Cultura
TEMAS, RAZONES Y ESTRATEGIAS DE UNA DISPUTA RELEGADA A ASIGNATURA PENDIENTE

Dilemas de la batalla cultural (I)

Quebrar la moderna hegemonía progresista es un anhelo que une a diferentes sectores catalogados como de "derecha". Las opiniones de Miguel Angel Iribarne, Victoria Villarruel, Lucas Carena y Fernando Romero Moreno.

La idea de batalla cultural permea a las fuerzas que se pretenden de derecha en la Argentina. Es un anhelo, una necesidad, una asignatura siempre pendiente, nunca ejecutada. En 2015, por caso, a muchos les pareció que había llegado el momento de disputarla, pero nada sucedió. Cuatro años pasaron sin que el gobierno que asumió ese año se animara a emprenderla. La noción figuraba en sus discursos pero jamás fue llevada a la práctica. Lejos de oscilar, el tan mentado péndulo ideológico siguió donde estaba.

¿Qué es exactamente la batalla cultural y cómo debería librarse? Para indagar en el tema La Prensa consultó a cuatro representantes actuales de ideas que pueden catalogarse como de "derecha", admitidos todo tipo de matices y objeciones al uso del término. Son el doctor en Ciencias Políticas Miguel Angel Iribarne, profesor emérito de la UCA y ex rector de Ciencias Políticas de la Ucalp, autor de varios libros y cofundador del Foro Patriótico Manuel Belgrano, de reciente creación. Fernando Romero Moreno, abogado (UNR) y profesor superior universitario en la UCA, militante del nacionalismo católico y pronto a publicar La Nueva Derecha. Reflexiones sobre la Revolución Conservadora en la Argentina. Victoria Villarruel, abogada, presidenta del Centro de Estudios Legales Sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), autora de los libros Los llaman "jóvenes idealistas" y Los otros muertos (junto con Carlos Manfroni). Y Lucas Carena, licenciado en comunicación social (UNR), magister en diseño de estrategias de comunicación (UNR), profesor universitario y autor, entre otros libros, de La guerra invisible: acción psicológica y revolución cultural, junto con el doctor Pablo Javier Davoli.

Todos fueron consultados por correo electrónico a partir de un mismo cuestionario. Aquí se presenta la primera parte de sus respuestas, que en algunos casos fueron condensadas o fusionadas. El domingo próximo se publicará la continuación.

-Desde su punto de vista, ¿en qué consistiría hoy la batalla cultural?

-Romero Moreno: Una batalla cultural es una batalla que tiene por objetivo conquistar la inteligencia, la voluntad y el corazón de las personas, antes que alcanzar las estructuras de poder político. Hoy esa batalla se da, principalmente, en defensa de la religión, el orden natural, la cultura clásico- cristiana, la familia tradicional, el matrimonio monógamo y heterosexual, los derechos y deberes naturales de la persona humana, los valores tradicionales, el patriotismo, la importancia de los cuerpos intermedios, la necesidad de un gobierno limitado, la descentralización del poder político, la propiedad privada (incluso de los medios de producción) equitativamente distribuida, las libertades concretas de personas e instituciones, etc.

-Iribarne: A lo que hoy se debe apuntar es a recuperar la libertad de la cultura. Casi insensiblemente hemos dejado que nos fuera dominando una suerte de ortodoxia pública que, sin necesidad de censura previa, predetermina qué posiciones son admisibles al debate público y cuáles no. Es impresionante ver cómo líneas de pensamiento que se reivindicaban como minorías que debían ser respetadas han pasado a implantar una hegemonía, en el sentido gramsciano de la palabra. Esto se observa en las universidades estatales -y comienza a penetrar en las privadas-, en los medios de información, en el discurso político y hasta en la transformación del lenguaje común. Que la gente, comenzando por quienes desempeñan un oficio de reflexión sobre la vida pública, cobre cabal consciencia de esta deformación y se decida a ser libre, es la tarea del corto y mediano plazo.

