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Carlos Gardel y el documento que aparenta resolver la historia

Por Walter Santoro (*)

A propósito de la iniciativa de la Cámara de Representantes del Uruguay de declarar el 11 de diciembre como Día del Natalicio de Carlos Gardel, resulta interesante señalar que en la Argentina esa misma fecha fue instituida como Día Nacional del Tango, en homenaje a los nacimientos de Carlos Gardel y Julio De Caro.

Sin embargo, lo que se celebra no es solamente el nacimiento de dos figuras extraordinarias, sino aquello que ambas representan y ayudaron a construir: el tango, su legado y su profunda vinculación con la identidad de una sociedad.

Porque una sociedad también construye su identidad a través de sus expresiones culturales.

El tango nació de una historia colectiva, de encuentros, inmigraciones, barrios, lenguajes, músicas y experiencias compartidas que terminaron conformando una manera de sentir y de reconocernos.

Gardel y De Caro son protagonistas fundamentales de esa historia, pero el homenaje los trasciende: al celebrar el tango, celebramos una parte de nuestra memoria colectiva y de la identidad cultural que una sociedad construyó y transmitió de generación en generación.

Es decir, a partir de la fecha del nacimiento de dos figuras fundamentales, se eligió homenajear algo mucho más amplio: el legado que dejaron y la cultura de la que fueron protagonistas.

Considero que esa mirada resulta mucho más enriquecedora, porque no se detiene únicamente en dónde o cuándo nació una persona, sino en aquello que hizo con su vida y en lo que esa vida significó para millones de personas.

Dicho esto, desde la Fundación Internacional Carlos Gardel vemos como positivo todo aquello que contribuya a celebrar, homenajear y mantener viva la figura de Carlos Gardel. Su dimensión artística y cultural trasciende fronteras y constituye, por su enorme significación, un patrimonio de toda la región y del mundo.

En ese sentido, recibimos con respeto la iniciativa impulsada en Uruguay para conmemorar cada 11 de diciembre. Sin embargo, creemos que hubiera sido mucho más enriquecedor declarar esa fecha como el Día de la Gesta de Carlos Gardel, antes que establecer oficialmente su natalicio a partir de la interpretación de un documento que, si bien reviste indudable importancia histórica, requiere ser analizado dentro de un contexto documental mucho más amplio.

El registro realizado por Carlos Gardel ante el Consulado uruguayo en Buenos Aires existe desde 1920, y su autenticidad como documento consular no está en discusión.

Lo que entendemos que no corresponde es transformar automáticamente su contenido en una conclusión histórica definitiva, sin estudiar las circunstancias que llevaron a Gardel, que hasta entonces atravesaba una compleja situación documental, a construir de esa manera una nueva identidad jurídica.

Tampoco se trata de un documento desconocido para la investigación gardeliana.

La documentación uruguaya de Gardel y los datos contenidos en ella fueron estudiados y publicados hace décadas, entre otros, por el periodista e investigador uruguayo Erasmo Silva Cabrera, conocido como Avlis, quien ya los abordaba en sus trabajos de la década de 1960.

Por eso, el verdadero interrogante no debería limitarse a determinar qué declaró Gardel en 1920, algo que el documento permite conocer, sino avanzar sobre preguntas mucho más profundas: ¿por qué lo declaró?, ¿bajo qué marco jurídico pudo hacerlo? y ¿qué situación personal y documental necesitaba resolver en aquel momento de su vida?

Responder seriamente estos interrogantes exige reconstruir el contexto legal de la época, estudiar la normativa consular vigente, analizar la documentación anterior y posterior y confrontar las distintas fuentes disponibles. Un documento histórico adquiere su verdadero significado cuando se comprende el contexto en el que fue producido.

La búsqueda de la identidad es una necesidad profundamente humana. Todos intentamos comprender de dónde venimos, cuáles son nuestras raíces y qué circunstancias contribuyeron a construir aquello que somos. Pero esa misma necesidad de encontrar respuestas no nos habilita a fraccionar la vida de una persona, tomando determinados documentos, declaraciones o episodios de manera aislada para hacerlos encajar en una conclusión previamente elegida.

La identidad de Carlos Gardel, como la de cualquier ser humano, debe ser comprendida a partir del conjunto de su historia y de las circunstancias que atravesó. Investigar no consiste en seleccionar las piezas que confirman una hipótesis, sino en reunirlas todas, incluso aquellas que puedan contradecirla, y tratar de comprender por qué existen.

Esta responsabilidad adquiere una dimensión todavía mayor cuando hablamos de figuras que forman parte de la identidad cultural de una sociedad. La identidad de un país también se construye a partir de su historia, de su memoria colectiva, de sus expresiones culturales y de aquellas figuras en las que una comunidad se reconoce y se proyecta ante el mundo.

Por eso, cuando una investigación histórica se fragmenta, se descontextualiza o se fuerza para sostener una conclusión determinada, el daño no se limita a la biografía de una persona: puede afectar profundamente la manera en que una sociedad comprende y transmite su propia historia y, por lo tanto, una parte de su propia identidad.

En el caso de Carlos Gardel, esta responsabilidad es aún mayor porque su figura trasciende cualquier frontera nacional y forma parte de una identidad cultural rioplatense y latinoamericana. Precisamente por eso, ningún país necesita modificar, omitir o acomodar una parte de su historia para reivindicarlo como propio.

La historia de Gardel merece ser investigada completa, aun cuando sus documentos nos obliguen a revisar certezas sostenidas durante décadas.

La Fundación viene trabajando desde hace tiempo precisamente en esa dirección. No pretendemos anticipar conclusiones ni alimentar una disputa entre argentinos, uruguayos y franceses. Nuestro objetivo es reconstruir documentalmente los hechos y comprender las decisiones que tomó el propio Gardel.

Creemos que antes de finalizar el año estaremos en condiciones de presentar públicamente el resultado de esta investigación, acompañado por la documentación y los antecedentes correspondientes, con la expectativa de aportar elementos que permitan finalmente esclarecer una discusión que lleva décadas.

Mientras tanto, quizá valga la pena volver la mirada hacia lo verdaderamente extraordinario.

El 11 de diciembre puede ser mucho más que una discusión acerca de dónde nació Carlos Gardel. Puede ser la oportunidad de celebrar la gesta de aquel hombre que, desde orígenes humildes, construyó una carrera extraordinaria, llevó el tango al mundo y se convirtió en uno de los grandes símbolos culturales del Río de la Plata.

Porque el lugar de nacimiento forma parte de la historia de una persona. Pero la gesta de Carlos Gardel explica por qué, más de noventa años después de su muerte, seguimos hablando de él.

Y quizá ese sea también el principio que debe guiarnos en esta investigación:

La historia no debería construirse para que un argumento cierre; el argumento debe construirse a partir de lo que la historia y sus documentos permitan demostrar.

(*) Presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel