Suplemento Económico

Casas más, casas menos

Entre la ciudad cordobesa de Jesús María y la localidad de Davos, en el cantón suizo de Grisones, existe una distancia aproximada de 12.000 kilómetros. Ese trayecto recorrió el presidente de la Nación, Javier Milei, para asistir a dos eventos de distinto pelaje en los cuales, por uno u otro motivo, terminó ganando cierto protagonismo. En el camino hizo escala en Asunción del Paraguay para ponerle la rúbrica al postergado acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

Humo en las parrillas, olor a choripán, latas de cerveza, gigantes vasos de fernet, boinas anchas como platos voladores, ristras, cintos de cuero, pañuelos al cuello, bombachas de campo, alpargatas y botas, riendas, aperos, mate, lazos, caballos, jinetes y música, mucha música. Así recibió a Milei el festival de doma y folklore de Jesús María. Su presencia disparó algarabía.

Y el mandatario no defraudó. Caminó hasta el palco estrechando la mano de sus fanáticos, como si fuera una estrella de rock, y luego se subió al escenario para cantar el tema Amor salvaje junto a Oscar Esperanza Palavecino, más conocido como El Chaqueño.

Al calor de la segunda luna de miel política que le regaló el triunfo en las elecciones legislativas de octubre, Milei toma contacto con el pueblo y suma porotos para un 2027 que parece lejano, pero sólo parece. Córdoba le es afín y mucho más aún lo es el ambiente rural que saluda su vocación de mercado.

Es cierto que el Gobierno libertario no cumplió la promesa de quitar de raíz las retenciones a las exportaciones pero, al menos, las ha reducido y muestra su voluntad por erradicarlas. Mientras tanto, agilizó trámites y facilitó operaciones. Puesto a pensar en maximizar su renta, el productor no duda. Tiene todavía el recuerdo del gobierno kirchnerista, las intervenciones en el mercado y la famosa Mesa de los argentinos, destinada a desacoplar los precios internos de la vorágine externa.

Con el sector agropecuario como hinchada, Milei juega de local. Por eso también disfruta de su presencia en la exposición organizada cada año por la Sociedad Rural Argentina. Pero más allá del campo y del sector de los hidrocarburos –principalmente Vaca Muerta-, el resto de la economía lo mira con recelo. Demanda políticas productivas que no llegarán porque, según el Evangelio libertario, todo debe regirse por la dinámica propia del mercado, la oferta y la demanda.

El sector industrial, mano de obra intensiva, sabe que no tiene puntos en común con esta gestión. Piensan un país distinto. Según datos del Indec, el uso de la capacidad instalada está por debajo del 60%. Los más afectados, apertura de las importaciones mediante, son los textiles, que no llegan al 30%. Sin ir más lejos, en el Estimador Mensual de la Actividad Económica de noviembre la industria sufrió una caída del 8,2%. ¿El más beneficiado? Intermediación financiera, que creció 13,9%. Señales de un cambio de matriz que ya está ocurriendo.

El modelo tiene sus dobleces. No afecta a la clase alta, a la cual poco y nada afecta, y mantiene a flote a los más necesitados. De hecho, los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) finalizaron 2025 con un poder adquisitivo un 67% superior al que tuvieron en el año 2023. Mientras tanto, la clase media laboriosa hace malabares.

Una foto de esto lo brinda el informe de turismo de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el cual destaca que las decisiones de gastos son este verano “más meditadas y selectivas”. El documento recalca: “Lejos de un consumo expansivo generalizado, el patrón dominante es el de un gasto más racional, con comparaciones y más concentrado, donde el visitante prioriza experiencias con sentido y ajusta consumos accesorios”.

¿Qué piensan los CEOS de las compañías más importantes acerca del rumbo de la economía? Un trabajo de la consultora PwC Argentina lo refleja:

* El 87% espera crecimiento del PBI en 2026 y un tercio se muestra extremadamente confiado en el aumento de ingresos, pese a desafíos estructurales.

* El 76% cree que su infraestructura tecnológica está lista y el 73% que su cultura acompaña, pero sólo el 41% invirtió lo suficiente y el 49% puede atraer talento.

* Más del 60% anticipa reducción de empleo en colaboradores en niveles de menor experiencia por la adopción de IA, lo que exige estrategias de reskilling y alianzas educativas.

* Argentina aparece entre los destinos prioritarios para el 23% de los CEO brasileños, 10% de los estadounidenses y con menciones destacadas desde China y México.

