La depresión presenta una gran diversidad de síntomas, intensidad y persistencia. Un reciente estudio, publicado en la revista ‘Scientific Reports’, en el que participaron pacientes con trastorno depresivo mayor, demostró que, además de la gravedad de los síntomas, medida mediante la escala de depresión de Hamilton, el tiempo durante el cual la persona permanece deprimida (cronicidad) se relaciona con alteraciones en el funcionamiento cerebral.
En el trabajo, investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, y de la University of Oxford, en el Reino Unido, analizaron imágenes cerebrales de 46 pacientes con depresión mayor. Los resultados sugieren que la duración de los episodios está asociada a diferencias en la conectividad funcional cerebral, aunque no permiten, por sí solos, diferenciar o diagnosticar casos individuales.
“La depresión mayor puede alterar el funcionamiento cerebral en comparación con el de personas sin el trastorno. En este estudio identificamos, sin embargo, que pacientes crónicos (con más de 24 meses de depresión) y no crónicos presentan patrones distintos de conexión entre dos redes funcionales importantes: la Red Ejecutiva Central (CEN), orientada al control ejecutivo, y la Red de Modo Predeterminado (DMN), asociada a pensamientos introspectivos y autorreflexión”, cuenta Tamires Zanão, becaria de la FAPESP y primera autora del estudio.
La investigadora explica que la CEN y la DMN son dos grandes sistemas cerebrales con funciones complementarias. La primera, que involucra regiones cerebrales como la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza parietal, está asociada al control ejecutivo necesario para tareas orientadas a objetivos. La segunda es difusa, incluye áreas como la corteza prefrontal medial, el precúneo y el hipocampo, y está relacionada con procesos internos, como la autorreflexión, la memoria autobiográfica y los pensamientos espontáneos. Debido a su alta complejidad, la DMN suele dividirse en “subredes”, como las que involucran el precúneo.
“Modelos más detallados de organización de las redes cerebrales sugieren que el precúneo no actúa únicamente dentro de la DMN, sino que también se conecta con subredes relacionadas con la CEN. Por eso, esta región es considerada un punto de integración entre diferentes sistemas cerebrales, funcionando como una especie de ‘puente’ entre procesos orientados al ‘mundo interno’ y al control cognitivo”, explica.
En condiciones típicas, ambas redes tienden a presentar una dinámica coordinada, con participación de la red de saliencia, que interviene en la alternancia entre el foco en el ambiente externo y en procesos internos. En la depresión, esta dinámica puede alterarse, lo que se ha asociado a síntomas como la rumiación y la dificultad de concentración. “Este desajuste entre estas redes puede favorecer el predominio de pensamientos introspectivos y autorreferenciales, frecuentemente con sesgo negativo. Esto ayuda a explicar por qué las personas con depresión tienden a quedaratrapadas en pensamientos negativos y pueden tener dificultad para dirigir la atención hacia el entorno cuando es necesario”, explica Zanão.
CONEXIÓN FUNCIONAL
En el estudio, los investigadores observaron que la duración prolongada de la depresión parece estar asociada a la dinámica de estas dos redes. En personas con episodios más recientes, la conexión funcional entre la CEN y regiones del precúneo en la DMN tiende a disminuir a medida que los síntomas se vuelven más severos. En pacientes con depresión de larga duración, en cambio, se identificó un patrón opuesto: cuanto mayor era la severidad, más fuerte era la conectividad entre estas redes.
Otros estudios, con grandes bases de datos poblacionales, como el UK Biobank, ya demostraron que, en personas sanas, existe una correlación positiva entre la actividad de la CEN y regiones del precúneo en la DMN. En el estudio de la Universidad de São Paulo con la University of Oxford, aunque no hubo comparación directa con individuos sanos, los pacientes con depresión no crónica, especialmente aquellos con menos síntomas, presentaron patrones de conectividad más cercanos al perfil considerado típico.
“Los resultados son consistentes con la hipótesis de que las alteraciones en la conectividad cerebral en la depresión pueden evolucionar a lo largo del tiempo. Investigaciones anteriores indican que, en episodios iniciales, puede haber reducción de la conectividad entre algunas redes, mientras que en casos recurrentes o más prolongados surgen cambios en la conectividad funcional”, explica Tamires Zanão.
MATERIA GRIS
Otro resultado del estudio indicó que la gravedad de los síntomas de depresión está asociada al volumen de materia gris en dos regiones específicas del cerebro: la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal dorsolateral derecha. Ambas ya han sido ampliamente relacionadas con el trastorno en estudios anteriores.
“La corteza cingulada anterior, por ejemplo, posee conexiones con áreas involucradas tanto en la regulación emocional como en funciones cognitivas, desempeñando un papel importante en la integración entre emoción y pensamiento. Las alteraciones en esta región han sido frecuentemente asociadas con la intensidad de los síntomas depresivos. Aunque, en algunos contextos, un mayor volumen de materia gris se interpreta como indicativo de un mejor funcionamiento cognitivo, los resultados en la literatura sobre depresión son variados. Estudios anteriores ya reportaron tanto reducciones como aumentos de volumen en estas regiones. Parte de esta divergencia puede estar relacionada con el uso de antidepresivos, ya que existen evidencias de que la medicación puede influir en las medidas estructurales del cerebro”, afirma.
Como el estudio actual incluyó pacientes que no utilizaban antidepresivos en el momento del análisis, los autores sugieren que los hallazgos pueden reflejar de forma más directa alteraciones asociadas a la propia depresión, y no a los efectos del tratamiento.
