Opinión
La herencia que rechazamos
Castellani y la misión de la juventud católica
Por Juan Manuel Aubry
Quienes transitamos hoy los pasillos de las facultades y universidades nacionales, nos encontramos herederos de una crisis profunda que no provocamos, pero que estamos llamados a resolver, o por lo menos contrarrestar en el tiempo que tenemos, debemos biengastarnos en ello. Como bien sentenció el padre Leonardo Castellani en el inicio del opúsculo que nos convoca, "la República Argentina no es una nación sino un problema".
A nuestra generación le toca responder la pregunta ineludible que se hace el cura loco: ¿qué va a salir de esta desintegración del liberalismo argentino y qué podemos hacer para que no termine por desintegrar a nuestra Patria?
En las aulas se nos suele enseñar el andamiaje liberal como el pináculo del desarrollo político, institucional y jurídico, la superación humana que supuso el francés grito de ¡Liberté, Égalité, Fraternité! que no son otra cosa, como enseña el cura, que antiguas palabras cristianas Orden, Jerarquía y Caridad, que colgaron la sotana, como nuestros famosos “curas liberales”.
PALABRA SIN CONTENIDO
Sin embargo, la realidad de nuestra Nación nos grita otra cosa. El liberalismo que padecemos "ha sido brutalmente importado, y no ha tenido ni doctrina ni inteligencia ni siquiera buena fe". Se nos habla constantemente de "Libertad", presentándola como el ideal absoluto de la humanidad. Sin embargo, sabemos que la libertad sin un "para qué" es una palabra sin contenido; una mera abstracción. Al enarbolar esta libertad vacía, el liberalismo en su recorrido histórico produjo un resultado paradójico y trágico: "arruinó las libertades, que son la única verdadera Libertad que existe".
El fracaso de este sistema, no obstante, no es meramente político o económico; es, en su raíz, un profundo error sobre la naturaleza humana. Castellani nos advierte que el liberalismo se asienta sobre una herejía teológica que niega el Pecado Original. Se fundamenta en la ilusión y la equivocación roussoniana de creer que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe.
Frente a esta premisa falaz, los católicos oponemos el realismo político y antropológico: "el hombre no nace íntegro y la sociedad lo hace íntegro o lo desintegra del todo, según sea una sociedad buena o mala".
Nuestra rebeldía contra este desorden instituido no debe confundirse jamás con nuevas idolatrías. Quienes defienden el statu quo suelen acusarnos de totalitarios, sugiriendo que haremos del Estado un Dios. Pero nuestro nacionalismo está a salvo de ese mal, porque no hace de la Nación un fin absoluto y ulterior. Entendemos perfectamente el recto ordenamiento de los amores: sabemos que no debemos adorar a la nación como si fuese Dios, sino que debemos amar a Dios a través de nuestra propia nación. Eso es hacer Patria.
HACER VERDAD
¿Cuál es entonces nuestra tarea ante un sistema agotado donde "tenemos todo el liberalismo entero y verdadero, y esto no marcha"? Nuestra tarea como jóvenes que se preparan para la vida pública no debe ser arrebatar el Poder a corto plazo, lo cual Castellani califica como "un error y una estupidez".
Nuestra verdadera y más urgente misión es "hacer verdad". Esa tarea que no encontramos realizada en los lugares donde debería estar y aumentan sus arcas fingiendo que sí.
Debemos dar testimonio en cada ámbito que ocupemos, recordando que ese es "el gran grito del Cristianismo". Esto exige transformar nuestra vocación y labor en "cursos serios, sacrificados y pacientes", y armarnos del coraje necesario, que en la Argentina de hoy "se llama Paciencia, con una gran dosis de Decisión".
Este hacer verdad, va intrínsecamente ligado a los que difunden –y tratamos de hacer- esta Verdad, de nada sirve si no estamos en la verdad, con la Verdad y para la verdad, que no es otra cosa que Nuestro Señor Jesucristo: “Ego sum via, veritas, et vita” nos confirma en el Evangelio de Juan. No nos es opcional la vida de Fe seria para dar a conocer la Verdad.
La verdadera libertad a la que aspiramos para nuestra Patria no es la anarquía de los instintos ni la tiranía del relativismo que vacía nuestras leyes. Hacemos nuestra la definición verdaderamente argentina que Castellani rescata de don Juan Manuel de Rosas -de quien tengo el honor de llevar el nombre- desde su destierro: el hombre libre es aquel que "está sujeto (es decir, libremente cautivo) a los mandatos de Dios, al dictado de su conciencia y a los dictámenes de la sana razón". Restaurar ese orden natural es la Verdad que nuestra generación está llamada a encarnar y defender.
Con este ideal por bandera, con el Instituto Elevan decidimos crear una Diplomatura Universitaria estrictamente para jóvenes titulada “Forja de Líderes: Diplomatura en Liderazgo Político y Doctrina Social: Hacia una reconstrucción del Bien Común”, que tiene por motivación esto que decía Castellani un espacio de resistencia intelectual y formación operativa. Nuestro propósito es rescatar el hilo de la tradición iberoamericana y nacional para proyectarlo hacia el futuro. Entendemos que no hay conducción política posible sin una previa formación del carácter y del intelecto; no hay verdadera soberanía nacional sin una sólida base ética que reconozca la primacía del Bien Común y la dignidad inalienable de la persona humana. Nuestro pequeño aporte a este “hacer verdad”. Aquellos que quieran saber más al respecto, la Diplomatura comenzará en Mayo, quienes deseen saber más, pueden contactarse por las redes sociales oficiales del Instituto o bien a la casilla de correo electrónico oficial elevanargentina@gmail.com
CAMBIO DE EPOCA
Sostenemos que en un cambio de época signado por el relativismo moral, el desarraigo cultural y la crisis de las instituciones básicas de la sociedad, surge la necesidad de formar a las nuevas generaciones de argentinos e hispanoamericanos, bajo los principios permanentes de la filosofía realista y la Doctrina Social de la Iglesia.
¡Viva Cristo Rey! Y ¡Viva la Patria!