Suplemento Económico
HOMBRES DE CLASE MEDIA SE REBELAN CONTRA LA POLITICA ECONOMICA DEL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

El "Tea Party" acorrala a Obama

La Francia de 1789 enseñó a los economistas que las penurias fiscales y el endeudamiento descontrolado pueden acicatear la furia populista con tristes consecuencias para quienes no la tomen en cuenta.

POR WALTER MOLANO *

Cada tanto las placas tectónicas de Washington se desplazan y, al igual que en muchos países, el paisaje político norteamericano se reajusta en consonancia con las fuerzas económicas. Por ejemplo, hace 237 años, el intento de Londres por imponerse a sus colonias americanas produjo una revuelta impositiva que culminó en la independencia. Casi un siglo más tarde, el norte industrial de Estados Unidos intentó gravar las ganancias extraordinarias generadas por las materias primas del sur y ello condujo a la secesión sureña y a una sangrienta guerra de reconciliación.

El concepto de impuestos con representación es un baluarte de la política estadounidense. Por eso la medida unilateral del gobierno de Obama de rescatar a Wall Street y a otros sectores industriales en contra de los deseos del electorado, disparó potentes temblores en el sistema político. La generosidad fiscal de la Casa Blanca no sólo es una transferencia de riqueza hacia los individuos más acaudalados del país; también conlleva futuras subas de impuestos u oleadas igualmente destructivas de inflación. Esto desató un movimiento en las bases, llamado Tea Party, que podría provocar cambios trascendentales en las elecciones legislativas.

SE INCUBA LA REBELION

Aunque se las suele vincular con los republicanos, las reuniones Tea Party atraen a hombres de clase media en rebelión contra las políticas económicas del gobierno de Obama. La explosión del déficit fiscal, la suspensión temporaria de las normas del mercado y las políticas intervencionistas del Estado son el mínimo común denominador que unifica al movimiento. Sin embargo, también incluye un rechazo más amplio al proyecto de reforma de la salud y a los compromisos militares del país en el exterior.

Existe la sensación de que la agenda política fue secuestrada por grupos de presión sectoriales decididos a aplicar onerosas políticas oficiales cuyo costo deberá solventar el electorado. Aunque muchas de las penurias del país fueron legado de gobiernos anteriores, la decisión del presidente de mantener el statu quo en varios frentes, particularmente el mantenimiento del mismo equipo económico y sus iniciativas en política exterior, hicieron a un lado sus promesas electorales de cambio.

Acaso el mayor error haya sido la decisión de centrar su equipo económico en la impía trinidad que forman el ex director de la Reserva Federal (Fed) de Nueva York, Tim Geithner; el presidente de la Fed, Ben Bernanke, y Larry Summers. La historia podría determinar que fueron ellos los principales factores que contribuyeron a la desaparición de Obama, ya que resulta claro que las ambiciones de Geithner fueron siempre un motivo en muchas de sus decisiones, en tanto que Larry Summers es una persona sumamente comprometida, con profundos vínculos con la nomenclatura financiera. Por último, la negativa de Bernanke a reconocer su papel en la creación de la burbuja crediticia es un acto de soberbia que no puede perdonarse.

Lo triste es que el establishment de Washington no comprende plenamente la importancia del Tea Party. Aunque a muchos legisladores les cuesta concentrarse en sucesos ajenos al cordón gubernamental, la ausencia de un líder es uno de los motivos por los cuales muchos políticos lo desprecian, ya que por lo general los movimientos políticos se forman en torno de una persona. El movimiento Free Silver de William Jennings Bryan a fines del siglo XIX y el Partido de la Reforma de Ross Perot en la década de 1990 dependían de sus fuertes personalidades. Incluso hoy el partido del presidente colombiano Alvaro Uribe dejará de existir una vez que él se retire del escenario.

Lo mismo pasará con el movimiento bolivariano de Hugo Chávez. Sin embargo, la ausencia de un líder galvanizador no implica que el movimiento no tenga futuro. El Partido Verde o incluso el socialismo, fueron más grandes que cualquier individuo.

El impulso del Tea Party refleja las presiones que se abaten sobre la economía norteamericana. Con recursos que se agotan, el electorado percibe que debe reunir los activos que le quedan para retener una posición destacada en la escena global. No es posible consumirlos en inútiles expediciones militares o en el rescate de instituciones financieras de poco valor económico para el país.

Puede que el presidente Obama sea brillante y un gran orador, pero parece haber perdido el pulso de la gente que lo eligió. Pese a su agudeza, Obama se olvidó de que la psique política norteamericana reacciona con brusquedad ante los errores económicos. Por eso el incipiente Tea Party no es un partido en el sentido literal. Es algo que no deberíamos ignorar. Como nos lo enseñó Francia en 1789, las penurias fiscales y el endeudamiento pueden acicatear la furia populista con tristes consecuencias para quienes no la tomen en cuenta.

* Economista de BCP Securities.