El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, principal candidato de la oposición, arrancaron la campaña para las elecciones presidenciales de octubre en sus respectivas cunas políticas.
Ambos candidatos eligieron lugares cargados de simbolismo para dar el puntapié inicial a sus 45 días de campaña.
Lula, de 80 años y en busca de su cuarto mandato no consecutivo, dio su primer acto de campaña en el Estadio Municipal Primero de Mayo, en São Bernardo do Campo, a las afueras de São Paulo, donde se forjó como sindicalista
El abanderado del Partido de los Trabajadores (PT) reunió a miles de militantes en un acto teñido de rojo, en el que se recordó su lucha obrera y el legado social de sus gobiernos.
Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente derechista Jair Bolsonaro, optó por el bastión político de su familia, la ciudad de Río de Janeiro, donde concentró a miles de seguidores en la orilla de la playa de Copacabana.
El senador se presentó con un chaleco antibalas debajo de una remera amarilla con el mensaje: "Mi partido es Brasil".
LOS SONDEOS
Todas las encuestas indican que el próximo jefe de Estado de la mayor economía latinoamericana se definirá entre Lula y Flávio por un margen estrecho.
El último sondeo de la consultora Quaest, publicado el viernes, mostró un empate técnico en una eventual segunda vuelta, con Lula en el 43% de los apoyos y Flávio en el 40%. Un 4% se declaró indeciso.
DONDE EMPEZO TODO
Lula quiso dar una demostración de fuerza en São Bernardo do Campo. Su Partido de los Trabajadores (PT) organizó caravanas de militantes desde distintos puntos del país y prácticamente llenó el estadio de Vila Euclides.
Después de los discursos de sus principales aliados, el exsindicalista habló durante cerca de 40 minutos, en los que destacó su trayectoria personal, las iniciativas sociales de sus gobiernos y algunas promesas.
"Mientras esté vivo, no me voy a permitir dejar de luchar y permitir que la derecha vuelva a gobernar”, enfatizó.
Por otra parte, prometió luchar contra los femicidios y combatir el crimen organizado golpeando sus finanzas y capturando a sus líderes. Brasil es la base de operaciones de dos de las principales mafias sudamericanas: Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho.
El exsindicalista evitó opinar sobre las interferencias de Estados Unidos y se limitó a decir que no va a permitir que ninguna otra potencia se aproveche de las enormes reservas de minerales críticos que tiene Brasil.
Pese a lanzar críticas veladas, tampoco mencionó por su nombre a Jair Bolsonaro ni a su hijo mayor.
EN NOMBRE DEL PADRE
Una estrategia radicalmente distinta a la de Flávio. Arriba de un camión en Copacabana, el senador dedicó casi todo su primer discurso de campaña a atacar a Lula, quien a su juicio representa "el camino de las tinieblas".
Lo acusó de endeudar a las familias, generar pérdidas millonarias en las empresas públicas y ser blando en el combate al narcotráfico.
También denunció que "la corrupción llegó al despacho del presidente", en alusión a las investigaciones contra Marco Aurélio Ribeiro, ex jefe de gabinete de Lula.
Como contrapunto, Flávio prometió bajar la edad de imputabilidad penal a los 16 años, castración química para los pederastas, condenas de como mínimo 8 años de cárcel para los ladrones de celulares y tratar a los narcos como terroristas, en línea con Donald Trump.
Además, aseguró ser el único que puede sentarse con EE.UU. y China para cerrar acuerdos comerciales.