Opinión
Siete días de política

El Gobierno cambió de culpable pero sigue sin saber qué pasó

En otra demostración de despiste dejó de lado a Lagomarsino y apuntó contra Stiuso. A 20 días de la muerte de Nisman está en el casillero uno. El papelón de Capitanich. Mentiras, mentiras.

Una muestra del pésimo trance que atraviesa el kirchnerismo es que no puede controlar la agenda, algo que antes hacía sin esfuerzo porque la oposición no existe. Eso quedó en evidencia durante la semana que acaba de concluir: ni siquiera los medios oficialistas pudieron desplazar el caso Nisman del primer lugar, a pesar de que la presidenta Cristina Fernández firmó en China acuerdos comerciales de gran importancia. Que, además de importantes, beneficien al país y no a los chinos es otra cuestión.

La Presidenta quedó fuera de la agenda, pero eso no mejoró la performance del Gobierno. Su desorientación sobre lo que le pasó al fiscal quedó a cargo del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, protagonista de un hecho memorable. Furioso porque un diario publicó que el fiscal había pensado en pedir la detención de su jefa política, rompió en cámara las páginas que contenían la noticia, calificándola de "mentira". La indignación y el "acting" duraron poco. La fiscal de la causa terminó admitiendo que el pedido de detención figuraba en un borrador del expediente.

El lamentable ridículo de Capitanich ilustra no sólo su compleja situación emocional, sino también su catastrófica falta de información, a tres semanas de la muerte de quien había acusado a la Presidenta de encubrir a los iraníes responsables de la voladura de la AMIA. El Gobierno está perdido, carece de plan coherente para encarar el problema, improvisa y utiliza voceros que, en lugar de disimular su debilidad, la hacen más obvia. Después de que la Presidenta cometió gruesos errores por Facebook, ahora sus voceros la imitan por TV en vivo y en directo.

Las autoridades ignoran lo que pasó, fueron tomadas por sorpresa y no controlan los organismos que deben investigar. También es obvio que toda su estrategia se reduce a generar confusión, lanzando hipótesis y buscando a quién tirarle el muerto. Primero le apuntaron a Diego Lagomarsino, el auxiliar de Nisman, y ahora al ex espía Antonio Stiuso. Presionan, además, a la fiscal Fein que tuvo que hacerse cargo de una operación de la oficina de prensa de la procuradora Gils Carbó. El inefable Aníbal Fernández se burló de ella llamándola "Droopy" y para el superior de Fein, el fiscal de cámara Ricardo Sáenz, el Gobierno la quiere apartar del caso.

A esta altura, está claro que la Presidenta tiene dos grandes adversarios en esta batalla: los funcionarios judiciales independientes y los medios que no forman parte del sistema de propaganda oficial. Los fiscales ya anunciaron que marcharán el día 18 por el esclarecimiento del caso. Son conscientes de que el kirchnerismo cruzó un límite que ningún Gobierno anterior había cruzado. También de su responsabilidad por el hostigamiento al fiscal, por las sospechas que sembró sobre su participación en una presunta conspiración armada por sectores de Inteligencia y por la negligencia respecto de su seguridad, que dependía de fuerzas bajo las órdenes de la Presidenta.

Con la muerte de Nisman el conflicto con un amplio sector del Poder Judicial no colonizado por el kirchnerismo ingresó en una nueva etapa. Cada vez hay menos lugar para permanecer al margen. Recibió amenazas otro magistrado que investiga a la Presidenta, Claudio Bonadío, que poco después allanó la Inspección de Justicia que había bloqueado datos de la Presidenta.

Bonadío investiga los manejos de Hotesur, empresa de la familia presidencial sospechada de lavado de dinero. En Tribunales el secreto peor guardado es que el mes próximo puede ser llamado a indagatoria el hijo de la jefa de Estado y líder de la Cámpora, Máximo Kirchner.

Anteayer se fijó, además, el 13 de marzo para la indagatoria de un presunto testaferro de los Kirchner, el empresario santacruceño Lázaro Báez que se hizo multimillonario con la obra pública. La Cámara Federal le había ordenado al juez Casanello, sospechado de lentificar el expediente, que apurase el paso. Báez está sospechado de lavar dinero con la compra de un campo en Mendoza. El círculo comienza a cerrarse.

Otro dato llamativo fue la declaración del sciolista José Pampuro, en apoyo de la marcha por Nisman convocada por los fiscales. Pampuro tiene amplio conocimiento del fuero federal y es un importante operador del gobernador bonaerense. El caso Nisman le está produciendo un fuerte daño electoral al peronismo que parece dispuesto a reaccionar antes de que resulte demasiado tarde. Ese círculo también va a cerrarse. Lo que no se sabe todavía es cuándo.