Hace una semana en este espacio se publicó un comentario sobre el clima ficticio de crisis que procuran instalar los sectores enfrentados al gobierno con auxilio de los medios. El domingo pasado Federico Sturzenegger publicó una larga nota que comparaba la actual situación con otra similar a la que fue sometido el gobierno de Mauricio Macri después de ganar las elecciones de medio término en 2017 y cuando su reelección se daba prácticamente por asegurada.
El actual ministro de Desregulación -que por entonces se desempeñaba como presidente del Banco Central- recuerda cifras de la macroeconomía muy favorables en materia de crecimiento, inversión, inflación, etcétera, y las contrasta con la atmósfera de fracaso y malestar sembrada por el peronismo y sus voceros. Recuerda las famosas 14 toneladas de piedras que una turba organizada y compuesta por fuerzas de choque de la izquierda y el kirchnerismo arrojaron sobre el Congreso. Quienes fueron testigos de aquella penosa y violenta parodia de pueblada recordarán el despliegue cinematográfico del “gordo mortero” y a diputados de la Cámpora provocando a la policía frente a las cámaras de la televisión en la esperanza de que les asestaran un bastonazo para gritar represión.
En ese momento la pobreza no llegaba al 30%. El sucesor de Macri, Alberto Fernández, la dejó por encima del 50% sin protestas y con la dirigencia política y sindical muda.
Entre los argumentos que desde la política y los medios se utilizan hoy para justificar la existencia de una supuesta crisis, Sturzenegger destaca el de los morosos. Reconoce que el aumento es un hecho, pero razona que transformarlo automáticamente “en una crisis nacional de endeudamiento no tiene sentido”. Sostiene la idea de que el no pago de las deudas es problema de los acreedores, “pero con tal de pegarle al gobierno, vale cualquier cosa. Incluso armar un argumento por el cual hay que usar plata del contribuyente para cuidarle el bolsillo (a los bancos)”.
En el mismo medio por el que el funcionario planteó su repudio a la utilización de la mora como chicana política, la Iglesia 24 horas más tarde le contestó a través de un obispo que “no se puede tener una mirada superficial (del aumento de la mora) y decir que no interesa”.
Pero los argumentos opositores sobre la “crisis” no se detuvieron ahí. Ahora acusan al gobierno de hacer lo que antes lo acusaban de no hacer. Alegan que el presidente toma medidas para recuperar el apoyo popular (como el lanzamiento de créditos hipotecarios) en contra de su anterior rigidez programática. En una palabra, primero lo acusaron de insensibilidad y crueldad y ahora de populismo electoral. Inventan la crisis y su “remedio”. Maravilloso.
En suma, palo porque bogas y palos porque no bogas a partir de crisis inventadas y populismos imaginarios, lo que vuelve surrealista el debate público y reduce aún más la ya muy deteriorada credibilidad del periodismo.