Cuatro días antes de que se librara la Batalla de Tuyutí, con el ejército aliado avanzando, por fin, en territorio paraguayo, en el café Malakoff de Buenos Aires un grupo de ciudadanos inquietos, hijos de Francia, creaba una institución que ha llegado a nuestros días con el prestigio y el vigor intactos. “El Club Francés cumplió 160 años el 20 de mayo y está como recién fundado”, destaca su presidente Roberto Azaretto.
Este diario visitó el noble edificio de Recoleta (Rodriguez Peña 1832) para conversar con las autoridades de uno de los clubes más antiguos de Buenos Aires sobre la historia, el presente y el futuro de la asociación y sobre el papel de Francia en estos tiempos turbulentos (como todos, en realidad). La señora Florence Baranger-Bedel, una de las tres mujeres que integran la comisión directiva, participó de la charla en el despacho de Azaretto, destacado académico e historiador.
-¿Cuántos descendientes de Francia viven en la Argentina?
-Roberto Azaretto: Digamos que entre 1860 y 1910 vinieron 250 mil franceses al país. Tres años después de la fundación del Club, se realizó el Primer Censo Nacional. Esta ciudad tenía entre 175.000 y 180.000 habitantes, con una importante presencia extranjera. Los italianos eran alrededor de 23.000 y los franceses estaban ahí nomás. Los españoles eran la tercera comunidad foránea en Buenos Aires.
-¿Qué rasgos distinguían a esa comunidad francesa?
-La mayoría había llegado del País Vasco francés pero hay un dato cualitativo muy interesante. Había muchos académicos, universitarios, intelectuales. Eran refugiados políticos. Ustedes recordarán las conmociones de la Francia decimonónica: el imperio de Luis Bonaparte, la comuna de París… Los primeros rectores de los colegios nacionales eran, de hecho, franceses. Recordemos al legendario Amadeo Florentino Jacques, a Alberto Larroque en Concepción del Uruguay, a Paul Grousac, figura clave de la cultura nacional.
También vinieron muchos médicos franceses eminentes. Cómo hoy se va a Houston o a Nueva York en busca de la excelencia, de lo más avanzado a nivel mundial, en el siglo XIX, París tenía los mejores médicos del mundo. Era la época de Luis Pasteur.
Quisiera destacar un punto respecto a la educación.
-Por supuesto.
-El aporte francés ha sido igualmente importante tanto en la educación pública, como en la privada. Los Hermanos Lasallanos, los del Champagnat, las congregaciones de monjas… Si uno visita hoy las librerías de viejo en la Avenida de Mayo, puede observar que los vetustos estantes están repletos de libros en francés. Se leía mucho en la lengua de Moliere en el Buenos Aires de aquella época.
Florence Baranger-Bedel: -Había dos exigencias para las mujeres argentinas de cierto nivel: tener un piano en la casa (y saber tocarlo) y hablar en francés...
R.A.: -Recuerdo que José Martínez de Hoz escribió en sus memorias que sus padres lo habían obligado a estudiar francés, además de inglés. Y lo agradecía. Cuando almorzó un domingo a solas con Giscard d'Estaing, no necesitó intérpretes.
-¿Qué lugar estiman hoy ocupa la cultura francesa en el mundo?
-R.A.: -El idioma tiene problemas, pero la influencia cultural de Francia sigue siendo importante. Es inevitable, con semejante tradición clásica. Y París sigue siendo un faro para artistas, intelectuales y personas con formación. Yo tengo una frase, algo desagradable si se quiere: …si los argentinos elegimos hoy Miami por París como meca del viajero, por algo será... Un símbolo de que la Argentina no sólo ha caído en decadencia sino que sigue degradándose, porque si hubiéramos cambiado por Nueva York sería materia opinable.
