El único programa económico eficiente es aquel que genera empleo. Todo lo demás forma parte de la discusión política, la postura ideológica, las preferencias personales, la manera de pensar un país y de engarzarlo en el mundo. Materia discutible y no siempre prioritaria.
Ese es el eje de las políticas económicas que llevan adelante las potencias globales. Por la imperiosa necesidad de crear puestos de trabajo mediante los cuales los ciudadanos se ganen el sustento diario es que Donald Trump disparó una andanada de aranceles que afecta a todo el globo; por eso China avanza en su estrategia exportadora con la Ruta de la Seda; por eso la Unión Europea resiste el acuerdo con el Mercosur. No es algo difícil de entender.
Los gobiernos del mundo se desviven por crear empleo dentro de su territorio porque es a partir de contar con una población ocupada, que percibe sus salarios, que se pone en marcha la fructuosa rueda de la economía a partir del consumo.
En la Argentina el Gobierno desdeña este factor que, lejos de ser menor, resulta la base misma para la consolidación de una sociedad sana y con futuro. En la bitácora libertaria el único punto relevante es el equilibrio fiscal, sostenido a rajatabla.
La economía libertaria crece impulsada por la exportación de materias primas -principalmente granos sin procesar- y el aceitado flujo de los negocios financieros. Una fiesta de pocos. Estas dos actividades terminaron pariendo el 4,4% que registró la actividad económica en el 2025, según datos del Indec.
“Las ramas de actividad con mayor incidencia negativa fueron Industria manufacturera y Comercio mayorista, minorista y reparaciones”, recalca el documento del organismo con respecto al mes de diciembre. El primer rubro arrojó un número negativo del 3,9% interanual, mientras que el segundo se retrajo 1,3%.
No hay contemplaciones para el sector productivo industrial en el Evangelio libertario. Todo aquello que no sea competitivo frente a sus pares locales y también ante la oferta importada, no tiene razón de ser. Su existencia no está justificada.
Esto no sería un problema grave si no fuera porque la industria, el comercio y la construcción -se retrajo 12,8%- son los rubros que mayor peso tienen en la creación de empleo.
En la Argentina la tasa de desocupación es del 6,6% pero la acelerada dinámica de cierre de empresas en el último año hace pensar que ese número podría dispararse en breve.
LOS PRECIOS
El presidente de la Nación, Javier Milei, suele repetir como un mantra aquella frase que explica el origen de la inflación, ese flagelo que la Argentina no termina de quitarse de encima. “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, pregona. ¿Y si no fuera tan así? ¿Y si otros factores también resultaran preponderantes?
Pese al fuerte apretón monetario, insólito para la Argentina, los precios no perdonan. El último registro de la inflación de enero arrojó un 2,9%, cuando el equipo económico esperaba que a esta altura del año el indicador ya estuviera por debajo del 2%.
Peor aún, motorizado por un rubro sensible como lo es Alimentos y Bebidas no alcohólicas, todo indica que el IPC se mantendrá estable en estos guarismos. Hace rato ya que las consultoras económicas están recalculando sus proyecciones.
“Llegó a un piso de 1,5% en mayo del año pasado pero a partir de ahí fue todo al alza. Son nueve meses en que la inflación sube. Está bien que hubo elecciones, se apreció el dólar y todo eso arrastró los precios de los bienes hacia arriba, pero la verdad es que pensaba que para enero la inflación iba a ceder. Va a bajar pero no se acercará al 10% anual que prometió el gobierno en el presupuesto. Va a estar más cerca del 20% anual”, le dijo a La Prensa el economista Iván Cachanosky hace una semana.
El economista Emmanuel Alvarez Agis, titular de la consultora PxQ, fue claro: “Desde que comenzó el año el Gobierno absorbió dos millones de pesos. Esto no es garantía de que la inflación baje porque, como dice Cavallo, como dice Oliver Blanchard -exdirector del Fondo Monetario Internacional-, como digo yo hace diez años pero me tratan de loco, la inflación no es un fenómeno monetario.
¿Eso implica que se puede imprimir infinito? No. Implica que es un poco más complejo que controlar una y sólo una variable”.
