Darío Grandinetti reivindica al teatro como un espacio de resistencia “inviolable”, a poco de iniciar una gira con el unipersonal ‘El escritor de todas las cosas’, escrito y dirigido por Javier Daulte, con el que regresará a su Rosario natal tras medio siglo de carrera artística. Con la obra recorrerá también otras localidades de la provincia de Santa Fe, y Córdoba, Mendoza, Tucumán y el norte argentino hasta noviembre.
Grandinetti compara la potencia del arte vivo, presente desde hace milenios, con la imposibilidad de ser reemplazado por la tecnología. En la misma línea, se explaya sobre la función social del artista: “El arte es peligroso para el poder. Si fuera un facho, también odiaría los que señalan todo lo mal que la ultraderecha le hizo a los pueblos a lo largo de la historia de la humanidad”, asegura el actor.
-Vuelve a Rosario cincuenta años después de tus comienzos, con un monólogo escrito para especialmente para usted. ¿Qué le genera?
-Me hace mucha ilusión y tengo mucho deseo de hacerlo. Rosario creció muchísimo culturalmente y tiene una movida teatral impresionante, con salas nuevas en barrios periféricos, que se llenan de vecinos. Me siento orgulloso como rosarino de esa movida, porque el under foguea a los teatristas y permite que los jóvenes vean temáticas a precios más accesibles.
-¿Cómo surgió la obra?
-Con Javier somos amigos de hace muchos años y siempre hablamos de esta posibilidad. Durante un almuerzo nos pusimos firmes: "Bueno, ¿de qué hablamos? ¿Sobre qué personaje?". Él hizo un repaso y me dijo cuando empezó: "Hagamos un perdedor, un tipo al que no le va bien". Yo le dije "un escritor", pero no fue por pensar que podía explotar él su mejor faceta. Porque, de hecho, este personaje no es un escritor exitoso. Y lo bueno es que tampoco es un tipo que se autocompadece.

Javier Daulte y Darío Grandinetti, amigos y responsables del proyecto.
-¿Cómo se desarrolla este autor ficcionado?
-Espera algo que va a ocurrir, que para él va a ser muy importante. Y mientras, cuenta su recorrido por el oficio con un conflicto personal que lo atraviesa desde que es chico. Habla también de las consecuencias que puede tener la palabra, en este caso, a través de la escritura. La palabra mal dicha daña y bien dicha ayuda. Es un viaje con mucho subibaja emocional y de humor.
LO DICHO
-¿Puede vincularse a la sociedad en esta era digital donde no nos damos cuenta a veces del poder de las palabras, con el llamado “discurso de odio”?
-De eso habla también la obra. Por supuesto que cada uno le va a dar la impronta que considere. Pero en la inicio, enseguida el personaje dice, mientras muestra un celular: "Esto nos convirtió a todos en escritores, más que en conversadores". La gente ahora manda textos. La palabra dicha perdió mucho valor.
“Hoy cualquiera puede decir cualquier cosa y se escuda en el derecho a opinar”, añadió. “Sí, claro, tenés derecho a opinar, pero no a dar cualquier opinión. Tu perspectiva termina donde lastimas a alguien, donde tu opinión no está fundamentada. Si tu opinión es una estupidez que no tiene ningún fundamento, no podés agredir, humillar o lastimar a otro”.
-Pasan los años, cambian las épocas, y a pesar de todo el teatro resiste.
-El teatro es inviolable. Con el teatro no van a poder. No hay manera de poner un holograma arriba del escenario porque tendrías que meter trescientos hologramas en la butaca. Es un arte vivo desde mil años antes de Cristo.