiva y esa situación no ha cambiado.

La hipotética candidatura de la expresidenta era en realidad un mensaje a Kicillof. Lo va a enfrentar de cualquier manera y le va a dividir el voto. En otros términos, subió la apuesta.

Para que no quedaran dudas sobre su voluntad de dar batalla en la interna -que es su último bastión de poder- también se fotografió con un consejero electoral de Lula que le acercó Sergio Massa.

El presidente brasileño va camino a su cuarto mandato y volvió de la cárcel, pero la situación no es comparable. Lula no dejó una crisis macro como la que le pasó a Javier Milei con más de 200% de inflación anual.

El tercero en discordia, Massa, está por su parte enfrentado con Kicillof y por ahora juega con Cristina Kirchner mientras el gobernador cuenta con el apoyo de unos cuarenta intendentes que el año pasado demostraron su eficacia electoral: en las elecciones provinciales derrotaron al mileismo. Ahora parecen cerca de cerrar un acuerdo con los libertarios que favorece a los jefes comunales eliminando la norma que impide su reelección indefinida.

Se trata de una jugada a dos puntas. Kicillof empuja la reelección indefinida para mantener a los jefes comunales peronistas de su lado, mientras el Gobierno la empuja en favor de los intendentes radicales con los que está negociando un frente antiperonista como el que llevó a María Eugenia Vidal a gobernar la provincia.

Pero, apenas trascendió la maniobra, el PRO se puso en alerta y rechazó la derogación de la ley aprobada durante su gestión. Alegó que lo hacía en defensa de la democracia.

En suma, un rompecabezas difícil de armar en el que tanto la coalición oficialista como la opositora exhiben problemas de liderazgo que aumentan la incertidumbre. En el caso del peronismo, la situación es inédita porque la conducción de Cristina Kirchner es desafiada por primera vez y quien lo hace fue en su momento elegido a dedo por ella como funcionario y candidato. Un indicio inequívoco de la decadencia de la dos veces presidenta y exfigura central de la política nativa.