Por Gonzalo P. Miño
Hay que hacer todo lo posible, para acelerar al máximo los tiempos para demostrar que el único camino posible es retornar al estado de derecho.
¿Qué se puede escribir ya que no se haya escrito sobre el “mundo lesa”? ¿qué se puede decir que ya no se dijo sobre las groseras arbitrariedades jurídicas y judiciales que se vienen cometiendo desde hace casi 23 años?
¿Qué se puede decir de la desaprensiva actitud de una gran mayoría de los retirados que ya no se haya dicho o escrito, respecto al elegido “perfil bajo” que se traduce en el irritante “estoy en zona de riesgo camarada” o “…y, que se puede hacer…”?
Lamentablemente se ha naturalizado que estos juicios denominados “de lesa” corren por carriles separados al del debido proceso y del estado de derecho, que son “juicios especiales” donde la ley es lo que dicen los fiscales y los querellantes, agregando requisitos que la misma no tiene ni pide.
Encima, quienes vociferaron que venían a dar la batalla cultural, y que en campaña electoral exclamaron que “lo de los 30.000 era mentira” y “que en los 70 hubo una guerra donde se cometieron excesos”, pasaron rápidamente a sentenciar “no es parte de mi agenda”.
De anverso, como no podía ser de otra forma, “la orga” de los derechos humanos, a través de su ariete el Ministerio Publico Fiscal, no detiene su marcha, llegando incluso no solo a seguir abriendo causas mediante delirantes imputaciones sino que hasta le solicitan a los jueces que no apliquen los fallos de la Suprema Corte que le son adversos, como el fallo “Castillo” que le pone coto a las eternas prisiones preventivas.
LA TRISTE REALIDAD
La verdad, este tema del “mundo lesa” ha quedado reducido a una pequeña discusión entre esa “orga” de los derechos humanos y algunos retirados -los condenados y los pocos que los asisten-. A la sociedad no le importa el tema, ni le interesa ya, mientras que la casta política solo está preocupada en sus propios intereses, importándole poco y nada los destinos de la Nación. Es la triste realidad.
Y es que, como siempre decimos, nadie va a pelear una guerra que sus propios interesados no pelean. “El tiempo pasa y el pescado sin vender”, dice una coloquial frase muy usada en nuestro país.
Impensadamente, pues nadie lo tenía en la mira, ni de un lado ni del otro, el tiempo va haciendo su trabajo. Tras casi 23 años de tramitación de estos juicos, muchos jueces federales comienzan a manifestar su hastío de seguir con estas causas “in eternun”. Es evidente el mal humor de les causa hacer “largos juicios” contra imputados que ya han sido condenados dos o tres veces, escuchar los ya disparatados planteos de los fiscales y querellantes advirtiendo que, en realidad, estos procesos se transformaron en una verdadera “cacería de brujas”; mientras tienen que cumplir con la extensa carga laboral que impone el nuevo Código Federal Procesal.
23 AÑOS DE JUICIOS
Justamente tras estos 23 años de juicios, ya fueron condenados los generales, los Altos Mandos, los Jefes, incluso en reiteradas oportunidades, estando ya la mayoría fallecidos y los pocos que quedan vivos en condiciones de acceder a la libertad condicional por el excesivo tiempo que llevan detenidos, incluso en condena. Por ello los fiscales insisten una y otra vez en abrir nuevas causas, para impedir que ello suceda; a la par que comienzan a perseguir a quienes en ese momento eran tenientes, subtenientes o simples agentes de policía; incluso se lleva al absurdo de pretender llevar adelante estos juicios aunque el imputado este muerto solo para declarar su responsabilidad penal, aunque no se lo condene. Todo para seguir con lo que alguien alguna vez llamó “el curro de los derechos humanos”.
Los togados, que como ahora se dice “la ven”, se dan cuenta que la finalidad de todo esto no es otra cosa que perpetuar estos juicios y ya no están dispuestos a seguir siendo una mera escribanía de fiscales y querellantes.
La férrea e intransigente oposición de fiscales y querellantes a que se les restituya los haberes de retiro y la obra social a los dados de baja es la prueba que estos procesos penales no buscan Justicia, sino venganza.
“La sociedad hoy nos pide otra cosa”, ya se escucha decir desde muchos despachos judiciales.
DOS PROBLEMAS
Ante ello, hay dos problemas. Uno, que aún se mantiene en pie lo “políticamente correcto” tanto en los medios de comunicación como en la casta política, razón por la cual los fallos ajustados a derecho salen a “cuenta gota”.
El otro es que el tiempo es demasiado lento en su inexorable tarea y los “viejos” no tienen margen de maniobra para esperar que haga su despaciosa labor. “La orga” de los derechos humanos sabe esto y por ello a través de su brazo ejecutar, los fiscales militantes que “coparon” las Unidades Fiscales de Derechos Humanos, hace todo lo posible para retrasar al máximo este imparable proceso, apoyados por todavía demasiados jueces, militantes varios y timoratos otros.
SALIR DE LA PALESTRA
Ante este contexto, ya está visto que no va a llegar ninguna magnánima migaja misericordiosa de político alguno, están “en otra” como se dice. Por ello hay que hacer todo lo posible para tratar de acelerar al máximo estos tiempos. Como se dice hay que “salir a la palestra”, dejando de lado la pasividad, llenado las salas de audiencias de camaradas de los enjuiciados con banderas argentinas, colmado el lugar en donde se haga un acto o una conmoración alusiva, publicando solicitadas, “copando” las gradas del Congreso Nacional cuando sea necesario, desbordando de camaradas la sala de visita de las cárceles; para así demostrarle a la sociedad y por ende a quienes tienen en su manos el devenir de estos juicios, que el único camino posible es retomar el irrestricto respeto al estado de derecho.
Sobre todo, ante la espuria actitud del actual Ministro de Justicia de la Nación, que elevó los pliegos de decenas de nuevos jueces, muchos de ellos militantes de “justicia legitima” o afines al kirchnerismo, para que desde la Rosada se negocie sus nombramientos a cambio de conseguir los votos necesarios en el Congreso para lograr sancionar las leyes que solo al gobierno le interesa.
Como siempre decimos, se debe dejar bien claro que no se busca impunidad sino legalidad: y que el éxito no cae del cielo, se construye.
Sino se toma conciencia de ello y no se actúa en consecuencia, se conseguirá que “la orga” de los derechos humanos logre detener el tiempo y que el tedio y hartazgo de muchos jueces -que contagiará indefectiblemente a la enorme mayoría de ellos en lo que algún fiscal militante, con acertado recelo, llama “la rebelión de los mansos”- se transforme en un estoico continuar en piloto automático, que aunque a disgusto, los lleve a seguir dirigiendo sus acciones hacia el mismo rumbo trazado desde hace 23 años; aunque esporádicamente se cambie transitoriamente esa trayectoria.