Hay, sin embargo, una franja social que no encuentra consuelo. Son los desclasados. En ellos la base de la pirámide cruje. El fenómeno se palpa sobre todo en las grandes urbes de la Argentina. No hace falta ir muy lejos, basta con tomar el tren que se interna en el Conurbano bonaerense o cualquier línea del subterráneo porteño.

El desfile de quienes han quedado al margen del sistema es interminable. No hay generosidad que alcance, solidaridad individual que los salve. Viejos, jóvenes, padres y madres con criaturas, son parte de la yaga social argentina. La degradación es profunda y, podría decirse, irreversible. A todos los gobiernos les cabe su porción de culpa.

El jubilado de la mínima arrastra su valija negra en la línea A del subterráneo. Vende tres lapiceras por $1.000 pero nadie le compra. Dice que, si no las necesitan, igual pueden ayudarlo dándole algo para comer. La gente lo ignora. Con el rostro enrojecido, rumia su furia. Se recuesta contra una puerta del vagón y embiste, irónico:

-¡Qué caras que son las lapiceras, eh! ¡Carísimas! ¡Qué poca solidaridad! Gente repugnante.

Luego se va, tan fatigado como llegó. Amargado por una vida que para él no tiene premio. Los pasajeros bajan la vista, la hunden en las pantallas de sus celulares. No lo miran, soportan el injusto insulto. La tensión entre los que menos tienen resquebraja la base social. Dos años después hay orden macro pero las mieles no derraman.

EGUAHÉ PORÁ

Rápido como el rayo, Javier Milei dejó atrás Jesús María y se llegó hasta el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay para rubricar el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, luego de 25 años de negociaciones infructuosas. Según el pacto, el 92% de los intercambios comerciales entre ambos bloques quedaría libre de aranceles.

Como se sabe, el acuerdo genera esperanza en muchos sectores a ambos lados del océano, pero también tirria, ofuscación, fastidio y preocupación en otros. En Europa los reclamos son encarnados por los productores agropecuarios, principalmente franceses, que no podrán competir con las ventajas que tiene el agro sudamericano. En la Argentina, por lo pronto, las luces de alarma las enciende el sector industrial, puntualmente los rubros automotriz –se quitaría el arancel del 35% a las importaciones-, metalúrgico, textil, químico y del calzado.

Milei, que como todo liberal es más proclive a los tratados de libre comercio bilaterales que a las políticas de bloque, decidió, sin embargo, apurar la aprobación en el Congreso argentino. Quería ser el primero, dar el ejemplo, pero el miércoles la vieja Europa tiró todo por la borda, una vez más.

El Parlamento Europeo paralizó el acuerdo de libre comercio y lo mandó a ser revisado por la Justicia. En una votación ajustada, el poder legislativo regional aprobó la moción por 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones. Habrá que sentarse a esperar.

WILLKOMMEN

El martes el presidente de la Nación aterrizó en Davos, la localidad suiza de 11.000 habitantes adonde anualmente se organiza el Foro Económico Mundial. No sería arriesgado decir que buena parte de los argentinos se enteraron de la existencia del encuentro allá en la década del ’90, cuando Carlos Menem y Domingo Felipe Cavallo paseaban entre los picos nevados sus figuras triunfales tras haber liquidado la inflación mediante el esquema de Convertibilidad.

La reunión quedó para siempre identificada con las políticas neoliberales que en la Argentina impulsaron las privatizaciones y dispararon el desempleo. Por eso es que cuando la Convertibilidad voló por los aires y llegó el kirchnerismo, Davos fue demonizado. Durante años ningún presidente argentino pisó ese suelo.

Pero ahora soplan otros vientos y allí el libertario se siente a sus anchas. Eclipsado por Trump, que habló en el turno anterior, Milei desarrolló un discurso técnico, monocorde. Se empeñó en demostrar lo justo del sistema capitalista ante quienes le reconocen la eficiencia pero lo denuestan por inmoral.

Al fin y al cabo, frente a la receta globalista de Davos vale recordar lo que alguna vez escribió Friedrich Engels: “Quien se empeñase en reducir la economía política de la Tierra del Fuego a las mismas leyes por las que rige hoy la economía de Inglaterra, no sacaría evidentemente nada en limpio, como no fuesen unos cuantos lugares comunes de la más vulgar trivialidad”.