Opinión
Mirador político
Economía por la autopista, política por la colectora
El gobierno sigue sacando todos los meses un aprobado en economía, pero bordea el aplazo en política. Resultan impactantes, por ejemplo, las últimas cifras del “boom” exportador, pieza clave del plan económico.
De junio de 2025 a junio de 2026 las exportaciones crecieron 24,5%, lo que derivó en un superávit comercial récord. En el primer semestre, las exportaciones estuvieron cerca de los US$ 50.000 millones.
Camino a las elecciones, mientras la oposición insiste en que las fuertes mejoras de la macroeconomía “no llegan al bolsillo”, el gobierno no toca una letra del programa por dos razones. Una: si vuelve el caos inflacionario el ciudadano de a pie la va a pasar peor y Milei no conseguirá reelegir. Dos: hoy la única salida es hacia adelante. Seguir confiando en que la gente valore la estabilidad y que a la hora de votar ignore la prédica de los beneficiarios del régimen anterior. Que rechace el clima que intentan instalar quienes dicen que el ciudadano común no llega a fin de mes, mientras ellos no tienen ningún problema al respecto porque se aumentan alegremente las dietas en lugar de dar el ejemplo de solidaridad social que predican.
El monto de las exportaciones y del superávit externo son cuestiones abstractas para el grueso de la sociedad, pero sus consecuencias, no. La escasez de dólares es la principal responsable de las crisis cambiarias que terminan en hiperinflación. La restricción externa ha sido la bestia negra del peronismo desde su fundación.
Cristina Kirchner le ha echado la culpa del desastre que provocó a lo que llama una economía “bimonetaria”, es decir, a que los argentinos usan pesos para gastos cotidianos y dólares como reserva de valor. Esto, según su teoría, provoca escasez de divisas, defaults a repetición y crisis inflacionarias.
Pero es una mala excusa. La falta de dólares se ha producido una y otra vez porque el populismo cierra la economía y emite sin control lo que aumenta la demanda de billetes verdes. Incentiva el consumo interno y después trata de impedir mediante el control de cambios que los ciudadanos cambien por dólares sus pesos sin valor.
En sentido contrario Milei batalla por abrir la economía, al BCRA siguen ingresando dólares y no hay riesgo de salto cambiario a la vista.
Pero el aprobado que saca en economía no se repite en política. El éxito de la macro no se prolonga en reformas y desregulaciones necesarias para que le economía progrese más allá de la estabilidad. Están ancladas en el Congreso la reforma electoral, la inviolabilidad de la propiedad privada y el súper Rigi. Ni siquiera llegaron la reforma de la carta orgánica del Banco Central ni el “shutdown” del Estado. Hasta hora los anuncios superan largamente a las leyes. Como nunca antes los resultados económicos sostienen a los políticos. El fenómeno es raro y no dura para siempre.
Con los datos del Indec los mercados reciben todos los meses las noticias que están esperando los inversores. En algún momento deben empezar a recibirlas del Congreso para que se convenzan de que llegó la hora de invertir.