Cultura
LUIS CARLOS PRESTES EN LA PLUMA DE JORGE AMADO

Culto al revolucionario comunista

Según la opinión predominante, Jorge Leal Amado de Faria (1912-2001) es una de las glorias de la literatura brasileña. Pero tuvo una canallesca fase estalinista que se estiró hasta los años sesenta. Durante esa etapa, escribió buenas novelas y una hagiografía del revolucionario Luís Carlos Prestes, que acaba de ser reimpresa en Buenos Aires por el Fondo de Cultura Económica. Sobre esta última, discurrirá este artículo.

El Caballero de la Esperanza, Vida de Luís Carlos Prestes" (380 páginas) se entregó a la imprenta por primera vez en 1942. Fue en Buenos Aires, en español y con el patrocinio del Partido Comunista. "Era un libro político, escrito para la campaña por la amnistía, por la libertad de Prestes", explicaba el autor, protegido en el exilio por Rodolfo Ghioldi ("el gran líder del proletariado argentino") y Carlos Dujovne. Aquella edición argentina fue secuestrada y quemada años después por orden del Presidente Juan Perón, ese demócrata cabal.

La primera edición en portugués data de 1944. La de 2022 incluye en la tapa la siguiente leyenda: "En Brasil este libro fue un arma en lucha contra el fascismo", que no era otro que el Estado Novo de Getulio Vargas, el trágico presidente que envió tropas brasileñas para luchar contra los nazis en Italia, junto a los estadounidenses: "los inmortales de Monte Castelo".

A decir verdad, Jorge Amado juega limpio. Anticipa en uno de los prólogos que la verdad histórica se subordina totalmente a sus fines políticos. "Y en cuanto al equilibrio y la imparcialidad referentes a Luis Carlos Prestes son cosas que no es necesario medir...", advierte.

Dijimos "hagiografía", ¿verdad? Es que el libro es una interesante y radical combinación de historia de los santos, panfleto, culto a la personalidad estalinista e idolatría precristiana. Lo mejor es la prosa. Amado simula ser un narrador oral de historias (el mismo procedimiento de Guimaraes Rosa en su novela cumbre). Le relata "a su negra" vida y obra de un héroe, "de la estrella que ilumina a los hombres" (abundan las metáforas de tinte religioso). Explica el autor que su estilo es el rimance; es decir romance (novela en portugués) con rima; prosa poética, pues. El bahíano era uno de esos escritores románticos que saben componer una frase hermosa.

CARAPINTADISMO

Para quienes no lo conocen, digamos que Prestes fue una suerte de militar carapintada que en la década del veinte, asqueado por la corrupción y la explotación de los desvalidos, se alzó en armas contra la República oligárquica. Entre 1924 y 1927, con una columna de no más de tres mil almas (en su mejor momento) cruzó veintiséis mil kilómetros jugando al Robin Hood, "sembrando las semillas de la revolución". Libró con un increíble éxito cincuenta y tres combates y cientos de tiroteos menores desde Río Grande do Sul a Tocantins. Amado compara las hazañas de la Gran Marcha con las de San Martín y Bolívar, ¡y éste es uno de los elogios menores! La Columna "fue la línea del corazón trazada en la mano de Brasil", escribió.

Lo cierto es que Prestes nunca pudo ser derrotado por los más experimentados generales de su Patria. Partió al exilio, primero en Buenos Aires (es notable como los gobiernos de la Unión Cívica Radical protegían a los putschistas brasileños), luego en la Unión Soviética, desde 1931. Tras trabajar para la KGB "desenmascarando saboteadores", el teniente brasileño se convirtió en una agente del Komintern. Página 248: Fue electo, "en el Séptimo Congreso para el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista como una de las cabezas dirigentes del proletariado mundial, al lado de Stalin, de Dmitrov y de Mameiski..."

Resulta triste comprobar cómo Jorge Amado ignoraba o minimizaba los crímenes de la más aberrante versión del bolchevismo. En la página 245, llama a la URSS "patria de la ciencia, la cultura, la belleza y la libertad". Justifica, incluso, las grandes purgas: "En el país de la Unión Soviética, amiga, en aquellos tiempos existieron los traidores que el pueblo ajustició después"... El viejo truco del progresismo: llamar "pueblo" a los esbirros de una demencial y poderosa Voluntad de Poder.

Esa ceguera ideológica -seguramente voluntaria- contrasta con la minuciosa denuncia del horror en las cárceles de Getulio Vargas, mazmorras donde Luís Carlos Prestes pasó nueve años tras su regreso clandestino a Brasil en 1934. Para conseguir su liberación, Amado escribió este libro de moralidad tuerta, como la de todos los militantes. Definitivamente, los intelectuales más valiosos son los librepensadores.

Sólo resta destacar que el manifiesto jacobino incluye pasajes de crítica literaria muy sabrosos. Con frases como dagas, Jorge Amado asesina el modernismo, en cuanto expresión podrida del arte por el arte y la subordinación cultural de los latinoamericanos a las modas que vienen de Europa. Llega a decir que Prestes ""salvó a toda una generación de escritores brasileños de la metafísica y los devaneos y la llevó a estar cerca de los problemas de Brasil""... El escritor comprometido de Bahía quería ser un adalid del "realismo socialista". ¡Ja! Otra moda que importamos de París y Moscú.