Salpicado por el barro del caso Adorni, el presidente de la Nación, Javier Milei, apretó a fondo el pulsador de las reformas. La maquinaria del Congreso echa humo. La estrategia política es clara: reforzar el respaldo de los adeptos, mostrarse revulsivo justo cuando algunos números de la Economía se vuelven adversos y el humor social se pone tenso.
La primera hoja en el calendario de agosto invitó a tomarse un buen vaso de caña con ruda. El mes viene complicado. El cronograma de aumentos en los servicios incluye los siguientes puntos:
* Colectivos (CABA y PBA): 3,9%.
* Subte y Premetro: 3,9%.
* Trenes metropolitanos: entre 10,5% y 11% según la sección.
* Agua (AySA): 3% de ajuste promedio.
* Gas: 2,99% de incremento medio a nivel nacional.
* Electricidad (AMBA): 1,8%.
* Medicina prepaga: entre el 1,8% y el 2,9%.
* Internet, telefonía móvil y TV por cable: aumentos del orden del 2,5% promedio.
* Peajes en autopistas porteñas: 3,9%.
La andanada de aumentos se vuelve difícil de soportar en un escenario adonde los salarios de la economía formal han quedado pisados, contenidos por debajo de una inflación mensual que se estima será de 1,9% en lo que hace a julio.
La situación se traduce de manera directa en los gastos que realiza la sociedad en su conjunto, donde la retracción es evidente. De hecho, en junio el Indicador de Consumo (IC) de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) mostró un decrecimiento de 1% en la comparación interanual y una caída desestacionalizada de 1,6% frente al mes de mayo.
El feroz ajuste que aplicó el Gobierno en todos los frentes para sofocar el proceso inflacionario ha socavado las posibilidades de consumo de las familias, principalmente las de clase media y baja. Y, sin embargo, las calles no muestran el descontento y las encuestas, al menos hasta el mes pasado, exhibían cifras de respaldo al proyecto libertario. Pero todo cambia o puede cambiar.
Lo cierto es que esta dinámica de llevar las tarifas de los servicios a nivel de mercado y pisar la actualización de los salarios puso a más de uno a caminar sobre la cornisa. Un informe de la consultora Zentrix revela que el 86,6% de los argentinos necesitan dos o más empleos para llegar a fin de mes y el 62% tomó deuda para cubrir gastos básicos.
Según el Monitor de Opinión Pública (MOP), “julio retrata a una sociedad que dejó de llegar a fin de mes con lo que gana: dos de cada tres argentinos agotan sus ingresos, como máximo, el día 20 del mes, mientras que el 86,6% está convencido de que un solo empleo ya no alcanza para vivir. En ese escenario, el crédito dejó de ser una herramienta de progreso para volverse un mecanismo de subsistencia: el 61,9% se endeudó en los últimos seis meses y la mitad de esos hogares lo hizo para pagar los gastos básicos”.
La malaria no distingue ideologías. El 87,4% de los encuestados afirma que su ingreso no le gana a la inflación. En el hilado fino, el 73% de los votantes oficialistas admite esa pérdida, cifra que entre los opositores trepa al 97,1%.
Lo cierto es que la actividad económica no gana ritmo y su lentitud derrama sobre el esquema crediticio del entramado bancario nacional y provincial. Los datos de la Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central refleja que en el segundo trimestre de 2026 los estándares crediticios “permanecieron sin cambios de magnitud en las líneas hipotecarias y en otros créditos al consumo y se restringieron (con distinta intensidad) en los prendarios y en las tarjetas. Para el segundo trimestre se anticipa una tendencia hacia la restricción de los estándares crediticios en las líneas al consumo y neutralidad en el segmento con garantía real”.
No sólo cayó la demanda de crédito sino que se incrementó el nivel de morosidad. “El aumento de la mora es un fenómeno generalizado entre provincias, grupos etarios y géneros. Lo extendido del asunto refleja que obedece más a factores macroeconómicos comunes para la población -pérdida de poder adquisitivo, destrucción de puestos de trabajo y aumento de costos fijos por encima del promedio de los precios- que a situaciones individuales”, explicó el Banco Provincia de Buenos Aires en su último informe.
DISCONFORMIDAD
La situación es incómoda para el Gobierno, sobre todo porque poco a poco y ya en el segundo semestre los estrategas libertarios han comenzado a trabajar en modo elecciones presidenciales. Hoy Milei busca retener a los suyos, algunos de los cuales están en el lote de los que no llegan a fin de mes. El año próximo irá por los indecisos, esa fluctuante, impredecible franja social que hoy vota estatizar y mañana privatiza.
