Algunas consideraciones y preguntas que podemos formularnos.
En su opinión, Rusia puede aprovechar el hecho de que la atención occidental se centre en el nuevo conflicto. "Ucrania podría quedar relegada a un segundo plano. En el peor de los casos, esto significaría aún menos recursos, como los misiles antiaéreos Patriot", declaró a DW el experto de la academia militar de Wiener Neustadt. Esto se debe a que Estados Unidos ahora necesita armas para una nueva guerra.
"Para Ucrania, cualquier fin rápido de la guerra con Irán es mejor que su continuación", afirma el publicista ucraniano Vitaliy Portnikov. Según ambos expertos, el escenario ideal sería una victoria de Estados Unidos e Israel, sumada al colapso del actual régimen iraní. ¿Es esto posible?
Una de las consecuencias globales más graves de una guerra prolongada en Irán ya es previsible: un aumento a largo plazo de los precios del petróleo y el gas. «Esto beneficia a Moscú», enfatiza Portnikov. Esto aumentaría significativamente la capacidad de Rusia para continuar la guerra en Ucrania. En este caso, el Kremlin intentará, en particular, ofrecer energía a Europa a precios bajos a cambio de concesiones.
La nueva guerra en Medio Oriente ya ha tenido un impacto significativo en los precios mundiales del petróleo. El precio del barril de crudo Brent superó los 100 dóalres cuando se escribía esta nota, mientras que rondaba los 71 dólares antes de la guerra. Esto se debe al bloqueo de facto impuesto por Irán al estrecho de Ormuz. Esta ruta transporta petróleo desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Índico y, de allí, a otras regiones del mundo.
Furia Épica y León Rugiente, las dos campañas de estadounidenses e israelíes, siempre estuvieron diseñadas para lograr los máximos resultados en un plazo muy breve, concretamente la caída del régimen.
Si este objetivo no se alcanza con tanta rapidez, las partes en conflicto -como vimos en Ucrania en 2022- se verán arrastradas rápidamente a una especie de guerra de desgaste.
Israel ve una oportunidad y puede aprovecharla, pero se avecinan las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Trump necesita éxitos. Aunque los ataques iraníes han disminuido gradualmente en los últimos días, siguen logrando éxitos, especialmente de noche, con drones, cohetes y misiles de crucero. Consiguen numerosos impactos. Defenderse de estos ataques supone un verdadero reto para los Estados del Golfo, así como para Israel y Estados Unidos.
Según el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, los Estados del Golfo, Estados Unidos e Israel ya han desplegado más de 800 misiles Patriot contra los ataques aéreos iraníes en los primeros días de la guerra.
Este elevado gasto se debe a que la guerra moderna emplea armas de largo alcance. Esto ejerce una presión especial sobre las defensas aéreas, planteando desafíos similares a los que Ucrania ha enfrentado desde 2022.
Entre los Estados del Golfo, adversarios de Irán, hay indicios de que sus arsenales están disminuyendo. Corea del Sur está considerando actualmente el suministro de 30 misiles Patriot a Oriente Medio como apoyo.
Si la munición para los sistemas Patriot fluye cada vez más a esta región, la situación se tornará aún más crítica para Ucrania, que utiliza los mismos sistemas y dispara la misma munición. Estamos presenciando el mismo fenómeno en la guerra con Irán que en ocasiones vimos en Ucrania: debido a la falta de defensas antidrones efectivas y económicas, estas armas ofensivas de 20.000 dólares deben ser derribados por Patriot de más millones de euros cada uno.
Los analistas serios sabían de antemano que Teherán usaría drones, sin embargo, la coalición antiraní había desarrollado de antemano un plan que pretendía destruir tantos sitios de lanzamiento de misiles y drones iraníes en las primeras 24 o 36, y como máximo 48 horas, que Teherán habría visto severamente restringido el uso de armas.