Las evidencias provenientes de técnicas como la tomografía y la estimulación magnética transcraneal sugieren que la depresión puede implicar un desequilibrio en la actividad de la corteza prefrontal, con menor actividad en el lado izquierdo y mayor actividad en el lado derecho.
“De acuerdo con esta hipótesis, el hemisferio izquierdo estaría más relacionado con el procesamiento de emociones positivas, mientras que el derecho estaría más involucrado con emociones negativas. En este contexto, el hallazgo de un aumento de volumen en la corteza prefrontal dorsolateral derechaobservado en el estudio es compatible con este modelo teórico, aunque su significado funcional aún no se comprende completamente”, explica.
FUTUROS TRATAMIENTOS
La investigadora señala que los hallazgos podrían ayudar en el futuro al desarrollo de tratamientos más personalizados para la depresión.
“Aunque guiada por evidencias clínicas, la elección del tratamiento de la depresión todavía implica ajustes a lo largo del tiempo, ya que la respuesta puede variar de una persona a otra. Estudios como este contribuyen al avance del conocimiento sobre la enfermedad, pero son necesarios más datos antes de que esta información pueda orientar decisiones clínicas individualizadas”, concluye.
Los datos de imágenes cerebrales de los 46 pacientes diagnosticados con depresión forman parte de un ensayo clínico más amplio, coordinado por el profesor André Brunoni, de la USP y actualmente en la University of Texas Southwestern Medical Center.
RUMIACION
Reestructurar la rumiación: un enfoque específico basado en el cerebro para tratar la depresión
Allanando el camino hacia el tratamiento de precisión de los síntomas psiquiátricos mediante el neurofeedback de conectividad funcional
El trastorno depresivo mayor (TDM) dista mucho de ser un diagnóstico estandarizado. Los distintos pacientes refieren sufrir diferentes subconjuntos de síntomas, pero a la mayoría se les prescribe en última instancia los mismos tratamientos de primera línea —normalmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)—, independientemente de su experiencia individual. Esto es importante porque, como señalan los investigadores de un reciente estudio del Instituto Internacional de Investigación en Telecomunicaciones Avanzadas de Japón, los diferentes síntomas tienen su origen en distintas alteraciones en el cerebro, lo que ayuda a explicar por qué entre el 30 % y el 50 % de los pacientes con TDM no responden plenamente al tratamiento estándar.
El equipo responsable de este otro estudio se propuso abordar este problema de frente con un concepto conocido como “psiquiatría de precisión”. Su idea central: en lugar de aplicar un tratamiento generalizado, centrarse en los circuitos neuronales específicos que impulsan los síntomas de cada paciente e intentar restaurarlos a un estado más saludable.
Como primer objetivo, eligieron la rumiación: ese agotador bucle mental de pensamientos negativos repetitivos e intrusivos. Las investigaciones sugieren que esto se debe, en parte, a una alteración en la conexión entre la corteza cingulada posterior —una región implicada en el pensamiento autorreferencial interno— y la corteza prefrontal dorsolateral, que está relacionada con el comportamiento externo orientado a objetivos. El objetivo era utilizar la neuroretroalimentación mediante resonancia magnética funcional (fMRI) en tiempo real para entrenar a las personas a restablecer este patrón de conexión hasta que se asemejara al observado en cerebros sanos.
Para que resultara más accesible, los investigadores convirtieron el entrenamiento cerebral en algo parecido a un videojuego. Los participantes se tumbaban en un escáner de resonancia magnética y observaban un círculo verde en una pantalla, con la simple instrucción de utilizar su cerebro para hacer que el círculo se agrandara. Entre bastidores, sus escáneres cerebrales se procesaban en tiempo real, y el tamaño del círculo reflejaba el grado de salud que estaba adquiriendo su conexión neuronal. Los participantes se mostraron creativos en sus intentos por regular esta actividad cerebral: algunos hacían cálculos mentales, otros jugaban a juegos de asociación de palabras y algunos incluso imaginaban a personas diminutas corriendo por el borde del círculo.
El estudio contó con 68 participantes a lo largo de varias sesiones para comprender no solo si el enfoque funciona, sino cómo hacer que funcione mejor, probando variables como si entrenar en días consecutivos es más eficaz que espaciar las sesiones, y si unos incentivos económicos más fuertes mejoran el rendimiento. Aquellos que entrenaron en días consecutivos con el mayor potencial de ganancias mostraron las mayores mejoras.
Los resultados fueron alentadores en múltiples aspectos. Los patrones cerebrales más saludables persistieron incluso durante los periodos de descanso, lo que sugiere un cambio genuino en la actividad cerebral y no solo un efecto de rendimiento puntual. Los cambios también se extendieron más allá de las dos regiones cerebrales objetivo, abarcando las redes más amplias a las que pertenecen. Lo más llamativo fue que, cuanto más mejoraba la actividad cerebral de un participante, más disminuían su rumiación y sus síntomas depresivos, mientras que los síntomas de ansiedad, que no eran el objetivo, no cambiaban al mismo tiempo que la actividad cerebral. Esta especificidad es exactamente lo que predice el marco de la psiquiatría de precisión.
El sueño a largo plazo de los investigadores es que, algún día, los pacientes puedan acudir a una clínica, someterse a un escáner cerebral y que se les recete un casco de EEG portátil para realizar neurofeedback específico para sus propios síntomas, algo que puedan utilizar desde la comodidad de sus propios hogares. Este estudio supone un paso importante hacia esa visión.