-Villarruel: La batalla cultural la inició la izquierda sobre la educación. El proceso político actual es en buena medida el resultado de un trabajo cultural que comenzó la izquierda con la educación hace ya varias décadas, porque a partir del control de la educación y la cultura se crea el poder político. Esta política de control de la educación es propia de las guerras híbridas, también llamadas de cuarta generación. En el caso de nuestro país, un grupo nacional decidió emplear estas técnicas vinculadas a una transformación cultural siguiendo algunos de los postulados de (Antonio) Gramsci.
Una forma de balancear el mundo de las ideas es crear un contrarrelato. En el caso argentino la grieta que divide a la sociedad en su última edición se reabrió en 2003 con la cuestión de los "70. Allí el trabajo cultural de la izquierda ha sido tan sólido que nadie estudia el tema con la adecuada profundidad. Podría decirse que la batalla cultural consiste en la construcción de un contrarrelato sobre temas que no son particularmente económicos. Ampliar el discurso fuera de lo economicista, hacerlo accesible al ciudadano, salir del rol indiferente en lo social, brindar a los jóvenes el conocimiento y la épica que nos impulsan, creo que son los desafíos que enfrentamos.

-Carena: Voy a ser del todo franco: el término "derechista" mucho no me simpatiza dado que parte de una dualidad que suponemos es errada. Hoy, las fuerzas en pugna que se baten en el terreno mundial son Patria y Globalización. Ahora bien, contestando a la pregunta, del lado de la preservación de la Patria, hay un discurso de conservación que históricamente habría sido tenido como "de derecha" y que aboga por la defensa de la cultura contra ciertos ataques de la progresía. Esos ataques van dirigidos a múltiples flancos, desde la familia tradicional, la infancia (con todo lo que eso conlleva), hasta la propia identidad de los pueblos. La batalla consistiría en la preservación de ese acervo cultural, como patrimonio intangible común. El éxito o el fracaso dependerá del denuedo con el que emprendamos esa lucha y el fervor que demostremos en la batalla.

-Persiste la duda sobre los contendientes de esta batalla. De un lado estaría una derecha muy variada y disímil, incluso contradictoria a veces. ¿Y del otro? ¿Cuál sería el adversario en concreto?

-Iribarne: En el plano cultural el adversario es el "retroprogresismo". Progresismo, porque comulga con todos los mitos igualitaristas y mesiánicos difundidos en la vida social desde el siglo XVIII. "Retro" porque ya la historia de nuestro tiempo ha demostrado suficientemente que el progreso que invoca no lleva a una sociedad más humana sino a una más pobre y más bárbara. En materia política coyuntural ese adversario puede fragmentarse en actitudes variadas, pero reacciona al unísono cuando una empresa de regeneración cultural-política asoma en cualquier parte del mundo.

-Romero Moreno: Si tuviéramos que reducir a una expresión sencilla cuál es el adversario, yo diría que es el progresismo post-moderno en lo cultural y el globalismo político-económico en las relaciones internacionales. Ese adversario aspira a una "aldea global" que acabe con las religiones históricas (sobre todo con la católica) y con las soberanías nacionales. Sólo resta ver cuál de sus dos vertientes es la que termina por imponerse: si la neoconservadora, según la cual el Nuevo Orden Mundial debe tener a los EE.UU como potencia hegemónica, defensora de la democracia global y de los derechos humanos según el "american way of life"; o si será la progresista, apoyada más en los organismos internacionales (sobre todo la ONU) y fundaciones privadas pretendidamente filantrópicas, que aspira más a una especie de Estado de Bienestar a nivel planetario, a una religión panteísta y ecologista universal y a una concepción claramente relativista de la democracia. Esta última vertiente se presenta como más "atractiva" para la mentalidad actual, como se puede comprobar viendo la adhesión que tienen en general los 17 objetivos del Milenio 2030 de la ONU.

-Carena: Adversarios hay en un partido de fútbol, o una contienda electoral. No me gusta inquietar, pero aquí debemos hablar de "enemigo", y ese enemigo ya ha dejado incluso de ser la izquierda para pasar a ser el "progresismo" en todos sus órdenes. Un progresismo que, paradójicamente, nos ha retrotraído, más allá de su prédica, a un estado de salvajismo en el que el incesto y la pederastia entran en el debate, como así también el exterminio de los nonatos, quienes se encuentran en el más alto nivel de indefensión intrauterino a través del infanticidio que supone el aborto.