Pero como decimos los militares, el mejor plan en la guerra solo dura hasta el primer contacto con el enemigo. Lo vimos. Irán destruyó sorprendentemente una gran cantidad de radares de alerta temprana y sistemas de comunicación por satélite estadounidenses, y también se produjo el devastador ataque a un puesto de mando que causó la muerte de seis estadounidenses.
Ucrania podría fortalecer su posición gracias a su experiencia en el derribo de drones iraníes. Rusia utilizó ampliamente estos drones, sobre todo al comienzo de la guerra, pero ahora también produce los suyos propios. Irán, a su vez, ha atacado instalaciones militares estadounidenses en los países del Golfo y otras instalaciones de la región con sus drones en los últimos días. Zelenski declaró que Kiev podría enviar especialistas a la región del Golfo para interceptar estos drones.
El invierno boreal ha terminado. La magnitud de los daños causados por los ataques rusos ahora se está haciendo evidente. Debido a los bombardeos aéreos contra el sistema de agua potable, se interrumpió el flujo de agua en muchas tuberías. El agua se congeló y las tuberías reventaron. Cuando este hielo se derrita, se producirán roturas masivas de tuberías principales, lo que empeorará aún más las condiciones de vida de muchas personas.
La segunda consecuencia de los ataques aéreos invernales se refiere a los daños a la infraestructura crítica, especialmente al suministro eléctrico. Este, por supuesto, también abastece a las fábricas de armas. Los daños masivos a la red eléctrica se reflejarán en la producción de armas ucranianas.
Ha habido pocos avances en el frente en las últimas dos semanas. ¿El clima más templado traerá más movimiento?
Cuando los árboles vuelven a brotar y se forma una densa cubierta de hojas, los pequeños grupos de soldados, operando de a 2 o 5 hombres, combatiendo al nivel táctico más bajo, pueden reocupar zonas relativamente bien camufladas. Estos pequeños grupos de soldados intentan ganar terreno en la zona gris, que abarca una franja de terreno de aproximadamente 25 a 30 kilómetros a lo largo de la línea del frente. El barro no supone un problema, ya que apenas hay tanques ni equipo pesado en uso. Se espera que los rusos lancen una ofensiva de primavera y otra en verano boreal.
El shock energético de la Tercera Guerra del Golfo tuvo su día más agudo el lunes, para luego amainar tras las palabras de Donald Trump sobre un fin inminente del conflicto con Irán después de una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladimir Putin.
La tormenta del Golfo no habría tenido el mismo impacto en la energía y la economía si la guerra en Ucrania no hubiera continuado, y al reducir las posibilidades de una solución negociada en este segundo frente, amplifica su impacto global. Asimismo, los impredecibles vaivenes de la guerra se ciernen sobre la dinámica económica en todos los ámbitos.
¿Comercio global? Cruza el Mar Rojo, bordeado por Sudán, devastado por la guerra civil, y, más al sur, el Bab el-Mandeb, que se cierne sobre Yemen y Somalilandia. ¿Materias primas cruciales? Todos son interrogantes en este gran acertijo del siglo XXI.
Concluimos siguiendo al italiano Andrea Muratore: “La tensión actual exacerba la tendencia de policrisis (o "permanente crisis") que la economía y las relaciones internacionales han experimentado desde el inicio de la pandemia de covid-19 en 2020, y es de esperar que esto también resulte, tarde o temprano, en una nueva normalidad en los mercados. En el prisma de la geopolítica contemporánea, todo se difumina, y una crisis lleva a otra, volviéndolo todo viscoso e impredecible. Desde Ucrania hasta Irán, las espadas de Damocles se ciernen sobre los inversores y los accionistas. Y, en cierto sentido, la incertidumbre es ahora el único hecho verdaderamente estructural que los mercados consideran consolidado. Con el riesgo de olvidarlo tarde o temprano. Salvo en casos de bruscos despertares que nos recuerdan la crudeza de la realidad”.