Oscar, hace unos años, se acerca a mi traído por una enfermedad que avanzaba hacia el suicidio perdido en el consumo de consumo de “crac”, alcohol y todo tipo de sustancias. Me narra en los primeros días una historia de deterioro en donde la muerte de seres queridos lo llevo a un consumo más voraz. Solo y como diría el tango en su sabiduría “fané y descangallado” se encuentra sin casa y con su pareja, también consumidora, toman una casa abandonada y son expulsados de ahí por la fuerza pública y la calle es su ámbito. La pareja lo abandona y me dice que solo busca un “perro” como compañía y le pregunto en la intimidad del encuentro terapéutico si se sentía “solo” como un perro siguiendo los dichos populares y llorando me dice que es así.
Su tratamiento fue muy bueno pero la acogida en nuestra comunidad fue lo que siempre llamamos una “comunidad de vida” o sea reencuentro con un propósito vital, una misión y un proyecto dejando de lado las drogas que resultan ser “pócimas” suicidas.
Muchas historias de vida nos recuerdan la canción “Nowhere Man” (Hombre de ningún lugar) que nos dice: “… él es un hombre de verdad en ninguna parte, sentado en su tierra de ¨ninguna parte”, haciendo todos sus planes en “ninguna parte” para nadie, no tiene un punto de vista, no sabe adónde va …¿no es un poco como tú y yo?”, celebre en su momento por The Beatles.
Son los “nadies” que pululan en los centros terapéuticos pidiendo ayuda o traídos por familiares o instancias judiciales sin proyecto de vida y solo buscando un “dealer” como el ilusorio “farmacéutico” de su alma.
Han perdido todo y solo buscan una voz, una palabra, una escucha y una estructura grupal que les renueve la confianza en el vivir. Ante el Imperio de los “nadies” vagabundeando en la ciudad ya sea ricos en opulencia económica o pobres todos ellos necesitan una casa de acogida que los ayuden en la tarea del vivir y así surgen lo que llamo las “Casas de Vida” como la respuesta humanista y terapéutica ante la “megabarbarie” planificada y masificada como consecuencia de los siguientes hechos derivados de la complejidad social:
A) De la venta y consumo indiscriminado de drogas.
B) La “errancia” de los amores con políticas antinatalistas y des-protectoras de los niños que nacen (nuestro país ha bajado notablemente los índices de natalidad).
C) La emergencia del individualismo en donde la noción del Otro y los otros queda enceguecida por la inflación del Ego.
Así van creciendo “nadies” por doquier que como “mutantes” vagan por la ciudad. La “casa de vida” es el nombre que hoy le doy a la comunidad terapéutica como protección y reparo ante esta “megabarbarie planificada”. La calle es su destino o tugurios llenos de “dealers” y perversos antisociales.
El “Triangulo de las Bermudas “es el fuego de la muerte y de las espirales destructivas que masivamente “tragan y degluten” a los “nadies” que mientras consumen a la vez son consumidos siendo, estos, miles en lugares antihumanos. Así los vemos en barrios con decadencia habitacional, sin escuelas o familias que contengan hasta lugares VIP en donde las ausencias son más fuertes que las abundancias vacías que pululan por doquier. La intemperie simbólica es el elemento central, así como las carencialidades afectivas.
Nos podemos rescatar del “Triángulo de las Bermudas” y ahí el desarrollo de las “casas de vida” es fundamental. Jorge caminaba sin parar por la sala de desintoxicación. Había sido traído en el 2014 luego de meses de consumir “crac” en su barrio (una de las tantas villas del conurbano de la ciudad de Buenos Aires) lindantes con el conurbano bonaerense.
Semanas enteras sin dormir. Ansiedad grande. Abstinencia voraz. Casi ni hablaba. Su envejecimiento cognitivo era evidente en sus 17 años. No podía articular palabras ni recordar consignas.
Su padre había muerto por el uso de drogas y el Sida. Solo recordaba de èl la imagen en una sórdida cama en un Hospital público. Esa imagen lo perseguía ya que fue la única presencia vivida de una figura que necesita ser sustancial en la vida de un niño.
La madre estoica se alineó con nosotros como una verdadera garante de un tratamiento. Eso le pedimos y lo hizo. Tenía otro hermano de otra madre que fue “elegido” en el barrio como un “mutante” del consumo, un “nadie” vagando por las calles e incluso con armas en su poder. Anda, ahora, perdido por la vida. Se lo “tragó” el Triángulo de las Bermudas”.
Jorge durante un año y medio de tratamiento intensivo de no consumo, psicoterapia, grupos de prevención de recaídas, grupos de convivencia, reuniones familiares, asambleas multifamiliares, actividad física planificada y ligada también a la recuperación neurológica luego de tanta destrucción neuronal; fueron elementos salvíficos para la recuperación.
