Libros

El ‘Nordic Noir’ adocenado

La reina de la montaña

Por Víctor Pavic Lundberg

Motus. 516 páginas

El policial nórdico es, posiblemente, la subespecie literaria que más se ha adocenado en el siglo XXI. Abundan los periodistas que buscan fortuna y dejar huella con una novela. Así, proliferan en Escandinavia productos que, al resignar originalidad, discernimiento, intensidad expresiva y profundidad psicológica -cuatro elementos que conforman la potencia estética de una obra-, se degradan hasta la categoría de “literatura de supermercado”. La industria editorial inflige este deterioro al resto del mundo.

Un caso paradigmático de esta suerte de entropía es La reina de la montaña, de Victor Pavic Lundberg (1987), editor del diario Aftonbladet y productor televisivo. La tapa nos informa que el autor ganó en Suecia el Premio Crime Time a la mejor ópera prima en 2022.

Ha escrito Lundberg una trilogía con los periodistas Loa Bergman y Danijela Mirkovic como protagonistas. El último tomo ostenta algunas virtudes. La prosa es altamente legible, lleva al lector a variados escenarios, plantea tres misterios y una reflexión sobre la degradación del periodismo tradicional. Ya no se trata de mejorar al mundo o transmitir cultura; el éxito se mide ahora en cantidad de clics.

El núcleo incandescente es un secreto de los años ochenta que involucra a la popular ministra de Relaciones Exteriores de Suecia. Si sale a la luz, frustrará su ascenso al timón del Estado; todo indica que será la próxima primera ministra.

Loa Bergman viaja a Chicago para seguir los pasos de la funcionaria cuando era una adolescente. Danijela Mirkovic es víctima de una extorsión y debe volver a su Bosnia natal, pero -¡oh casualidad- frente a la costa de Istria vuelan en pedazos a la hermana de la ministra y su jefe en el diario le encarga investigar en Croacia. Una tercera línea narrativa explora una supuesta injusticia que se cometió contra un diplomático sueco, acusado de venderse al espionaje ruso en los noventa. Naturalmente, todo está relacionado con todo.

De esta manera, la investigación y el paciente método deductivo corren por cuenta de periodistas en esta saga. Aquí, no hay un cínico detective, con réplicas verbales como aguijones, aficionado a la ironía, el alcohol y las mujeres fatales, buscando pistas en antros que llamaríamos de perdición si los parroquianos no estuvieran ya completamente perdidos.

Hay en el Nordic Noir descafeinado, en cambio, gente normal, políticamente correcta, indagando en Internet y en una red social llamada Flashback, tratando de desenterrar el pasado en colecciones de diarios; y practicando el insustituible y agresivo trabajo callejero. Más bien, Lundberg retrata a los policías como torpes o corrompidos, en general.

En conclusión, esta obra podría recomendarse a ese tipo de lector que gusta del armado de rompecabezas y no desea que lo prueben con densidades temáticas y estilísticas.