Ahora bien, el enemigo, que es como debe ser llamado, es bastante más homogéneo en su pensamiento y en su accionar por dos motivos: 1) posee un discurso instrumentado, quiero con esto decir, no es una agenda espontánea, sino articulada desde arriba, por actores que poseen intereses muy definidos y que invierten millones en fijar dicha agenda en el aparato mediático-institucional y 2) el aparato de propaganda alinea a un conjunto de personas que podemos decir son neutrales, llevados por la corrección política, también llamado "buenismo" de centro o "centrismo bienpensante", que por cobardía, comodidad o mera hipocresía, mantiene un pusilánime silencio cuando piensa en contra de la progresía, y repite las vociferaciones mediáticas cuando su pensamiento, condicionado, coincide con la mencionada agenda. La batalla, justamente, consiste en hablarle a ese público neutral, silencioso o silenciado, y brindarle herramientas para que despierte y se dé cuenta que la progresía va por ellos (contra ellos) y por sus hijos.

-Villarruel: La izquierda dentro de su abanico político tiene expresiones que reivindican lo que conocemos como comunismo y sus derivados, pero también incluye a su vanguardia que es el progresismo, a la que resulta difícil vincularla como un derivado de los crímenes de Stalin, Trotsky, el Che Guevara o Firmenich, pese a que hábilmente evita criticarlos. Más allá de que no hay uniformidad en todas las expresiones de la izquierda, sí hay un acuerdo respecto de los temas a instalar o defender y en eso aventajan en mucho a la derecha que todavía no llega a una visión mínimamente común. La derecha argentina no supo avanzar de manera eficaz hacia una construcción donde imperen las leyes y la Constitución, no pudo dotar de mística y epopeya su propia visión, ni logró hacer masiva su mirada histórica o sus expresiones culturales y hoy se enfrenta a la agónica desaparición de sus valores que en nuestro país son abiertamente combatidos por el oficialismo con la aquiescencia de la oposición.

EL GANADOR

-Al día de hoy parece evidente que el "progresismo" ganó la batalla cultural. ¿Por qué cree que sucedió eso? ¿Ayuda entender las razones de ese triunfo?

-Iribarne: Con el tiempo, en la longue durée, podremos confirmar o no ese resultado. Por ahora parece difícilmente discutible. Entiendo que la razón fundamental es la indiferencia de la gente de derecha por el conflicto cultural. Porque sabíamos que las ideologías estaban erradas, en el sentido de que implicaban -todas- cierto grado de deformación de lo real, (pero) hemos hecho como si ellas no existiesen y no movilizasen vidas, pasiones y recursos. Los actores sociológicamente representativos de la derecha hasta se han avergonzado de reconocerse tales y han abandonado el poder cultural en manos de todas las formas de la izquierda. En la Argentina esto ha sido claramente visible, por ejemplo, en la Universidad estatal a partir de 1955, primera etapa de la colonización radical-socialista, profundizada después de 1983 por el gramscismo, y ya en la década pasada por la deconstrucción de todas las formas de pensamiento propias de nuestra civilización que se desplegó en el período K. El resultado seguirá siendo éste mientras la derecha crea que solo la gestión económico-burocrática importa.

-Villarruel: Es fundamental conocer a nuestro adversario, estudiarlo, analizarlo, pero principalmente hacer la discusión necesaria sobre cuál va a ser nuestro ideario y cómo vamos a defenderlo. Si observamos a la izquierda en todas sus vertientes vemos diferentes tendencias que sostienen un acuerdo programático en puntos fundamentales por ejemplo: posición ante el aborto, LGTB, juicios de lesa humanidad, profusión de planes sociales, no reconocimiento de las víctimas del terrorismo, adhesión al régimen dictatorial de Maduro, estatización de empresas, etc. En el oficialismo por ejemplo está Alberto Fernández que se define progresista y reivindica a Alfonsín y también Cristina Fernández que reivindica a Belgrano y se identifica con un populismo de izquierda con aspiraciones a un capitalismo de Estado. Luego a la izquierda de la izquierda siguen otros grupos que representan otras tendencias más afines a la izquierda tradicional. Cambiemos por su parte, se identifica por su oposición al populismo de izquierda, pero en sus políticas incluye puntos propios de la izquierda, como la discusión del aborto o la causa LGTB, e incluye a representantes del progresismo como el ex concejal del Frepaso, Marcos Peña, o Elisa Carrió de la UCR. De alguna manera, casi todas las fuerzas políticas están entre el centro y la izquierda.

