Opinión
EL RINCON DEL HISTORIADOR

Cómo nos vio en 1824 el futuro Pio IX

Al momento de escribir estas líneas no tenemos noticias sobre la celebración que se realizará el próximo lunes en ocasión de conmemorar la Iglesia Católica la fiesta de San Pedro y San Pablo y el Día del Pontífice.

No dudamos que buena parte del interés de los medios estará centrado en si vendrá León XIV a la Argentina, después del anuncio oficial de su viaje a Perú en noviembre próximo con una larga y nutrida agenda y los dichos del cardenal Sturla arzobispo de Montevideo confirmando la presencia del Santo Padre en el Uruguay.

Pero corresponde recordar que en 1824 nos visitó y también estuvo en Montevideo el Pbro. Juan María Mastai Ferretti, un joven sacerdote que acompañaba al arzobispo Juan Muzzi en visita a Chile y que en 1846 llegó a ocupar el Pontificado con el nombre de Pío IX.

La reciente visita y el júbilo del pueblo español hace pocos días con motivo de la visita papal, la dignidad de las ceremonias con el máximo respeto litúrgico en la procesión de Corpus y no como acostumbramos a ver, marchas que parecen más comparsas o hinchadas de fútbol, a las que llaman "religiosidad popular"; la dignidad en la vestimenta de la gente a pesar del fuerte calor, nos hicieron buscar la documentación que Mastai Ferretti dejó de esa etapa de su vida, 22 años antes de ser elegido.

El 3 de enero de 1824 llegaron a Buenos Aires, que los esperaba con la mayor pompa ("el vicario apostólico había suplicado se le dispensase de aceptar aquella pompa"). Esperaron la noche para abandonar el buque, pero Ferretti anotó: "Ni aun esta precaución bastó, pues cuando hubieron descendido a tierra encontraron iluminadas todas las casas, y bien que la hora fuese avanzada, gran muchedumbre de pueblo salió al encuentro del Vicario apostólico, que no pudo excusarse de permitir que gran número de gentes le besase la mano. Precedían a los bienvenidos viajeros, niños y niñas de dos en dos con faroles de cristal en las manos. Los viejos exclamaban: 'Bendito, el que viene en nombre del Señor'".

EN LA FONDA

Los llevaron hasta la Fonda de los Tres Reyes donde encontraron una mesa que el secretario padre José Sallusti describió así: "Se veían, en efecto, en la grandiosa preparación de aquella suntuosa cena, más de treinta platos, todos ricamente abastecidos de manjares delicados y gustosos. Había, por ejemplo, aquí y allá, repartidos con elegancia y gusto, perniles enteros de ternera y de cebados corderillos, unos preparados al horno y otros en salsa, con delicados aromas. En seguida alegraban la vista los fritos, las soperas, los cocidos y tantos otros platos de caza y de sabrosísima fruta que ofrecía la estación estival, dispuestos todos juntamente sobre la mesa, según la costumbre de América, con una cantidad prodigiosa de botellas de los mejores vinos de Europa, teniendo el último lugar el Burdeos y el Málaga".

En carta a su madre Catalina Sollezi del 16 de enero de 1824 le decía que al partir hacia Morón fueron despedidos "por gran multitud de pueblo, que sentía vivamente las extravagancias de su gobierno y manifestaba a los enviados pontificios la más sincera adhesión".

Y en su diario anotó que ese día abandonaron la ciudad, "tanto entusiasmo y tanto amor, se había despertado en el pueblo, que la multitud se agrupaba en torno de ellos, y con lágrimas de ternura besaban una y mil veces las manos de Monseñor Vicario. Era tanto el gentío, que fue necesario que el Gobierno pusiese guardia en la casa, y al mismo tiempo les pidiese que partieran, porque se temía una sublevación popular".

Estas demostraciones públicas no cayeron bien al gobierno, que desconfiaba de la misión hasta el extremo de prohibirle administrar la confirmación en el templo, sin que interviniera el provisor del obispado, cosa que monseñor Muzzi ignoró e impartió el sacramento en su alojamiento.