Domingo Felipe Cavallo, otrora considerado por Milei el mejor ministro de Economía de la historia argentina, no ahorró munición para con su discípulo y enfatizó que el Gobierno debe avanzar hacia un plan de Convertibilidad, pase de magia que Mingo puso en práctica en la década del ‘90, un tiempo ya lejano que parece estar de regreso.
Entre los análisis de las consultoras no cunde el pesimismo pero sí la cautela. El último informe de la Fundación Capital, firmado por el economista Carlos Pérez, asegura: “El 2026 inicia con el importante desafío de evitar que la inflación se acomode en el 3% mensual. La aceleración inflacionaria que comenzó a mediados del 2025, sumado a factores puntuales como el aumento de la carne y los servicios regulados, además del impacto de estacionales, le ponen un piso elevado al IPC de febrero y marzo (no bajarán del 2,5%)”.
El experto explica las razones por las cuales las tendencias alcistas persistirán. “El precio de la carne continúa aumentando. En detalle, el precio del novillo se incrementó un 7% promedio en febrero, acumulando una suba del 37% desde noviembre (mercado de Cañuelas). El traslado del alza al mostrador suele ser significativo pero gradual”.
Como quien se muerde la cola, en su afán por sanear el sistema el mismo gobierno termina por impulsar la suba de precios, aunque contra su voluntad. “Alcanzar un nuevo superávit primario demandará continuar en la reducción de subsidios económicos, presionando sobre las tarifas de servicios públicos. En efecto, se prevé que continúen los incrementos en los servicios regulados, en un marco de necesidad de continuar recomponiendo precios relativos”, argumenta la Fundación Capital.
Mientras tanto, el consumo exhibe señales confusas. Los supermercados lograron una mejora del 2% en sus ventas totales, con un ticket promedio de $37.244, pero las compras en los centros mayoristas retrocedieron un 6,8%. Los shoppings, en cambio, lograron un incremento interanual en las ventas del 16,1% interanual, pero a precios constantes cayeron 2,4%.
La Cámara Argentina de Comercio también hizo saber de sus números negativos en torno al consumo, con una caída del 0,8% en febrero. Una perlita: cerraron 700 locales dedicados a perfumería en los últimos dos años.
Para entender la relevancia del consumo interno en la economía alcanza este dato: representa el 80% del Producto Interno Bruto.
IMAGENES SEPIA
Consolidado en el poder tras el respaldo electoral recibido en la contienda legislativa de octubre pasado, y sin una oposición organizada que pueda hacerle sombra, el Gobierno avanza a paso redoblado con las reformas estructurales.
El camino se presume estable, pese a que en el radar de algunas universidades aparecen señales de alerta. Sin ir más lejos, el Indice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Di Tella fue en febrero de 2,38 puntos, nivel que representa una leve disminución de 0,6% respecto del mes anterior. Nada grave.
Pero volvamos al principio. Mientras el mundo traza sus estrategias comerciales a partir de la necesidad de fomentar la creación de empleo y de sostener posiciones geopolíticas clave, la Argentina avanza a contracorriente. Unos imponen aranceles, se vuelven proteccionistas, aplican subsidios a la producción nacional. Aquí se corre en pos del ideal del libre mercado.
Tan es así que durante la semana trascendió que el Gobierno dejó sin efecto el arancel antidumping del 28% que desde 2020 gravaba las importaciones de hojas de aluminio provenientes de China. Hizo, además, oídos sordos a los reclamos de Aluar, principal afectada, una empresa que tiene una dotación de empleados de 2.300 personas en forma directa, con una prolongada cadena de empleo indirecto.
El plan económico genera daños colaterales de relevancia en el sector productivo, principal creador de empleo. Aferrado a su dogma libertario, Milei y su ministro de Economía, Toto Caputo, no le dan tregua a la apertura. Nadie debe pagar un producto más caro si puede adquirirlo a menor precio, importado.
La lógica es riesgosa. Los argentinos lo han experimentado en el pasado con resultados nefastos. Al comienzo la idea surge seductora, hasta que se eslabona la cadena compuesta por la quiebra de empresas-desempleo-caída del consumo-crisis-nuevas quiebras-más desempleo. Y esa dinámica, se sabe, es socialmente insostenible.