-Carena: Yo creo que vivimos en una era de post-verdad, de mendacidad programática. Se ha magnificado y sobredimensionado a la democracia, hasta ponerla en un pedestal sacro, al punto de que la gente cree que dar batalla en el terreno de las ideas, la convierte en poco tolerante o agresiva, cuando del otro lado se persigue en nombre del pluralismo y se censura en nombre de la libertad. El progresismo es un cáncer que se las ingenia para aparentar ser lo contrario de lo que es: es intolerante en nombre de la tolerancia, normalizador y prescriptor en nombre de la diversidad y el pluralismo, es elitista y supremacista en nombre del igualitarismo y absolutamente asesino en nombre de los más débiles y desamparados. Damos el Buen Combate cuando contribuimos a revelar su verdadero y perverso rostro.
-Romero Moreno: Me atrevería a decir que el progresismo ganó la batalla - o la está ganando- sobre todo por las siguientes causas: a) la crisis de la Iglesia católica (falso ecumenismo y diálogo interreligioso, moral de situación, teología progresista, teología de la liberación, crisis de Fe y de autoridad, colusión con el mundo de la corrupción económico-financiera, abusos sexuales, difusión de la homoherejía, etc.) sobre todo con posterioridad al Concilio Vaticano II; b) cierto tradicionalismo de corte integrista, mentalidad racionalista y moral casuística, incapaz de entablar un diálogo serio con cierta Modernidad, incluyendo el intento de convertirla a la Fe ; c) el fariseísmo como perversión propia de lo religioso dentro de la Iglesia Católica, como bien lo describiera entre nosotros el Padre Castellani; d) la deriva liberal dentro del protestantismo; e) el abandono de la filosofía política clásica, sobre todo Aristóteles, Cicerón y Santo Tomás de Aquino; f) la derrota de los últimos estados con ciertos rasgos cristianos y tradicionales a lo largo del siglo XX (Austria-Hungría, Prusia, Rusia, Italia, Portugal, España, Rumania, el Líbano, entre otros); g) el abandono de la batalla cultural por parte de cierta derecha puramente económica (defensora de la economía de mercado, no necesariamente de un liberalismo económico individualista), que reduce sus programas a un republicanismo más o menos clásico y a un capitalismo con mayor o menor intervención del estado según los casos, pero que deja en manos de las izquierdas todo lo relativo a los valores, la cultura, el arte, etc..

La derecha y sus significados

Varios de los entrevistados expresaron disconformidad con el uso del término "derecha". Victoria Villarruel lo considera un anacronismo "porque actualmente la derecha o la izquierda no significan lo mismo que antes". "La monumental revolución tecnológica de las últimas décadas -señaló-, junto con la caída del Muro de Berlín terminaron por desbaratar la derecha capitalista y la izquierda tal como las hemos conocido".

Villarruel cree que la izquierda se actualizó "acompañando el tiempo histórico", mientras que el paradigma de la derecha "quedó congelado". "La derecha no evolucionó políticamente en la misma medida. En consecuencia, sólo alcanza con rotularla como fascista, para ser asociados con Mussolini o con el mismo Hitler", advirtió.

Miguel Angel Iribarne entiende que, yendo a las raíces antropológicas de las actitudes políticas, "la derecha aparece como una afirmación franca de lo recibido, a partir de la cual se pueden ensayar las correcciones o las mejorías incrementales que las circunstancias históricas reclamen".

"Inversamente, la izquierda expresa una posición apriorística crítica, un no a la realidad per se que se escuda en el rechazo a sus vicios -acotó-. Por eso la derecha ve más. Por eso puede comprender las mismas razones de la izquierda, mientras la contrapartida no se da. De allí que las reformas sociales concretas, las que han beneficiado de veras a los menos poderosos, han sido realizadas o promovidas modernamente por hombres procedentes de la derecha, desde Bismarck hace ciento cincuenta años en adelante".