La ecuanimidad es una bella palabra para tiempos serenos y cansinos, casi bucólicos, se encuentra asociada a atmósferas donde todo se encuadra en un equilibrio mágico de remota eternidad. Asimilable al Eden. Paraiso y ecuanimidad avanzan, entonces, de la mano, por el mundo y la historia, sin mirar a los costados, a los baches, a los precipicios y a los tornados.
La ecuanimidad suele ser la excusa de los medrosos para no tomar partido. ¡Está bien esto, pero ojo!, afirma el desapasionado. Porque el ecuánime luce de imparcialidad, objetividad, equilibrio, sosiego. Desde las alturas juzga sin ensuciarse. Claro, como si viviéramos en el vacío, sin las contrariedades de la vida terrenal. Toda esta introducción es para decir que los demócratas norteamericanos son unos hipócritas del año cero. Ahora, especialmente, que gobierna Trump.
Impusieron la agenda mundial de los derechos humanos desde Carter hasta nuestros días. De la boca para afuera, total hablar es gratis. Y los giles la compraron.
BIDEN, EL ENGRUPIDO
En el caso puntual de Venezuela los demócratas con Biden y Kamala fueron garantes de los Acuerdos de Barbados, aquellos por el cual se llamaría a elecciones en dicho país. Biden se dejó engrupir.
¿Por pillo o por minusválido? No lo sabemos. El dictador hoy preso en Nueva York fue proscribiendo a todos cuanto pudo hasta que habilitó a un señor mayor con bajas energías y pocas propuestas ante la trampa, el profesor Don Edmundo González Urrutia, un abuelo simpático y regalón. No obstante la senectud y la insubstancialidad de Edmundo, ocurrió el fraude. Maduro se burló en las barbas de Biden. ¡Lo gastó! ¿Y que hizo el Presidente norteamericano? Nada, absolutamente nada. Los demócratas fueron burlados y con ellos Estados Unidos.
Corina Machado cayó en la trampa de la inmovilidad, cuando con su experiencia política debería haber sabido que en Venezuela con el chavismo no se llega al poder por elecciones. Participó en el acto electoral y eso estuvo bien, sin embargo, debió promover otras formas más efectivas y sofisticadas. Formas más cercanas al modus operandi de la izquierda insurreccional a la que ella democráticamente combatía. El poder no es un juego de incautos.
Tampoco convocar a la gente a las calles pues se sabe que las matan. Si todo esto lo hubiera pensado y organizado, hoy estaría en condiciones de acceder al poder de la mano de Trump, con una estructura detrás, cívico-militar, que debió construir, por ejemplo como lo hizo Hipólito Yrigoyen, para no hablar de Ho Chi Minh o Abane Ramdane, tan solo El Peludo, con eso alcanzaba y sobraba. No lo hizo. Deberá esperar.
El republicano juega fuerte, muy fuerte porque sabe que con el purismo de los ecuánimes no se llega a ningún lado. En momentos álgidos la ecuanimidad es la derrota. El ecuánime dice: Maduro es un dictador fatal, pero sacarlo del poder invadiendo la soberanía de otro estado está muy mal. ¡Ahí tenés! ¿Y entonces, que hacemos?
UN EJEMPLO AL PASAR
Los demócratas norteamericanos y sus amigos del resto del mundo lucen hablando pestes de Maduro. Son almas bautismales invocando justicia y libertad, su familia y el barrio henchidos de orgullo. Sin embargo ¿para qué sirve eso? Se quejan porque Trump habla de petróleo pero no habla de democracia. Un exponente que cumple esa función es el periodista Thomas L. Friedman y el periódico en el cual escribe el The New York Times y todos aquellos que lo traducen a idioma romance.
En su último artículo Friedman asegura que no habrá inversiones petroleras en Venezuela hasta que no reine allí la democracia, esto es hasta que el venerable anciano y Corina Machado tomen el poder en Venezuela.
¿Porque lo demócratas insisten tanto en que Trump quiere el petróleo y no la democracia? Las cotorras barranqueras del progresismo universal repiten esta idea. Que puede ser o no. Sin embargo lo importante es que hoy por hoy es muy difícil discriminar una cosa de la otra.
Friedman advierte que sin democracia no habrá petróleo. ¿Lo afirma por ecuánime? ¡No! En este caso, no, faltaba más, lo hace por tramposo, quiere que Trump se empantane en Venezuela. Porque si bruscamente en este país el poder pasa de la izquierda a la derecha sin estaciones intermedias y sin una derrota militar del chavismo, en Venezuela deberán actuar las Fuerzas Armadas norteamericanas y aquí esta la pata de la sota. Buscan que Trump se desdiga de su discurso de campaña y se embarre en los Llanos.
No sé si a Corina Machado la respetan en Venezuela. Lo que se sabe es que el poder militar esta aun en manos del chavismo, de modo que don Edmundo no podría gobernar. Solo provocaría una reacción del chavismo más grave aún.
Los demócratas y sus diarios han movilizado todas sus fuerzas para ver derrotado a Trump. Es posible que ocurra en las elecciones de medio término, veremos. Y esto sería una tragedia que los ecuánimes debieran comprender, antes de meter la pata nuevamente.