Opinión
De la irrealidad, condición del arte
Por Danilo Albero
En “Milagro secreto”, Jorge Luis Borges reflexiona sobre el drama en verso que escribe el protagonista: “Hladík preconizaba el verso, porque impide que los espectadores olviden la irrealidad, que es condición del arte”. El pensamiento es válido para interpretar la obra de Alfred Hitchcock, en particular: Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), película cada día más contemporánea y que marcó, de allí en más, una estética.
Por un equívoco, Roger Thornhill (Cary Grant) se ve envuelto en una intriga de espionaje internacional, donde destellan el villano Phillip Vandamm (James Mason) con su banda y los servicios de inteligencia que manipulan a la rubia Eve Kendall (Eva Marie Saint). Roger, acosado por los malos, escapa de emboscadas y atentados para, final feliz, quedarse con la rubia. La trama es cruza de thriller y screwball comedy (comedia loca); el primero está dado por la presencia de un miedo sutil y constante, y el segundo, por el absurdo.
QUE EXPERIENCIA
Cuentan que a los seis años, el padre de Hitchcock lo envió a la comisaría del barrio con una carta para el jefe, en ella le pedía que encerrara a su hijo cinco minutos en una celda para que sintiera lo que le pasa a los malos.
La experiencia lo marcó en su manera de plasmar suspenso y terror; su estética se aparta del modelo gótico de cuartos tétricos y pasadizos lúgubres; se instala en la vida cotidiana a la luz del sol.
En Con la muerte en los talones, los picos de peligro se dan cuando Roger es perseguido por un avión en un descampado a mediodía y, en la fuga final, en el Monte Rushmore, en noche de luna llena.
La comedia loca se instala en la trama irracional de una historia inexistente, casi un vacío, es un thriller sostenido por escenas de violencia realizadas con elementos donde se evidencia que son de utilería, o protagonizadas por actores ineptos.
Un funcionario de la ONU es apuñalado por un asesino que no sabe empuñar el cuchillo, luego, como un pitcher de béisbol lanzando la pelota, lo arroja tras unos cortinados.
A este recurso, siguen escenas desopilantes: disparos con balas de fogueo, que se suceden desde que Eve simula matar a Roger; la misma pistola será usada en dos oportunidades más por los villanos, también con fines fallidos; pero, en una de las escenas finales, el sicópata Leonard (Martin Landau), lugarteniente de Phillip Vandamm, que está a punto de despeñar a Roger y a Eve, recibe, de un policía, dos disparos por la espalda. Roger, cara de Cary Grant comediante, dice: “Al fin balas de verdad”, Leonard, cara de Martin Landau, replica: “Esto es poco deportivo”, y cae al vacío.
Con la muerte en los talones sigue siendo una película contemporánea por el discurso narrativo, tratamiento de personajes y uso de la cámara.
Cary Grant ha sido el actor más elegante de la historia del cine, porta traje y corbata como segunda piel, solamente igualado por Steve McQueen en The Thomas Crown Affair y Daniel Craig como James Bond. Sin olvidar los dry martini, que Roger Thornhill bebe, será el cóctel favorito del double o seven -hasta el punto de crear la variante Vesper Martini-.
La huida de Roger -de saco y corbata sin despeinarse ni perder la elegancia- de un avión, antecede a la fuga de un helicóptero de Sean, 007, Connery, en De Rusia con amor.
SIMILITUDES Y ACTUALIDAD
Siguen similitudes y actualidad: Phillip Vandamm, mezcla de malvado y humorista, contiene a todos los villanos de las películas que sobrevendrán, entre otros el de la primera de la serie de James Bond El satánico doctor No (1962, dos años después de Con la muerte en los talones).
También en el uso de escenarios naturales famosos -Monte Rushmore-, de allí en más, estas tomas, como parte de la trama, serán recurso común a cualquier género cinematográfico.
Escribo estas líneas y me acuden Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia con las escenas en la cruz del Valle de los Caídos y nuestra Pizza birra y faso en el Obelisco de avenida Nueve de Julio.
La genialidad de Hitchcock está ser el primero en copiarse; en Sabotaje (1942) la escena final es en la Estatua de la Libertad. También con el personaje de la mujer manipulada por los servicios de inteligencia por “el bien de la patria”; en Notorious (1946) Alicia Huberman (Ingrid Bergman) es la heroína víctima, antecesora de Eve Kendall, rescatada por Cary Grant -ahora, T. R. Devlin-.
Las tomas de protagonistas vistos de frente conduciendo automóviles descapotables mientras a sus espaldas desfila el paisaje comienzan en Rebeca una mujer inolvidable (1940), se suceden en Notorious, Con la muerte en los talones, Vértigo (1958) y, en clave de parodia, en Para atrapar al ladrón (1955). En Notorious, Alicia Huberman conduce ebria a toda velocidad sin que a T. R. Devlin se le mueva un pelo ni se le desacomode la corbata; ya en Para atrapar a ladrón, Frances Stevens (Grace Kelly) conduce un convertible a toda velocidad por senderos de montaña, escapando de un auto de policía y esquivando vehículos, pero a su lado John Robie, cara de Cary Grant comediante, transpira frío, se acomoda nervioso el cabello y se seca las manos en las perneras del pantalón.
En Un día de furia de Joel Schumacher (1993), William Foster (Michael Douglas), es un divorciado que acaba de ser despedido de su empleo, causas de su frustración y rabia que lo precipitan a su muerte.
Hacia el final de la película, escapando de la policía y una banda de pandilleros, William Foster se refugia en la tienda de rezagos de guerra de un supremacista blanco, éste cree que el perseguido es racista como él, William Foster le dice que es víctima de malos entendidos y le recrimina su odio a judíos y negros; el supremacista saca una pistola y unas esposas para aprisionarlo y entregarlo a la policía. Pelean, William Foster le da una puñalada con la navaja que le ha quitado a un pandillero. Sentado en el piso, la espalda apoyada en la pared, el agonizante supremacista se arranca la navaja, la mira y dice: “Esta no es de las que yo vendo”.
Treinta y tres años después, remake de Con la muerte en los talones; cuando, en el diálogo de Leonard, con cara de Martin Landau, le dice a Roger Thornhill: “Esto es poco deportivo”.