La madre los fines de semana cuando iba a su casa parecía funcionar como un “acompañante terapéutico” ya que al lado del departamento en torre que vivían se vendía drogas. La ida al almacén barrial era todo un recorrido de alta complejidad por la cantidad de vendedores o consumidores que se encontraban en el camino.
Así fue renaciendo y la comunidad terapéutica como “casa de vida “cumplió su función.
A su hermano se lo tragó el “Triangulo de las Bermudas” del barrio. Jorge, mientras tanto, pudo resucitar o sea el alma le volvió al cuerpo y se salvó (salud deriva de salvación). Fui conociendo a su novia, luego esposa y también a sus hijos a quienes traía como ofrenda de agradecimiento. Trabaja en un empleo legal y trae el pan -como decían los antiguos- “con el sudor de su frente”.
En un mensaje que me mandó me mostro la foto de sus dos hijos ya más grandes y decía que “no tuve padre, pero quiero darles a ellos un Padre”. Me emocione. Lo leí a las 7 de la mañana y le dediqué un abrazo y felicitación.
Aumentan el consumo de drogas y de pastillas tranquilizantes en esta época. Es la voz de la desesperación la que clama y la clínica de las soledades masivas resquebraja las diversas farmacias legales o ilegales existentes. Todo vale desde la bicicleta de reparto de comidas entre otras cosas hasta las ventas on-line.
El consumo de pastillas ansiolíticas aumento un 20 % en todo el mundo. Esto en estadísticas del mercado legal; pero todos sabemos que estos psicofármacos tienen un mercado ilegal enorme. Cuesta dormir, contener la ansiedad, “parar” y pensar, aceptar la realidad y por ende la frustración.
Al mismo tiempo sube el consumo de antidepresivos. ¿Como vencer esta neo-melancolia actual en donde la noción de futuro se angosta junto a las posibilidades de trabajo?
Las drogas se multiplican en la desesperanza o sea en la perdida de la esperanza, en las neo-melancolias en donde el “No-Futuro” flamea con fuerza. A su vez baja el índice de natalidad.
Seremos un país de gente de edad al fin, ya que no superan la cantidad de nacimientos el índice de reemplazo poblacional. Nos espera lo que se llama hoy un “invierno” demográfico. Menos activos para mantener a más pasivos. Ya muchos preanuncian que es necesario legislar la eutanasia como en algunos países de Europa.
Nos podemos preguntar si ya entramos en la era de la post-familia como preanuncian muchos en Europa en donde asistimos a la caída de la familia extensa (mediados del siglo XX), la crisis de la familia nuclear, la eclosión con dificultad de la familia monoparental y ahora multitud de hijos solos.
El hijo en la cultura judeocristiana es el signo de la promesa; porque ambas son religiones de la Promesa. Vendrá algo mejor en lo religioso: el Mesías y en lo terrenal la promesa es el hijo. Esto cayo como las Torres Gemelas por los 2000.
En la clínica actual vemos padres melancolizados e hijos que parecen sobrar, abandonados, carenciados e incluso sometidos a un “Pacto criminoso” de padres que en “Pactos de silencio” permiten avanzar los consumos y conductas destructivas.
La apuesta al individuo, lo financiero, los regímenes de signo autoritario, lo tecnológico y en las ilusiones terrestres fatuas llevan a la caída de las instancias culturales que sostienen al sujeto: familia, escuela, cultura barrial, creencias espirituales, el trabajo como transformación productiva. Todo “lo solido se desvanece en el aire” como decía Marx y se ilusionaba desde la cárcel Gramsci.
Pero frente a esto recordemos a Baudelaire que decía ante el panorama que se avecinaba como crisis de la esperanza y de la desesperación y por ende de todo proyecto humano:” …el mundo camina hacia su ruina, la única razón para su permanencia es su existencia efectiva”. Como un edificio que está en pie, pero en ruinas.
Lo presentía Unamuno y Kierkegaard, la poesía de Leopardi. La ilusión de la esperanza progresista del siglo XIX no se iba a poder sostener porque la mundanidad sin sustento no tiene futuro. La divinización del Hombre y de la Ciencia tenía patas cortas; en el siglo XIX empieza a desplomarse la esperanza progresista.
El “Triangulo de las Bermudas” que observamos en distintos lugares geográficos es el signo de una eutanasia social que se ejecuta como signo de la desesperanza. Las casas de vida son los lugares de un resguardo de la humanización. Se puede, pero como decía María Teresa de Calcuta “de a uno” …por ahora.