Cultura
‘LA NUEVA ERA DEL KITSCH’ EXPLICA UN FENÓMENO CRUCIAL DE NUESTRO TIEMPO

Del enanito de jardín al metaverso

En su cuarto libro en colaboración, el filósofo Gilles Lipovetsky y el crítico de cine Jean Serroy desmenuzan las dos revoluciones modernas del kitsch. El monumental fresco deja una enseñanza: la sobriedad es hoy una virtud que debería ser practicada a nivel global.

Estamos rodeados, es inútil resistirse. Seremos asimilados. Vamos al hipermercado y el “kitsch funcional” nos tienta. Prendemos la radio y nos asaltan las baladas y las cumbias pegajosas (el “kitsch romántico”) o las reinas del “kitsch que se pretende emancipador”, como Madonna o Lady Gaga. Viajamos y nos topamos a cada paso con el “kitsch comercial o turístico” en los shoppings (el reencantamiento del espacio de venta), los parques temáticos como Disney y los mil simulacros -en materiales espurios- de lugares o momentos célebres, o incluso de la naturaleza misma. En los templos del “kitsch popular” nos cruzaremos con la logomanía (el hombre-anuncio) y con el “kitsch gastronómico”: triple hamburguesa, triple panceta, triple queso cheddar y papas fritas extras. Si encendemos una pantalla, el kitsch en sus cien variantes posmodernas se adueña de nuestro tiempo con el metaverso, los videojuegos, los programas de entretenimiento, las telenovelas, las aventuras de superhéroes, las películas de Almodóvar, etc.. Podría decirse incluso que existe una filosofía kitsch, perceptible en la obra de Lacan o de Derrida, por citar dos casos de verba exaltada y fatua. Vivimos en la civilización del exceso y el kitsch es su forma estética predominante.

La aventura de la imitación y la exageración atraviesa un nuevo momento de apogeo. Dos pensadores eminentes se han lanzado a desentrañar lo que denominan “la segunda revolución histórica del kitsch”, caracterizada por su ubicuidad global y por una espectacular inversión de valores.

El filósofo Gilles Lipovetsky y el experto en cine Jean Serroy advierten que asistimos a un vasto cambio simbólico: el kitsch, durante tanto tiempo vilipendiado de manera unánime por las élites y los intelectuales, ahora se busca, se admira y se consagra.

La nueva era del kitsch. Ensayo sobre la civilización del exceso (Anagrama, 476 páginas) es uno de esos libros imprescindibles para entender nuestro tiempo. Fue entregado por primera vez a la imprenta en Francia en 2023.

DOS REVOLUCIONES

Con profundidad y alguna redundancia, Lipovetsky y Serroy explican que hubo dos revoluciones kitsch en la Edad Contemporánea. La primera se inició hacia 1860 y dio lugar al “kitsch burgués del siglo largo”.

Es el kitsch de la casa de nuestros padres, el de los enanitos de jardín y el millón de baratijas inútiles. En la cultura burguesa, el amontonamiento y la sobrecarga ornamental eran señales de bienestar y éxito social, sostenidas en la copia industrial de modelos artesanales y obras de arte.

Los autores evitan caer en el vicio del olimpismo y no descartan nada de plano. Advierten que el kitsch burgués también estaba vinculado al goce visual y a la fe en el progreso, e incluso a cierto avance en el amor al arte entre la gente sencilla. Era, con todo, un esteticismo de ostentación.

La segunda revolución llega, triunfante, hasta nuestros días. El neokitsch o hiperkitsch conserva los mismos puntos de anclaje -falsedad, superficialidad, oropel, exceso, mal gusto, cursilería y sentimentalismo- pero ya es tendencia global y se expande más allá de sus territorios de origen, multiplicado e intensificado por las tecnologías digitales que "hacen vivir lo falso como verdadero y la ilusión como más verdadera que lo real".

Los pensadores franceses analizan en detalle esta amplia mutación histórica: la transformación del kitsch moderno en kitsch hipermoderno, que perfila una nueva forma de civilización: la civilización del demasiado.

El neokitsch es, en efecto, una espiral hipertrófica de lo llamativo, lo divertido y lo extravagante. Ya no designa apenas un estilo exuberante, una forma de arte o un tipo de ornamentación: nombra un modo de vida orientado hacia la adquisición continua de cosas, hacia el siempre más de todo. Cuanto más vistoso, más gusta. El lujo desmesurado y paroxístico -el de Dubai o incluso el de un Chiqui Tapia- caracteriza al fenómeno en toda su dimensión social.

La segunda parte del libro describe con precisión y abundancia de ejemplos las manifestaciones actuales del neokitsch. Serroy aporta un análisis minucioso del cine; el señor es un gran admirador de Fellini.

HAY SALIDA

Conviene subrayar que Lipovetsky y Serroy no consideran el “Imperio del neokitsch” como totalitario: si bien se extiende a todos los sectores de la vida en los cinco continentes siguiendo una lógica hiperbólica -arquitectura, urbanismo, espectáculo, filosofía, diseño, marcas e incluso la autoexpresión-, no abarca la totalidad de la experiencia contemporánea ni siquiera toda la oferta comercial.

Concluyen que el cosmos kitsch no merece las condenas de siempre. En primer lugar, porque la reprobación en bloque resulta incompatible con una sociedad liberal apegada a las libertades individuales. En segundo término, porque ninguna sociedad -ninguna persona, a fin de cuentas- resiste sin cierta dosis de ligereza. Lo que hay que juzgar -proponen- es "la obra individual, ya que es evidente que la estética kitsch genera creaciones cuyo valor es muy desigual".

Insisten, pues, en que el neokitsch no es totalitario sino populista e individualista, lo cual no lo vuelve inocuo: induce a colmar la vida de cosas inútiles, suele empobrecer la existencia y la espiral materialista amenaza tanto la salud como el medioambiente. Ya existen, no obstante, manifestaciones de un kitsch verde, con Greta Thunberg como ejemplo paradigmático.

Aunque no desarrollan el punto con la profundidad que merecería, Lipovetsky y Serroy postulan que la sobriedad es, más que nunca, una virtud que urge practicar en el siglo XXI.

Este libro es la cuarta colaboración entre ambos autores, que antes habían trabajado juntos en La pantalla global (2009), La cultura-mundo (2010) y La estetización del mundo (2015).