Espectáculos
La actriz repasa la trayectoria de El Excéntrico de la 18, la sala que nació en su casa de Villa Crespo

Cristina Banegas: "Es toda mi vida"

De la intimidad de un hogar de 1917 a convertirse en una referencia de la escena independiente porteña. Su fundadora reflexiona sobre la docencia y las crisis atravesadas a lo largo de cuatro décadas.

 

El Excéntrico de la 18, el emblemático teatro y taller de Cristina Banegas en el barrio de Villa Crespo, cumple 40 años. Ubicado en una casa de 1917, el espacio fue en sus comienzos el hogar de la actriz y de su hija Valentina, quienes siguieron viviendo allí durante los primeros años del proyecto. Quizás sea justamente eso lo que explica un poco la magia del lugar. En sus rincones todavía habita el espíritu de un hogar, esa intimidad tan particular que transforma una simple función en un encuentro cálido y cercano.

Para celebrar, la actriz está presentando tres obras que la tienen de protagonista: "La bala de plata", los viernes, que es la reconstrucción documental de diez años de correspondencia entre John William Cooke y Juan Domingo Perón entre 1955 y 1966. Los sábados, "Molly Bloom", en la que Molly canta, recuerda fragmentos de canciones, se emociona, se ríe, se erotiza, se enoja, dirigida por Carmen Baliero. Y "Proyecto Quevedo", los domingos, que es una performance basada en sonetos y poemas de Francisco de Quevedo, realizada por la actriz sobre una gran mesa de cristal que perteneció a su madre, Nelly Prince. "Así que también es un homenaje a mi mamá, una pionera de la televisión argentina, una cantora de tango preciosa. Una reina", dice la ganadora del Premio Emmy Internacional como Mejor Actriz por su trabajo en el ciclo "Mujeres asesinas" (El Trece).

Además, recientemente lanzaron una membresía y preparan una biblioteca digital con la historia de la emblemática sala que se inauguró con la obra "El Padre" de August Strindberg, dirigida por el maestro Alberto Ure.

ESPACIO CULTURAL

-¿Qué recuerda del momento en que decidió crear El Excéntrico de la 18?

-En un principio, El Excéntrico era mi propia casa. El lugar donde hoy hacemos teatro era donde dábamos clases, y allí vivía con mi hija Valentina. De hecho, lo que seguimos llamando "el living" es el espacio donde se dictan los talleres y se montan las obras; un lugar pequeño pero deslumbrante. La primera obra que hicimos fue "El padre", dirigida por Alberto Ure, cuando el espacio ni siquiera tenía nombre. Ure -un gran director, pensador, creativo publicitario y un gran argentino- trajo una lista de propuestas. Hace 40 años, Villa Crespo quedaba lejos del centro y de la movida teatral porteña, así que El Excéntrico nos pareció el nombre perfecto para reflejar que estábamos fuera del circuito tradicional. Me acuerdo de Vacarezza, el autor de "El conventillo de la Paloma", cuando decía: "Villa Crespo, barrio lindo por lo feo". La 18 era nuestra circunscripción política, y cuando nos preguntaban si era por la comisaría, nos reíamos y decíamos: "¡No, no somos ningunos botones!". Con Ure ensayamos un año y medio "El padre" y otro año y medio "Antígona" de Sófocles; trabajamos juntos durante siete años. Después llegaron más obras y los talleres para todas las edades. Nunca quise institucionalizarlo como una escuela rígida, pero sí construir un espacio vivo para niños, adolescentes y adultos, tengan o no experiencia previa.

-¿Por qué eligió estas tres obras para celebrar los 40 años?

-Porque las venía haciendo y sentimos que era una forma de celebrar, estando presente en las tres. Me hago cargo de lo antipático que puede ser actuar en tres obras a la vez, pero también de lo hermoso que es celebrar estando de cuerpo presente, literalmente. Además, hay otros trabajos muy interesantes: hacemos eventos, presentaciones de libros, ciclos de conversatorios y proyecciones de películas. El Excéntrico es un lugar muy abierto, con muchísima actividad y energía. Ahora sumamos una membresía a través de nuestra web (www.elexcentricodela18.com). La gente puede sumarse y formar parte de la comunidad, lo que incluye descuentos en talleres, obras y en el bar de la vuelta, además de muchísimos regalos por los 40 años.

TEATRO Y RESISTENCIA

-Cuando nació El Excéntrico ya había otras salas fuera del circuito comercial, pero en los últimos años la escena independiente se extendió mucho. ¿Por qué cree que pasa eso?

-Yo creo que es porque los argentinos tenemos una relación muy entrañable con el teatro y la actuación. No solo somos muy buenos futbolistas, sino que también somos muy teatreros. Hay artistas argentinos por todo el mundo haciendo teatro y cine, y la verdad es que es un honor. Creo que tenemos una especie de don especial para la actuación, y eso me parece hermoso. En este momento hay cientos de salas en Buenos Aires, repartidas por todos los barrios. Sobre todo, en estos tiempos tan difíciles, me parece un verdadero honor para el teatro -y para quienes lo hacemos- poder seguir resistiendo, creando, experimentando y luchando. Así que ahí estamos. Es un orgullo que tengamos tanto teatro, no solo en Buenos Aires sino en todo el país. El Instituto Nacional del Teatro tuvo una intervención federal muy importante, porque ayudó a que surgieran espacios teatrales no solo en las capitales, sino en muchísimos rincones del interior. Es una actividad profundamente amada por los argentinos. Es realmente hermoso.

-Muchas veces se romantiza el teatro independiente y la autogestión, pero sostener un espacio durante tantos años no es fácil. ¿Qué es lo más difícil de gestionar la cultura independiente?

-Sí, totalmente, sobre todo ahora. Hoy lo más difícil es poder sostener el espacio, pero vamos a seguir luchando. Vamos a seguir haciendo teatro estemos en las circunstancias que estemos, porque nos pasó de todo en estos 40 años: la hiperinflación, el 2001... hubo tantas crisis terribles en nuestro país. Ahora, por ejemplo, estamos armando una biblioteca digital con la historia del Excéntrico: videos, fotos, grabaciones y entrevistas de estos 40 años. Estamos trabajando duramente en eso y, por suerte, contamos con el estudio de diseño extraordinario de Rubén Fontana, que es un maestro del diseño gráfico, así que estamos a pleno con eso.

EL PRESENTE

-¿Qué le da la docencia a usted?

-A mí me da mucho placer, más allá de los materiales con los que trabaje. La verdad es que el teatro siempre crea comunidad; tiene una conexión que es total y eso es hermoso. La gente en El Excéntrico se siente como en su casa... ¡y de hecho fue mi casa durante bastantes años hasta que por fin me pude mudar! Siento que también es hermoso que sea una casa de 1917, una casa histórica; para mí es un honor. Y sí, me divierto mucho, siempre armamos trabajos hermosos, nos reímos, lloramos y construimos teatro, que es algo maravilloso.

-A lo largo de estos años, por El Excéntrico de la 18 pasaron generaciones de actores y directores. Si tuviera que definir su ADN, ¿cómo lo haría?

-Han venido personas muy famosas a actuar y dirigir, pero también gente recién egresada. Nos importa mucho darles el espacio a los que están empezando. Para nosotros es fundamental ser hospitalarios; creemos que eso suma muchísimo, es un gran valor que tenemos.

-Si tuviera que elegir una sola imagen de estos 40 años que resuma lo que significó El Excéntrico en su vida, ¿cuál sería?

-Es mi vida. Es lo más duradero, lo más trabajoso que hice y que voy a seguir haciendo.