Suplemento Económico

De noche, pero con luz

Javier Milei se decidió por realizar un cambio radical, enfrentarse a la política populista que ha llevado el peronismo durante décadas. El liderazgo necesita de coraje, Milei lo tiene, no ceja en su propósito de llevar al país lejos del camino de decadencia que significa atraer votos por cualquier medio.

Los partidos tradicionales no han comprendido los problemas económicos de la república, es por eso que, hasta el momento, el único que le hace sombra al kirchnerismo es él, por lo cual no sería raro que gane las próximas elecciones.

El Gobierno ha reducido bastante el papel del Estado, es lo que debe seguir haciendo para que sea la gente la que cree riqueza. En la Argentina la capacidad creativa fue contenida, sin advertir que el abandono de la tutela del Estado aumenta la creatividad a través de los ensayos y errores que los individuos hacen para construir su vida.

Ello precisa de un sistema político democrático. Allí donde el mercado, o sea la gente, no puede decidir tiene que hacerlo, invariablemente, un dictador. En Chile, al exmandatario Augusto Pinochet se le hizo más fácil el cambio porque era una dictadura, pudo de ese modo rápidamente sacar al país de décadas de desastres pero, al abrir la economía, minó su propia base de poder.

Si en Cuba se hiciera lo mismo, también el Gobierno la disminuiría, sería inevitable porque sobrevendría una sociedad de alta complejidad, donde la democracia es imprescindible para explicitar y reconocer los conflictos, elaborar consensos revocables sin la destrucción de bienes y personas.

En nuestro país, si Milei pudiera disminuir las regulaciones al máximo, privatizar las empresas del Estado, hacer las reformas estructurales que faltan, la democracia y la economía funcionarían mucho mejor. No es cierto, como dicen los socialistas, que la economía capitalista crea más pobres. Si esto no fuera un error los países hoy más desarrollados del mundo estarían en llamas.

APERTURA

El gran sociólogo Max Weber lo vio claramente: sostenía la necesidad que la democracia se fortificara abriendo el camino a la economía de mercado, reemplazando los controles y las incitaciones y estímulos del Estado por los estímulos naturales del Mercado.

A quienes están demasiado ansiosos por los resultados, como es el caso del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien hace bien en pedir por los pobres pero mal al no subrayar el enorme esfuerzo que está realizando el Gobierno para mejorar la situación, habría que hacerles notar que primero, de la locomotora, avanza la cabeza y luego la cola.

En este proceso muchas empresas están quedando en el camino, producto de la mudanza de sistema, sobre todo empresas estatales que no necesitaban competir. Ahora vienen productos importados, más baratos, la gente no quiere ayudar con su compra a quienes venden más caro gracias a las subvenciones, prefieren a quienes, como decía Juan B. Justo, se hagan más ricos creando fábricas y ofreciendo mejores productos y a menor precio.

Una economía internacionalista no sólo ayuda al país sino también a muchos otros. Como indica Peter Drucker: ningún monopolio, ninguna concentración de capitales en un país desarrollado puede hacer conmover demasiado la economía.

Antes era factible porque las empresas eran pocas. La economía de mercado impulsa la moral, las empresas norteamericanas lo exponen: existe poca corrupción, no se necesita de alguna política para que ello ocurra: hay autocontrol y se controlan entre ellas.

Las provincias en Argentina fueron subyugadas y algunas todavía lo son, por caudillos; su poder se ha basado en que dominan la mayor parte de la estructura económica, la mayoría de la gente trabaja para el Estado. No es dificultoso sujetarlas ya que la economía es muy simple.

Una política que favorece la autarquía se muere, lo vemos en innumerables ejemplos históricos, es claro: un modelo de desarrollo basado en las prebendas del Estado que generan corrupción no puede marchar. Los privilegios hacen que no dure, en términos históricos, mucho tiempo.

En una economía abierta, hacia la que nos dirigimos, se disminuirá el poder de las corporaciones, el de las grandes empresas. No podrán exigirle al Gobierno, como se hacía antes, que les derogue un decreto. Se reduce el poder de exigir al privatizar y aumentar el número de empresas privadas.

Sin variedad, tanto en biología como en lo social, no hay evolución, no se tendría que romper con lo espontaneo, lo cual origina producción porque ahí vive la creatividad de la naturaleza, la realidad de nuestra vida son los intercambios. En eso consiste el Mercado, la sociedad se forma para intercambiar.

En la medida que los hombres se liberan de la presión del Estado, se hacen más ricos y aumentan sus posibilidades de vida. Lo vemos claramente si comparamos la espalda del mundo 200 años atrás: el mercado un poco más libre ha permitido una mejora del nivel de vida excepcional.

AUTOCRITICA

Es hora de que los argentinos miren hacia atrás, y amen la verdad aunque sea terrible. Para ello es necesaria una opinión pública aceptada por el poder político; la racionalidad, la lógica, el enfoque científico no requieren una sociedad centralizada, planificada y ordenada como conjunto.

Karl Popper demostró que ello, además de ser autoritario, se apoya en una concepción de la ciencia equivocada y ya superada. Por el contrario, la racionalidad, la lógica y el enfoque científico apuntan a una sociedad abierta y pluralista en la que se expresen puntos de vista incompatibles y se persigan fines conflictivos.

Un mundo en el cual todos sean libres de criticar las soluciones propuestas por otros, especialmente las del Gobierno, tanto de sus proyectos como de sus aplicaciones. Ante todo una política que cambie a la luz de las críticas.

Conjuntamente, la gente con programas y políticas distintas a las del Gobierno debe ser libre de constituir un gobierno en la oposición, listo para tomar el relevo, poder organizarse, discutir, escribir y tener garantías constitucionales de acceso a los medios de reemplazo, como las elecciones libres celebradas regularmente. Por supuesto siempre que esa oposición sea democrática.

Se debe desarraigar a los enemigos de la tolerancia y de la libertad. Para que ello ocurra el Estado debe tener el monopolio de la fuerza, en vez de la sociedad. Por supuesto, es fundamental una vigilancia estricta del Estado por parte de la opinión pública, no permitirle abusos.

Las ideas de los argentinos están cambiando, les cuesta porque provienen de ideas probadas y fracasadas y porque para cambiar se requiere tiempo, se demora en absorber nuevos conocimientos, se debe desaprender y re aprender. No cualquiera puede hacerlo.

Es por eso que muchos piden al Gobierno que en vez de pelear con la oposición comunique mejor, muestre qué se está haciendo y qué consecuencias van a tener sus medidas al corto y largo plazo, tal como lo hacía Álvaro Alsogaray en su momento, por televisión, y en todos los ámbitos. Con pizarrón y puntero pedía que tuviéramos paciencia para pasar el invierno, o sea que por un tiempo soportáramos las consecuencias no deseadas, las cuales se debían enfrentar para cambiar el modelo y traer prosperidad y progreso.