Hasta el diario El Argos se puso del lado de la autoridad civil. En cambio el futuro Papa recordó: "Entre las personas que visitaron a monseñor es muy digno de recordarse el célebre San Martín que había reconquistado del dominio de la España todas aquellas provincias, Chile y gran parte del Perú".

EN LUJAN

El sábado 17 de enero estaban en Luján, el párroco les ofreció su casa pero se alojaron en una posada, a la que mandó un salver con servicio de plata para que monseñor pudiera decir misa al día siguiente, domingo 18, dedicado al Santo Nombre de Jesús.

El futuro Papa en "la iglesia que tiene cúpula y es suficientemente grande" celebró misa al día siguiente, siendo el primero de los pontífices romanos que celebró ante la imagen de la Virgen, seguido por el cardenal Eugenio Pacelli en 1934, después Pío XII, y por el cardenal Jorge Mario Bergoglio en tantas oportunidades.

El 21 a la mañana estaban en Rosario, donde el párroco Pbro. Pascual Silva Braga lo comprometió para administrar confirmaciones, quedando en hacerlo a las seis de la tarde. Para Mastai, la ceremonia resultó muy concurrida y con tantos chillidos de las criaturas, junto con los empujones y apretones de la gente, que monseñor y su compañero acabaron molidos.

FRAILE MUERTO

Tres días después llegaron "sanos y salvos a una parroquia con algunas cabañas, llamada Fraile Muerto (se dice que allí fue encontrado un fraile muerto por un tigre)". El párroco concurrió a saludar al enviado, pero éste no pudo acceder a confirmar dada la premura del viaje. Desde allí hicieron ocho leguas hasta la Esquina de Medrano, una posta que es la actual localidad de Ballesteros, Mastai así la describió: "a su alrededor el campo se veía con el mismo aspecto de fertilidad que el de Buenos Aires, con el agregado de muchas arboledas de gruesos espinillos y de quebrachos. Cerca corre un río algo más angosto que el Tíber, que se llama Tercero".

El 26 cruzaron el Río IV e hicieron noche en la posta llamada Tambo. Nuestro cronista apuntó: "Andando camino por el campo, tomé por la tarde un baño agradabilísimo que me alivió del calor y del polvo, aunque en la noche, teniendo que dormir al raso, el viento me impidió dormir por el polvo que levantaba".

La llegada a San Luis y su recepción por el gobernador fue muy distinta a la de Buenos Aires, el gobernador José Santos Ortiz "hizo los más corteses ofrecimientos y no nos fue difícil ver que él hablaba con el corazón y era un caballero" y el padre Sallusti dijo que era "hombre de mucha religión y de gran piedad y honradez".

Al día siguiente el gobernador, con otras cuatro personas fueron a almorzar a la casa del párroco don Joaquín Pérez, "hombre de buen corazón y lleno de solicitud", donde se alojaban los viajeros; "al final de la mesa el gobernador hizo un brindis diciendo: Dios conserve al Santo Padre y su dominio temporal, y le extienda el espiritual y haga que para consuelo y alivio de los pueblos cristianos mande Vicarios Apostólicos dotados de virtud como el que nos ha invitado".

El domingo siguiente monseñor Muzzi confirmó; hacía 60 años que no se administraba en San Luis el sacramento. En Mendoza fueron magníficamente recibidos por el clero local que el domingo concurrió a la residencia del Vicario Apostólico y lo acompañó a la iglesia matriz, mientras que las calles estaban engalanadas con arcos triunfales y flores esparcidas por el suelo, como lo vimos en la procesión de Corpus por la calle de Alcalá en Madrid. Monseñor Muzzi dio la bendición a los presentes. El futuro Papa se sorprendió felizmente de un "Instituto de monjas provenientes de Burdeos, cuyas reglas son muy semejantes a las de los jesuitas y están en observancia en esa buena comunidad. Educan jovencitas en el monasterio y hacen clases a externas, que tienen en gran número".

Después de un banquete que ofreció el alcalde del Cabildo don José Clemente Benegas, los viajeros siguieron rumbo a Chile.