-La izquierda global parece ser el cliente más fiel de la cultura francesa
-R.A.: -No se olvide que también hay pensadores de derecha imprescindibles como Raymon Aron y Francois Revel. También podemos destacar a economistas franceses injustamente olvidados como Antoine Pinay, figura clave en la recuperación de la posguerra. O Jacques Rueff, gran teórico de la inflación -el pecado occidental-, quien aconsejaba a Charles De Gaulle volver al patrón oro. Están a la altura de cualquier coloso de la Economía Austríaca, con la diferencia de que no eran teóricos sino que se jugaban el pellejo en la política cotidiana.
-¿El Club tiene un vínculo institucional con el Estado de Francia?
F.B.B.: -Tenemos una relación institucional con la embajada. El vínculo depende del interés del embajador; algunos colaboran con el Club, otros han sido indiferentes. El actual embajador nos ha ayudado mucho. Romain Nadal tiene un vínculo más afianzado, con mayor simpatía para con nosotros.
R.A.:-El Club ha tenido sus avances y retrocesos. Hay que recordar que durante años ingresaron personas que no tenían ninguna relación con Francia, sobre todo después del incendio del Jockey Club y el retiro de su personería en 1953. Este Club le abrió las puertas a los socios del Jockey y muchos permanecieron como socios e, incluso, integraron la comisión directiva.
Hoy los apellidos no dicen nada. Un argentino puede ser descendiente de franceses por línea materna y su apellido es Petrocelli, digamos. La Argentina se plasmó de un modo muy distinto a Estados Unidos: la primera generación de inmigrantes se mezcló sin problemas, a diferencia de la sociedad estadounidense donde los matrimonios de distinto grupo nacional, religioso, étnico se ha dado a partir de la tercera o cuarta generación.
Una bisabuela mía, de familia criolla, se casó con un ingeniero francés, Julio Balloffet, quien justamente, hizo los planos de la nueva ciudad de Mendoza. Fue en 1864. La anécdota graciosa es que la madre del ingeniero, después de anoticiarse de la boda con una criolla, le escribió: “Espero que ande vestida por la calle y sea cristiana” (risas).
Cuando asumí la presidencia uno de mis objetivos primordiales fue volver a afrancesar el Club. Que rescate y defienda los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que Francia legó al mundo. Las ideas de Voltaire y Montesquieu
-¿Cuándo asumió la presidencia?
-En 2023. El Club estaba en una situación casi terminal. Teníamos cincuenta socios, de los cuales treinta eran vitalicios. Deudas de todo tipo. Lo hemos solucionado. El Club es un joven vital. Está como si recién se hubiera fundado.
-¿Cuántos socios tienen actualmente?
R.A.: -Más de doscientos, pero ahora no estamos en una etapa de atraer más socios. Hubo épocas en que teníamos cerca de mil doscientos. Tenemos un cupo que respetar por el vínculo con el Hotel Club Francés, es una especie de matrimonio.
F.B.B.: -También es cierto que han cambiado las costumbres, ya no atraen estos clubes tanta cantidad de gente. No obstante, tenemos una actividad cultural ciertamente importante, con conversatorios en francés y encuentros abiertos a la comunidad.
Hay una actividad, de la que participo, que es distintiva del Club Francés: la esgrima. Es centenaria, aparece con los Juegos Olímpicos de 1925. La delegación argentina despertó el apetito de los socios por este deporte. Tuvo un gran auge con la incorporación de un mítico personaje llamado Edward Gardère (Gérardmer, 25 de febrero de 1909-Buenos Aires, 24 de julio de 1997), que estuvo en la Resistencia, fue aviador y ganó tres medallas olímpicas. Llegó al país después de la Segunda Guerra Mundial.

-He leído que el Club representó a la Argentina en los últimos Juegos Olímpicos. ¿Es así?
F.B.B.:Sí, totalmente. Es uno de nuestros grandes orgullos. Hay dos hermanos, Franco y Belén Serrano. Franco representó a la Argentina en París; Belén, no, pero su nivel es internacional. Ambos son pentatlonistas. Belén ganó el Campeonato Panamericano.
