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EE.UU. e Irán cruzan varias líneas rojas y se encaminan de nuevo a una guerra total

Por Joseph Krauss

Una semana después de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo preliminar que buscaba poner fin a la guerra, un dron iraní se estrelló contra un buque de carga que navegaba por el estrecho de Ormuz. No hubo víctimas ni daños importantes, pero el ataque del 25 de junio desencadenó una serie de hostilidades que llevarían a Washington y Teherán de vuelta a una guerra total menos de un mes después de que acordaran el cese de los combates.

Cada ataque y contraataque fue erosionando los pilares del acuerdo, que ahora ha colapsado, aunque todavía se realizan esfuerzos para salvarlo. Se han traspasado las líneas rojas fijadas por ambas partes. Un retorno a una guerra a gran escala que desestabilizaría aún más Oriente Medio y alteraría la economía mundial parece cada vez más probable.

A continuación, un repaso a cómo se ha llegado a esta situación.

Irán ataca barcos que emplean una ruta que elude su control

El ataque al mercante se produjo después de que Irán advirtió a las embarcaciones que no utilizaran una ruta alternativa por el estrecho de Ormuz, supervisada por el ejército de Estados Unidos, que pretende quedar fuera del control de Teherán.

Irán había cerrado en gran medida la vía marítima —por la que en tiempos de paz pasan una quinta parte del petróleo y el gas que se comercializan en el mundo— tras el ataque sorpresa de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero que inició la guerra. Teherán ha llegado a considerar el control del estrecho, y su amplio impacto económico, como un punto clave de presión en su confrontación con Washington.

El acuerdo preliminar contemplaba la reapertura total del estrecho, pero también incluía un lenguaje que sugería que Irán gestionaría el tráfico y que podría llegar a cobrar un peaje en el futuro. La República Islámica se ha aferrado a eso, alegando que tiene derecho a controlar el estrecho y que la ruta alternativa constituye una violación del pacto.

Estados Unidos y otros cuestionan la afirmación y sostienen que el estrecho debe estar abierto para todos y ser de paso libre, como antes de la guerra.

EEUU ataca Irán, que toma represalias en el golfo Pérsico

Washington lanzó ataques contra Irán un día después del incidente del 25 de junio, y golpeó lo que el ejército estadounidense describió como emplazamientos de misiles y drones, además de sitios de radar costeros.

Al día siguiente, Teherán atacó un petrolero que utilizaba la ruta alternativa por el estrecho, y la Casa Blanca respondió con más ataques. Esta vez, Irán arremetió contra estados del golfo Pérsico próximos, alcanzando Kuwait y Baréin, ambos con presencia de tropas estadounidenses.

Ambas partes dieron un paso atrás la semana siguiente y enviaron delegaciones a Qatar, que había desempeñado un papel clave en la mediación del acuerdo. Pero no mantuvieron conversaciones directas.

Irán reiteró su advertencia contra el uso de la ruta alternativa mientras se preparaba para un funeral de varios días por su líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, que murió en los primeros compases de la guerra. El funeral comenzó el 4 de julio, con multitudes que pedían venganza contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Se reanudan los combates tras ataques a 3 barcos

Días después, Irán atacó tres embarcaciones en el estrecho de Ormuz.

Estados Unidos respondió con una oleada de ataques que, según afirmó, tuvo como objetivo sistemas de defensa antiaérea, radares y más de 60 embarcaciones pequeñas utilizadas por la Guardia Revolucionaria, la fuerza paramilitar de la República Islámica. Ese tipo de embarcaciones se han empleado para hostigar a barcos en el estrecho.

Además, la Casa Blanca revocó una exención que había permitido a Irán, por primera vez en años, vender su petróleo en el mercado internacional a cambio de dólares estadounidenses. La exención estaba contemplada en el acuerdo provisional.

Teherán condenó los ataques de Washington y el restablecimiento de las sanciones petroleras como violaciones del acuerdo, al tiempo que insistió en que tenía derecho a controlar el estrecho, algo que el mando militar afirma que es una “línea roja inquebrantable”. Irán también amplió sus ataques de represalia, golpeando Baréin, Kuwait y al mediador Qatar.

Trump, luego de abandonar una cumbre de la OTAN, ofreció mensajes contradictorios.

Afirmó que los ataques estadounidenses respondían a los ataques contra la navegación y advirtió que “si vuelve a ocurrir, ¡será mucho peor!”. Pero también pareció descartar una acción militar a largo plazo, al señalar que “cualquier cosa que ocurra va a ocurrir muy rápido”. También sugirió que su ejército podría “simplemente terminar el trabajo”.

Desde entonces, los combates se han intensificado de manera constante. Estados Unidos restableció el miércoles su bloqueo a los puertos iraníes, que se había levantado como parte pacto.

La siguiente línea roja es la infraestructura civil, y puede que ya se haya cruzado

En los últimos días, Estados Unidos ha ampliado sus ataques al norte de Irán, alcanzando objetivos lejos del estrecho. El viernes, golpeó puentes y centrales eléctricas en el sur, y derribó una torre que, según afirmó, era utilizada por la Guardia Revolucionaria para la vigilancia marítima en uno de los principales puertos del país.

Teherán dijo el sábado que los ataques estadounidenses se han cobrado la vida de al menos 50 personas y dejaron más de 500 heridos desde la reanudación de las hostilidades.

Trump ha amenazado repetidamente con atacar infraestructura civil en Irán y, en una fase anterior al conflicto, llegó a prometer aniquilar a “toda la civilización” iraní. Hasta ahora, se había retractado en repetidas ocasiones de esas amenazas citando avances diplomáticos.

Pero el liderazgo de la República Islámica puede creer que ya se ha cruzado otra línea. Irán atacó el viernes, y de nuevo el sábado, una planta desalinizadora de agua en el extremadamente árido Kuwait.

Trump también ha especulado con tomar el control del estrecho de Ormuz por la fuerza, posiblemente mediante la captura de una o más islas estratégicas controladas por Teherán. Eso probablemente requeriría una presencia naval mucho mayor y, posiblemente, decenas de miles de tropas terrestres.