Una de las tantas historias que circulan de un Buenos Aires, para nosotros, en muchas cosas irreconocibles, afirma que cierto personaje -hombre culto y divertido- bastante aficionado a los tragos se encontraba cierto día en la barra del bar del Jockey Club, cuando comenzó a dialogar con el empelado que lo atendía. La conversación amena fluía como los vasos que se sucedían hasta que el mozo le preguntó por su apellido, que era él de una familia conocida por su empresa dedicada a los alcoholes, si lo unía algún parentesco, a lo que con esa simpatía que lo caracterizaba le contestó: “Un modesto consumidor”.
Me vino esta anécdota a la mente porque me considero con respecto a las bibliografías “un modesto consumidor”, ya que tienen en nuestra historia una larga tradición. Uno de sus grandes cultores fue el R.P. Guillermo Furlong S.J., que escribiera la de las imprentas, la de su colega José Torre Revello y la de Mitre, y todos los escritos sobre el general Belgrano, entre otros valiosos aportes. La Academia Nacional de la Historia se preocupó hasta hace unos años de publicar en su Boletín la de los académicos de número: uno de los más prolíficos autores fue Manuel Conde Montero. Nació en España en 1891 y niño aún llegó a nuestro país. Radicada su familia en Buenos Aires, acá hizo sus estudios y tuvo marcada afición por las letras, la historia y los estudios bibliográficos. Empleado en el Banco de la Nación estuvo unos años, donde se lo estimaba por su cultura, capacidad y espíritu de trabajo. Más tarde pasó a la redacción de La Nación donde dio rienda suelta a su afición por estos trabajos y la Academia Argentina de Letras supo recibir sus colaboraciones. La cercanía del diario con la casa de su fundador, donde funciona la que entonces se llamaba Junta de Historia y Numismática, hizo que esta recurriera a Conde Montero y publicara la obra de los académicos: Bartolomé Mitre (1925), Alejandro Rosa, José Marcó del Pont y Enrique Peña (1926), Joaquín V. González (1927), Manuel F. Mantilla, Juan A. Pradére y Gregorio F. Rodríguez (1928), y la de Carlos F. Arata (1930).
JUAN ANGEL FARINI
Años más tarde, Juan Ángel Farini (1901-1973), hijo de destacado médico homónimo y coleccionista, su pasión fue la historia que adquirió de pequeño en la magnífica biblioteca paterna que hoy conserva la Universidad Nacional de La Plata. Pudo más Clío que Esculapio, y el muchacho que por mandato familiar entre 1922 y 1924 empezó a cursar medicina, pronto abandonó la carrera para ingresar como escribiente en el ámbito de la administración pública en el Museo Mitre que dirigía entonces Rómulo Zabala en 1924. Ocupó el cargo hasta 1928, y entre otros pasó como auxiliar de Biblioteca (1931-1935), contador (1935-1944), jefe del Archivo (1944-1948) y sucedió a Zabala en la Dirección hasta 1956, colaborando como subdirector de Jorge A. Mitre hasta 1966 en que a la muerte de éste asumió la dirección. En el Boletín de la ya Academia Nacional de la Historia publicó las bibliografías de Pedro N. Arata (1939), Adolfo Saldías (1940), Adolfo P. Carranza (1941), José Ramos Mejía (1942), José Antonio Pillado (1943). José Ignacio Garmendia (1944), José Gabriel Carrasco (1943), Rómulo Zabala (1949), Carlos Alberto Pueyrredón (1962), Benjamín Villegas Basavilbaso (1969), Mariano de Vedia y Mitre (1970). Horacio Enrique Timpanaro reseñó los trabajos de Carlos Heras (1969), Héctor José Tanzi los de Raúl A. Molina (1973), Abel R. Geoghegan los del Padre Furlong (1975); Graciela Moyano de Barcala la de Ricardo R. Caillet Bois (1979) y Néstor Poitevin los de Ernesto J. Fitte (1985), entre otros.
Leoncio Gianello se ocupó de su comprovinciano Juan Álvarez (1957); la de Ricardo Levene (1962) por Ricardo Rodríguez Molas, ocupó un tomo de las Obras de quien presidiera la Academia; Carlos María Gelly y Obes publicó la de Enrique Udaondo (1962), cuyo archivo le fuera legado y que a su vez donara a la Academia Nacional de la Historia.
De la página 427 a la 563 La Academia publicó ‘Noticias Bibliográficas’ del país y del mundo en su Boletín XXXVI, primera sección de 1964, sin indicar su autor. De este tema se ocupó el Comité Argentino de Ciencias Históricas, a través de los años presidido por Ricardo R. Caillet Bois (1966-1977), Enrique M. Barba (1977-1983), María del Carmen Ríos, Roberto Cortés Conde, César A. García Belsunce, Armando Raúl Bazán, Nilda Guglielmi y Ernesto J. Meader, eficaz director que en el año 2002 hizo la primera publicación del ‘Índice Histórico’. Luego la Academia Nacional de la Historia tomó a su cargo proseguir con la obra.
CONTINUIDAD
Durante su presidencia, el Dr. Eduardo Martiré (2009-2011) -recientemente desaparecido- pensó en la utilidad de dar a conocer el ‘Índice Histórico Argentino’ y el Dr. Ernesto J. Maeder continuó en la dirección, a quien secundó como secretaria la Lic. Susana R. Frías con un grupo de colaboradores. El Dr. Miguel Ángel De Marco, hoy próximo a cumplir cuatro décadas ocupando el sillón académico (hoy es el decano), interesado en los libros y además periodista de vieja escuela, prosiguió la tarea y los índices están digitalizados desde el año 2020 hasta el presente prestando un valioso servicio.
Se han sucedido al frente del mismo César A. García Belsunce y hasta el presente, Horacio Sánchez de Loria Parodi, habiéndose dado a conocer hace pocas semanas el del año 2024. Como lo señala la Academia, se “propone con esta publicación, brindar a los socios y al público en general un nuevo servicio que no ha sido cubierto hasta hoy por ninguna institución. Esta obra sigue el modelo brindado por la revista homónima española y por lo tanto ofrece un panorama lo más abarcativo posible de las publicaciones referidas a historia argentina aparecidas en el transcurso de un período anual. Más que de utilidad, referenciado y valorado en el exterior, nos permitimos publicar el enlace: https://anh.org.ar/blog/category/publicaciones/indice-historico-argentino/, donde el público podrá hallar una fuente importante de las nuevas obras publicadas en nuestro país, de las que como dije al principio no pocos somos modestos consumidores y también difusores de un trabajo no menor.