R.A.:Quisiera destacar, en otro orden, que el Club ha abierto la comisión directiva a las socias. Hoy lo integran tres, entre ellas Florence.
-¿Qué socios ilustres les gustaría recordar?
R.A.: -El autor de 'El Principito', Antoine de Saint-Exupéry. El ingeniero Pedro Benoit, que lideró el equipo que ideó la ciudad de La Plata. El arquitecto Uldéric (Ulrico) Courtois que diseñó nada menos que La Basílica de Nuestra Señora de Luján. El ex presidente Carlos Pellegrini, quien introdujo la costumbre -que se mantiene- de celebrar dos fechas patrias juntas: el 9 de julio y el 14 de julio. El paisajista Carlos Thays. En fin, no quiero ser injusto y olvidar otro notable...
-Algunas palabras sobre los planes para el futuro...
R.A.: Pensamos en el segundo semestre habilitar un pequeño gimnasio en una sala que estaba clausurada. Tenemos una mesa de snooker, inactiva en uno de los salones del primer piso. La vamos a recuperar porque fue un regalo del Jockey Club, en agradecimiento por el gesto de haberles abierto el club en los años difíciles.
Pero yo diría que el principal plan que tenemos en mente es tratar de bajar el promedio de edad de los socios para asegurar que el Club Francés llegue a los 200 años. A Dios gracias, con Florence lo bajamos mucho.
F.B.B.:Estoy en la comisión directiva de una asociación de mujeres francoargentinas que se llama Marian. Entonces la idea era atraer también público femenino y un poco más joven que el promedio del club. Lo cual con Roberto, con todo respeto, no era muy difícil (risas).
Asegurar el futuro, coincido, es la principal preocupación. Y, al mismo tiempo, trabajamos para consolidar el Club como un foco de la vinculación franco-argentina y de la cultura francesa en la ciudad y en el país.
Los cursos que ofrecemos son de muy alta calidad. Y acá han expuesto en almuerzos, tertulias y demás pensamientos muy distintos. No tenemos ningún problema en que venga gente que no piense como nosotros. Somos muy abiertos. Somos muy franceses. Practicamos la tolerancia, como diría Voltaire.
-Creo que no hay nada más francés que el culto de la excelencia. Todo tiene que estar bien escrito, bien pintado, bien decorado. Primero bien concebido y después bien expresado... Esto se percibe claramente en este edificio tan bien conservado<
F.B.B.: Diría que el Club es uno de los lugares de Buenos Aires donde se come la mejor comida francesa. Realmente el chef es fantástico. Es de alto nivel. Y como dirían los franceses que también se fijan mucho en el aspecto económico, rapport qualité prix, perfecto.
-¿Qué figura de cualquier ámbito de Francia les causa mayor fascinación?
F.B.B.: Basta ver el escritorio de Roberto… (NR hay un busto de Napoleón).
R.A.:Del pasado me atrae mucho Enrique IV. Esa frase “París bien vale una misa” es fascinante. Del siglo XX, Charles De Gaulle, por supuesto. Lo vi de lejos cuando vino a la embajada de Francia. Habíamos ochocientas, novecientas personas o tal vez miles en la plazoleta... se asomó al balcón de la ochava donde están los salones del primer piso para saludar. Yo tenía 19 años. De Gaulle es el paradigma del estadista. Su visión sobre la necesidad de Europa de autodefenderse y no depender de Estados Unidos resultó profética. A mí me impresiona esa actitud del general cuando dio ese famoso discurso: “Francia no está vencida, Francia no está derrotada… Un grupo de generales han decidido pero Francia no está derrotada, Francia no está sola…”
Otro gran francés, sin duda, fue Jean Monnet, uno de los artífices de la Unión Europea. Una vez le reprochó a De Gaulle su prédica constante sobre la grandeza de Francia; Francia ya no es grande le dijo. De Gaulle le respondió: “Entonces póngase a trabajar para que Francia vuelva a ser grande”.
