Opinión
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Cerebro-corazón: Dependencia a la cocaína

“El hombre puede cometer excesos, pero la naturaleza los corrige”

Emilio Komar

El maestro en filosofía Emilio Komar, desde los pensadores griegos, nos enseña:

"La naturaleza mantiene el orden… es un principio ordenador del universo...".

El hombre en sus excesos, y máxime en la posmodernidad actual, busca superar todo límite, inmerso en un vértigo frenético, y la naturaleza le recuerda su pequeñez y sus límites y/o fronteras.

La naturaleza marca el "principio de lo que es" y tiene leyes internas de desarrollo. Naturaleza y ley se dan la mano, y de la misma manera la polis (ciudad) y la ley también. La ley marca el destino de la polis y de lo natural (cuerpo y psiquis). Los excesos traen consecuencias, y en la ciudad eso se llama violencia, anarquía, tiranía, por ejemplo. Atentar contra la naturaleza psíquica y biológica tiene sus derivaciones patológicas, y hoy la cocaína y sus derivados, banalizados en sus efectos, son el "combustible" deseado que puede llevar a la muerte o a la invalidez psíquica y/o física.

Pero todo este conjunto natural y de la polis se halla inmerso en un continente complejo (fenómeno clínico de la complejidad) en donde los trastornos adictivos hablan de distintos puntos que interactúan entre sí:

a) Sobre qué tipo de personalidad y estructura clínica se da el consumo, o si estas quedan afectadas por el consumo.

b) Edad de iniciación al consumo: hoy, por ejemplo, comienza en momentos de inmadurez de la personalidad y del desarrollo cerebral, lo cual dificulta más la rehabilitación.

c) Cantidad de años de consumo (hoy observamos que el paciente llega al tratamiento con más de 20 años de consumo y alteraciones evidentes en su personalidad, junto con patologías orgánicas).

d) Trastornos psicobiológicos, como las alteraciones cerebrales derivadas del consumo, que generan daños neurocognitivos en la memoria, el control de los impulsos, la atención, etc.

e) Ambientes invalidantes (barras bravas, grupos en manada, bandas, etc.).

f) Duelos y traumas infantiles (abuso, violencia, etc.).

g) El vínculo empático que pueda establecer con la institución que lo trata y sus terapeutas suele ser un "marcador" positivo para el futuro de su rehabilitación.

H) Cantidad de tratamientos realizados.

I) Estructura familiar, con sus secuelas de abandono, traumas, ausencias significativas, etc.

Todos estos fenómenos forman una dinámica de complejidad que nos ayuda a entender los distintos caminos de una rehabilitación, así como los fenómenos orgánicos y psicológicos que se han producido.

Vidas en busca de un sentido

Jorge llega derrotado luego de un viaje de 20 años de consumo de cocaína. La compulsión habla por él. No puede parar. Dos infartos y un accidente cerebrovascular siguieron la ruta de la adicción, que lo llevó a viajar por toda América vagando en centros de ayahuasca (droga alucinógena) que mezclaba con alcohol y cocaína. Con la ayahuasca esperaba encontrarse a sí mismo en lo espiritual y olvidar duelos y fracasos en su vida, pero los chamanes a los cuales acudió solo agravaron su mal afectivo.

Con órganos dañados, vagó por Perú, Ecuador, Brasil, Colombia y otros países. Solo consiguió visiones y alteraciones de la conciencia. Terminó en un oscuro hotel de los arrabales de la ciudad, y un familiar decidió utilizar la vía judicial para salvarle la vida. Ahora empieza a hablar de sus temores y, calmada su actividad delirante, iniciará el largo camino de la rehabilitación, sorteando los daños cerebrovasculares y cardíacos que su "carrera adictiva" dejó como marcas.

Daños cerebrovasculares

En un encuentro con un directivo de uno de los mejores centros de neurología de la Argentina, me comentaba su sorpresa por el aumento de pacientes con daños neurológicos severos y cardíacos ligados a la cocaína. Lo mismo observamos en Gradiva, en pacientes con daños neurocognitivos evidentes en la memoria, la capacidad ejecutiva, la atención, la comprensión y el control de los impulsos, entre otros. Necesitan un apoyo externo de psicólogos especialistas en neurocognición, y dan la impresión del grado de envejecimiento cerebral en el que se encuentran.

La cocaína acelera los procesos neurodegenerativos: produce neurotoxicidad, que genera muerte neuronal, especialmente en ciertas regiones del cerebro, por el llamado estrés oxidativo; este estrés también es responsable de accidentes cerebrovasculares por vasoconstricción y favorece la producción de trombosis. Todo esto, a su vez, aumenta la probabilidad de cardiotoxicidad y, por ende, de arritmias. Todos estos son factores responsables del envejecimiento. La cocaína aumenta el estrés oxidativo y la neuroinflamación, que son factores que predisponen a la degeneración neuronal. Todas las defensas llamadas antioxidantes quedan mermadas por este estrés oxidativo, que daña las arterias y toda la circulación. El consumo crónico de cocaína es uno de los factores de riesgo más importantes y reconocidos para los accidentes cerebrovasculares (ACV), tanto isquémicos como hemorrágicos, incluso en personas jóvenes sin factores clásicos de riesgo cardiovascular.

Mecanismos principales que relacionan la cocaína y el ACV:

* Vasoespasmo cerebral. La cocaína aumenta la liberación de catecolaminas (noradrenalina, dopamina) y produce una intensa vasoconstricción en las arterias cerebrales, lo que reduce súbitamente el flujo sanguíneo y provoca isquemia.

* Aumento de la presión arterial. Puede generar crisis hipertensivas con rotura de vasos frágiles, causando hemorragia intracerebral o subaracnoidea.
Alteraciones cardíacas. Arritmias, miocardiopatía y endocarditis (en usuarios de cocaína intravenosa). Émbolos cardíacos secundarios a fibrilación auricular o trombos en las cavidades cardíacas pueden derivar en ACV isquémico.

* Aceleración de la aterosclerosis. El consumo crónico favorece la inflamación vascular, la disfunción endotelial y la formación de placas ateromatosas precoces.

* Estados protrombóticos. Incrementa la agregación plaquetaria y la viscosidad sanguínea, con mayor riesgo de trombosis arterial. Provoca, además, daño directo en la barrera hematoencefálica (barrera protectora del sistema nervioso), aumentando así la vulnerabilidad a hemorragias. Hay mayor mortalidad y discapacidad en comparación con los ACV no relacionados con drogas.

* Riesgo acumulativo. El uso crónico potencia el riesgo, ya que combina: daño vascular progresivo, mayor probabilidad de hipertensión crónica y cardiopatía, y consumo repetido que multiplica los episodios agudos de vasoespasmo y trombosis.

En resumen: la cocaína no solo dispara el riesgo de ACV agudo tras el consumo, sino que su uso crónico deteriora la salud vascular y cardíaca, aumentando la probabilidad de eventos discapacitantes. Entre las consecuencias cardiovasculares tenemos el espasmo coronario (infarto agudo de miocardio) y arritmias letales, así como, en el plano cerebral, el ACV y el daño progresivo de la microcirculación, con el consecuente deterioro cognitivo.