Mientras tanto, el ministro de Economía, Luis Toto Caputo, hace las veces de escudero y protege a su señor de las balas que pican cerca. “Parece que veníamos de un boom de industria, que desde 2011 a 2023 la economía venía espectacular, que la industria era competitiva y crecía espectacularmente. Era exactamente lo contrario”, enfatizó durante un evento de la Cámara de Agentes de Bolsa.
Y agregó: “La industria en esos años, en el modelo de los cracks anteriores, cayó 10% a pesar de estar subsidiada en tarifas por todos los argentinos, porque todos los boludos como nosotros pagábamos las cosas 10 veces lo que valían. Para todos los tarados que hablan de la industria...”
En la semana el equipo económico le sacó lustre a otra conquista: se renovó el swap cambiario con China por u$s 5.000 millones, instrumento que le permite resguardar en ciertas operatorias de comercio exterior los dólares de las reservas del Banco Central. Reservas que, dicho sea de paso, superaron el miércoles la línea de los u$s 50.000 millones.
De eso se toma el Gobierno para dejar atrás los meses en que las denuncias de corrupción en su círculo íntimo terminaron por ponerlo en el mismo plano de igualdad que la denostada casta política.
Las marcas de esas esquirlas se hacen notar. La última encuesta de la consultora Isasi/Burdman revela que la imagen negativa de Javier Milei subió al 44% y supera por un punto a la consideración positiva. Además, el 47% desaprueba la gestión libertaria.
Lo que enciende algunas alarmas en la conducción violeta es que ha cambiado la composición del ranking de preocupaciones que padece la sociedad. En primer lugar se ubican ahora los bajos ingresos (25%); le sigue el desempleo (20%); la corrupción (19%); la pobreza (9%); la inseguridad (8%); y recién después la inflación (6%).
La percepción que una parte de los argentinos tiene del gobierno se ha resquebrajado en los últimos meses. El Indice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella en julio fue de 1,94 puntos, nivel que representa una disminución de 6,5% respecto del mes anterior. El nivel de confianza en el mes 31 de la presidencia de Javier Milei es 3,9% menor que el de la presidencia de Mauricio Macri, y 73,3% mayor que el de la de Alberto Fernández.
Por su parte, el Índice de Optimismo Ciudadano (IOC) elaborado por Poliarquía Consultores registró una caída del 9% en julio respecto de junio y acumuló un retroceso del 23% en lo que va de 2026. Según el informe difundido por la consultora, el indicador se ubicó en -73 puntos, veintidós puntos por debajo de la medición anterior, y alcanzó su nivel más bajo desde febrero de 2024.
Pese a todo, la oposición brilla por su ausencia. La indefinición en las filas kirchneristas, adonde Axel Kicillof y Cristina Fernández juegan su pulseada, apuntala al oficialismo. En la vida, a veces, también hay que tener suerte.
Además, las declaraciones de algunos gobernadores terminan por galvanizar la figura de Javier Milei. Es el caso del mandatario riojano Ricardo Quintela, quien advirtió que si el peronismo recupera el poder, “lo que sea necesario nacionalizar, lo vamos a nacionalizar. Lo que sea necesario expropiar, vamos a expropiar. Lo digo para que no se entusiasmen con este señor que está desequilibrado”.
Una sola de estas frases hace temblar la endeble arquitectura de la seguridad jurídica que siempre piden los inversores -sobre todo los extranjeros-, y que el Ejecutivo ha construido bajo el paraguas del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
El gran desafío que tiene el Gobierno es lograr que la actividad económica, fundamentalmente el vector del consumo interno, genere empleo en los grandes aglomerados urbanos y se sume a la dinámica de los polos productivos con sesgo exportador como el agro, la minería y los hidrocarburos de Vaca Muerta.
No la tiene fácil. Según un estudio del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social) de la Compañía de Jesús, en los barrios populares el 75% de los jóvenes percibe que en los últimos 12 meses la economía empeoró; y el 40% dice que en su hogar se recortó el consumo en alimentos. Por último, el 67% votaría por alguna expresión del peronismo, mientras que un 25% se inclinaría por una expresión de La Libertad Avanza (LLA).
Para los libertarios la batalla cultural está muy lejos de haber terminado.