Si Antonio Tabucchi llegó a ser el más admirado escritor italiano de su generación, se debió en gran medida a su faceta de novelista, con títulos como Nocturno hindú, La línea del horizonte y, muy especialmente, Sostiene Pereira, su obra más famosa, la que más lectores atrapó y la que mejor trasladó su encanto al cine, gracias al recordado papel protagónico de Marcello Mastroianni.
Pero Tabucchi (Pisa, 1943-Lisboa, 2012) fue también un excelente cuentista. Una buena oportunidad para comprobarlo la ofrece la edición de todos sus relatos que distribuyó por estos meses Anagrama en su colección Compendium. En las casi 550 páginas del volumen titulado Cuentos se reúnen los cinco libros que Tabucchi dedicó al género entre 1981 y 2009 en un verdadero muestrario del estilo, las ideas y la pericia narrativa del más portugués de los escritores italianos.
Los viajes en tren, la magia del teatro y del cine, las insufribles heridas familiares, el embrujo de Lisboa, las conspiraciones en la política o en los negocios, los malentendidos, el sorpresivo revés de las cosas, los amores fallidos o clandestinos o trágicos. Esa enumeración condensa pero no agota los temas de unos cuentos que Tabucchi eligió situar casi siempre en la frontera entre la realidad más prosaica y los pliegues recónditos de la conciencia y el recuerdo.
MISTERIOSOS
Por estar en esa tierra de nadie los relatos, incluso los que en apariencia resultan más anodinos, adquieren un halo de misterio potenciado por la técnica literaria de un autor que mezcla tiempos y personas narrativas, da rienda suelta a soliloquios o monólogos interiores, alterna hechos reales, imaginados o recordados y que nunca apuesta al desenlace efectista y tranquilizador. Como en toda literatura que busque perturbar, y la de Tabucchi lo intenta en cada página, son los lectores quienes deben cerrar el círculo y detectar la explicación más persuasiva de unas historias complejas y enigmáticas. "Mientras más precisión existe en los detalles, más misterioso se torna el relato", resumió Sergio Pitol, rendido admirador del italiano.
Con los mejores de estos cuentos la relectura no sólo es recomendable: también se vuelve imprescindible. En "Las tardes de sábado" un relato inocente, doméstico, narrado en primera persona por un muchacho que vive con su madre y su hermana menor, vira hacia una inquietante historia de fantasmas cuyo dato escondido central del pasado es la muerte trágica del padre. ¿Pero quiénes son los fantasmas? ¿Son la madre y la hermana? ¿Es el narrador? ¿O aquel otro que alega ver la hermana pero nadie más? Nunca lo sabremos a ciencia cierta.
"Any where out of the world" está escrito en una suerte de estilo indirecto libre en segunda persona y sin puntos y aparte. Gracias a esos recursos, el cuento se presenta como una interpelación al protagonista, de quien vamos sabiendo, entre los numerosos meandros de la narración, que estuvo implicado en un triángulo amoroso que terminó muy mal. Pero ese dato, esencial, termina casi filtrándose a través de la intrincada estructura erigida por Tabucchi, y sus pormenores nunca quedan del todo establecidos.
En ese cuento Baudelaire había sido el "numen tutelar", empezando por el título, extraído de Le spleen de Paris. Pero no es esa la única alusión literaria o artística repartida a lo largo de la colección.
Los protagonistas de "El pequeño Gatsby", por caso, son personajes sacados de las obras de Fitzgerald en quienes la ficción se mezcla con la turbulenta vida real de su creador estadounidense.
De "Teatro", en cambio, emana el espíritu de Conrad. Transcurre en 1934 en Mozambique, cuando aquel territorio africano "era una colonia poblada por gente extravagante y grandes soledades, con inquietantes sombras serviciales, presencias raras y fantasmales". Allí un funcionario imperial portugués, enviado a un nuevo destino perdido en la selva, conoce a un famoso actor británico expatriado por razones nunca aclaradas. Traban amistad y por seis meses el actor representa toda la obra de Shakespeare ante la admirada fascinación del funcionario, único espectador del prodigio.
Hay también un libro entero, Dama de Porto Pim, el segundo de narraciones breves escrito por Tabucchi, que combina historia, anécdotas y ficciones centradas en las islas Azores ("Montes de fuego, viento y soledad") y en las experiencias de sus navegantes y balleneros, quienes, desde luego, descienden de Melville.
La venganza es otra de las inspiraciones de Tabucchi. Puede ser explícita, como en el sencillo y poético "Dama de Porto Pim", o sugerida, como en "Los trenes que van a Madrás", cuya anécdota se reduce a una conversación reveladora entre dos pasajeros -uno de ellos, el narrador- en el compartimento de un tren de lujo en un viaje nocturno por la India. También hay venganzas en "Los hechizos", uno de los varios relatos que tienen a niños como protagonistas o narradores, aunque en ese caso se operen de un modo fantástico o imaginario.
EN PORTUGAL
Y Portugal, la patria de adopción de Tabucchi, no podía estar ausente de la recopilación. Aparece ya en el primer cuento del primer libro incluido, al que da título. "El juego del revés" recorre en dos planos temporales el amor adúltero entre un hombre italiano -el narrador- y una mujer portuguesa casada, de cuya muerte se informa al comienzo del relato. Esa relación nació signada en más de un sentido por la clandestinidad y por una forma de ficción, el "otro lado de las cosas", que el narrador no había llegado a imaginar.
En "Noche, mar o distancia" el escenario es el Portugal de 1969. El argumento cruza a un grupo de poetas contestatarios con un intimidante agente de la policía política del régimen de Salazar. Pero lo que al principio parece limitarse a un relato de denuncia política, bien que escrito de manera oblicua siguiendo a un indefinido narrador que dice "imaginar" los hechos, se transforma hacia el final en lo que también puede ser una historia de amor, traición y delación.
Amigo de las narraciones de interpretación múltiple, Tabucchi se animaba a jugar a ese juego incluso con los relatos de trama política. Podemos agradecerle que su indudable progresismo no le haya impedido escribir "El rencor y las nubes", por ejemplo. Su personaje central es un desagradable intelectual de izquierda, profesor de literatura experto en Antonio Machado, que vive obsesionado con hacer "carrera" en el mundo académico. A ello sacrifica todo: su esposa, su hija, la generosa ayuda de su mentor y la mínima coherencia entre sus ideas declamadas y el trato cotidiano con sus semejantes.
Parece el fiel representante de una fauna que Tabucchi debe haber conocido muy bien en su vida de profesor y escritor consagrado, y a la que retrata con llamativa ironía de inconformista. Una de las últimas sorpresas en un volumen cargado de asombros.