Opinión
A 90 AÑOS DEL COMIENZO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Cuando la política dejó paso a las armas


Por Hernán Labate *

Hace noventa años, España ingresaba en uno de los períodos más oscuros de toda su historia. El 18 de julio de 1936 no fue simplemente el inicio de una guerra: fue el momento en que una sociedad profundamente enfrentada dejó de discutir sus diferencias en el terreno de la política para intentar resolverlas por medio de las armas. Lo que siguió durante casi tres años transformó para siempre el destino del país y dejó heridas que todavía hoy forman parte de su memoria colectiva.

La sublevación militar encabezada por Francisco Franco pretendía derribar en cuestión de horas al gobierno de la Segunda República. Los conspiradores suponían que las principales ciudades quedarían bajo su control inmediatamente. Sin embargo, el fracaso parcial del levantamiento alteró todos los cálculos. Allí donde el golpe no triunfó comenzó una guerra que nadie había previsto tan larga ni tan devastadora.

Las raíces del conflicto eran mucho más profundas que el propio levantamiento militar. España llevaba décadas atravesada por una fuerte desigualdad social, una economía atrasada y un sistema político incapaz de ofrecer respuestas estables. La pérdida de las últimas colonias en 1898 había generado una profunda crisis nacional. Intelectuales, militares y dirigentes políticos debatían cómo reconstruir un país que parecía haber perdido el rumbo mientras crecían las tensiones entre quienes reclamaban reformas y quienes buscaban conservar intacto el orden tradicional.

ENORMES EXPECTATIVAS

La proclamación de la Segunda República, en abril de 1931, abrió una etapa de enormes expectativas. Se impulsaron cambios en la educación, la organización territorial, la relación entre el Estado y la Iglesia y la estructura de la propiedad agraria. Para unos representaba la posibilidad de modernizar definitivamente España; para otros, una amenaza directa contra valores y privilegios que consideraban irrenunciables.

La convivencia comenzó a deteriorarse rápidamente. La revolución de Asturias de 1934, la creciente violencia callejera y la radicalización de organizaciones de izquierda y de derecha fueron alimentando un clima donde cada elección parecía convertirse en un plebiscito sobre la supervivencia del país. Cuando el Frente Popular obtuvo la victoria electoral en febrero de 1936, muchos sectores conservadores concluyeron que el camino institucional había dejado de ser una alternativa.

IDEOLOGIAS DEL SIGLO XX

La guerra convirtió a España en un escenario donde también comenzaron a enfrentarse las grandes ideologías del siglo XX. Mientras la Alemania nazi y la Italia fascista brindaban un apoyo decisivo a los sublevados, la Unión Soviética asistía a la República y miles de voluntarios llegados desde distintos países integraban las Brigadas Internacionales convencidos de que allí se jugaba el futuro de Europa. Las democracias occidentales, en cambio, optaron oficialmente por la política de no intervención, una decisión que terminaría inclinando el equilibrio militar. Los combates dejaron escenas que conmocionaron al mundo. El bombardeo de Guernica en abril de 1937 mostró por primera vez el impacto sistemático de la aviación sobre la población civil y se convirtió en un símbolo universal de los horrores de la guerra. Pablo Picasso inmortalizó aquella tragedia en una de las obras más influyentes del arte contemporáneo, transformando un episodio local en un emblema del sufrimiento humano.

Cuando Madrid cayó el 28 de marzo de 1939, el desenlace ya era inevitable. Tres días más tarde Franco anunció oficialmente el final de la guerra. Detrás quedaban cerca de medio millón de muertos, cientos de miles de presos, otro tanto de exiliados y un país material y moralmente devastado. Familias enteras quedaron separadas durante décadas, mientras el miedo y el silencio pasaban a formar parte de la vida cotidiana.

La victoria franquista dio origen a una dictadura que se extendería hasta 1975. Durante treinta y seis años, España vivió bajo un régimen autoritario caracterizado por la represión política, la censura y la persecución de quienes habían apoyado a la República. Para millones de españoles, la guerra no terminó en 1939: simplemente adoptó otras formas.

ENORME ACTUALIDAD

Noventa años después, la Guerra Civil Española continúa siendo una advertencia de enorme actualidad. Ninguna democracia colapsa de un día para otro. Antes de que aparezcan los fusiles suelen deteriorarse el respeto por las instituciones, la confianza entre los ciudadanos y la disposición a aceptar que quien piensa distinto también tiene derecho a participar de la vida pública.

Recordar aquel 18 de julio no implica reabrir viejas heridas. Significa comprender que las sociedades pueden acostumbrarse lentamente a la intolerancia hasta que un día descubren que han perdido la capacidad de convivir. España pagó un precio inmenso por ese aprendizaje. Su historia recuerda que las palabras pueden evitar guerras, pero también que, cuando dejan de utilizarse para dialogar, muchas veces son reemplazadas por la violencia.

* Escritor y abogado. Autor de ‘Sin tu venia’ y ‘Un puente en la niebla’.