Política
El rincón del historiador

Cuando se descubrió una salina cerca de San Miguel del Monte

La necesidad de sal y su costo fue una preocupación constante de las autoridades, ya en 1722 el Cabildo de Buenos Aires por esta razón creyó necesario llevar a cabo un reconocimiento del territorio que separaba la capital de la gobernación de las Salinas Grandes.

Como suele suceder todo llevó mucho tiempo, y nuestras extensas pampas seguían en 1786 a diez años de la creación del virreinato, sin un completo relevamiento. Si bien se habían instalado antes, en 1779 se dispuso de una línea de fortines para contener el avance de los indios, las guardias de Luján y la de San Miguel del Monte, servían de punto de partida y de llegada de las expediciones que para el oeste y para el sur, se adentraban en tierra ocupada por el indio.

En la reciente reedición de La Guerra de la Frontera. Luchas entre indios y blancos. 1536-1917 (Editorial Kanon) nos recuerda Miguel Ángel De Marco que la sal era una especie costosa porque venía de España; la más cercana a la ciudad se encontraba en La Salada, en la costa del Riachuelo y después en las proximidades de la laguna Mar Chiquita en Córdoba y en algunas zonas de la Patagonia.

Aunque descubierta en 1668 recién en 1716 se realizó una expedición con el aval del Cabildo porteño, para obtener el producto y también para reconocer los lugares y hacer inteligencia sobre el avance de los indios, para lo que se invitó a todo el vecindario. La seguridad a las carretas la daban algunos soldados del presidio y una pequeña compañía de milicianos.

Del mismo modo las autoridades trataron de atraerse el favor de los caciques amigos permitiéndoles a los que poblaban la zona próxima a las Salinas Grandes, vender la sal extraída de ellas, originando un comercio: pero fueron desplazados de estas actividades.

Quizás la más importante de las expediciones fue la que encomendó el virrey Vértiz en 1778 al maestre de campo Manuel Pinazo, quien marchó al frente de una caravana compuesta por 600 carretas, 12.000 bueyes, 2.600 caballos y cerca de 1.400 personas entre soldados, conductores, boyeros, etc.; lo que nos da una idea de la importancia que revestía el abastecimiento del producto.

En 1786 el Cabildo envió una nueva expedición al mando nuevamente de Pinazo, que ya se había retirado del servicio, pero apenas pudo fletar 250 carretas y unos 350 efectivos; lo interesante de este excursión es que se unió el piloto Pablo Zizur, marino y experimentado cartógrafo que hizo un cuidadoso relevamiento del lugar, y un diario del viaje.

DE ANGELIS

El napolitano Pedro de Ángelis radicado en Buenos Aires en 1823, se preocupó en reunir un notable conjunto de documentos referidos a nuestra historia. Justamente en su Colección de Obras y Documentos dio a conocer algunas obras de interés, como el diario de Pablo Zizur. Sobre las expediciones en busca de la sal apuntó: “Eran acontecimientos económicos y de diversión. Por el número de carretas desplazadas, la cantidad de gente movilizada y las transacciones que podían llegar a hacerse, podía quizá equipararse a un pueblo en movimiento, o bien a una gran feria ambulante aunque su fin principal no era el comercio. El mayor valor económico estaba en la extracción de un bien muy preciado en esos momentos, la sal, que daba provecho a los particulares y al Estado, que gravaba su venta. El aspecto de feria estaba dado en el hecho que las tribus de indios que habitaban las zonas próximas a la ruta de la caravana, cuando se enteraban de la marcha de la expedición, se acercaban y solicitaban permiso para intercambiar sus productos por yerba, tabaco, bebidas y algún otro objeto”.

Quizás la más conocida de estas expediciones fue la del coronel Pedro Andrés García ordenada por la Junta de gobierno en junio de 1810, que partió de Luján a mediados de octubre y regresó al mismo punto dos meses después.

Un dato interesante hemos encontrado de una mina de sal en San Miguel del Monte. En La Gaceta Mercantil del 18 de marzo de 1829, se transcribe esta carta dirigida a don Vicente González, juez de paz de San Miguel del Monte, fechada en Tapalqué el 31 de enero: “Mi amigo: Ayer ha salido un oficial a traer una carga de sal para remitirle al Señor Gobernador que ha descubierto el cacique Cachul sobre el Salado en las inmediaciones de Los Cerrillos. La muestra que he visto la he confrontado con la de la Isla de Mayo que tengo aquí y me parece lo mismo, Cachul dice que es igual a la de nuestra Laguna de Salinas y que cavando se puede sacar cuanta se quiera. El hallazgo lo hizo hace tiempo habiéndosele hundido el caballo al tiempo de pasar y ahora da las señas del lugar a su hermano para que traiga la muestra que ha presentado al teniente coronel D. Mariano Espinosa como prueba de amistad. Marcos Balcarce”.

La carta fue publicada en la Gaceta Mercantil porque la remitió a la redacción don Juan Nepomuceno Terrero, socio de Juan Manuel de Rosas en la estancia Los Cerrillos y dueño de un saladero en Quilmes, imaginemos el beneficio de contar con un elemento para esta industria mucho más cercano, lo que abarataba notablemente el flete. Sin duda Vicente González, comunicó la novedad a Terrero, familia con la que tuvo tanta cercanía como que fue sepultado en la bóveda de ellos en la Recoleta; sin dejar de mencionar que fue uno de los más fieles de Rosas, al decir de Martiniano Leguizamón. En la estancia estaba el rancho de don Juan Manuel, digamos de paso que la propiedad pasó a la familia Bemberg, que encontró el rancho tal como se ve en la foto que ilustra la nota, y que en diciembre de 1987 en generoso gesto durante la gestión del doctor Raúl Iribarne, decidieron donarlo y trasladarlo con un impresionante dispositivo a la ciudad de Monte, donde se exhibe hasta el presente.

CACHUL

No olvidemos en este relato a Cachul, el personaje que descubrió esa mina de sal. se había establecido con su tribu en la zona de Tapalqué, se habría de unir con el Catriel en Tandil, a la expedición al desierto que comandaba Rosas, quien dijo del cacique: “Cachul no es hombre de pelea, sino de política y así es que yo jamás lo he ocupado en dicha pelea por el contrario siempre he cuidado de un modo indirecto que no marche a ella, porque sabía que no había de hacer sino barros. Más este mismo hombre flojo en la pelea es muy valiente en los consejos de la política sabiéndolo conducir; es entonces muy útil y de mucho acierto en sus discursos. Y de aquí mismo se deduce la razón para creer que si se le desagrada y él se propone enredar con su astucia en el manejo de la política puede hacer un mal inmenso”.

Vayan estas líneas, para recordar que el 18 de noviembre San Miguel del Monte, celebró el 246º aniversario de su fundación, oportunidad en la que además de los actos oficiales, un grupo de descendientes de irlandeses que comenzaron a afincarse en la zona como criadores de ovejas al promediar el siglo XIX con el auspicio de la Asociación de Estudios Irlandeses del Sur realizaron un encuentro donde se tocaron estos temas que tienen que ver con la historia y el patrimonio local.